Archive for Junio, 2005

Deja de mentir

Sábado, Junio 25th, 2005

Ya no más mentiras

Deja tras la herida

Que te hizo ser infeliz

No cuentes historias

No te inventes que pasó

Si en lo más profundo

reconoces el dolor

De haber perdido todo

Por no darle su valor

Se acabó, lo nuestro se acabó

Aunque me caigan lágrimas de amor

que se escapan sin querer

No quisiera repetir

No provoques mi inquietud

Que en mi vida, hoy, sobras tu

Ves lo que has perdido?

Aunque hiciste amigos

Solo estabas tu, solo tu

Por que no lo pensaste?

Si es que el pensar no es tu virtud

Por mas que intente que cambiaras tu actitud

No escuchabas nada

Solo te escuchabas tu

El Gesto de la Muerte.

Martes, Junio 14th, 2005

El gesto de la muerte

Jean Cocteau

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

FIN

 www.ciudadseva.com

Los amantes.

Martes, Junio 14th, 2005

Juan Rodolfo WilcockHarux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas.

 Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.

La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.

Nota.  Autor: Ea Pozoblock [eapozoblock@yahoo.com.mx], en www.ciudadseva.com.

De la Caja de Pandora (I).

Lunes, Junio 13th, 2005

Cuatro velas se estaban consumiendo tranquilamente. El ambiente estaba tan silencioso que se podía oír el diálogo entre ellas.

La primera dice: “¡Yo, soy la Paz! A pesar de mi luz, las personas no consiguen mantenerme encendida.”

Y disminuyendo su llama, se apagó totalmente.

La segunda dice: “¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas. Porque ellas no quieren saber de Dios, por eso no tiene sentido continuar quemándome.”

Al terminar sus palabras, un viento se abatió sobre ella, y ésta se apagó.

En voz baja y triste la tercera vela se manifestó: “¡Yo soy el Amor! No tengo más fuerzas que quemar. Las personas me dejan de lado porque solo consiguen manifestarme para ellas mismas; se olvidan hasta de aquellas que están a su alrededor.”

… Y también se apagó.

De repente entró una niña y vio las tres velas apagadas. Y dijo: “¿Qué es esto? ¡Ustedes deben estar encendidas y consumirse hasta el final!”

Entonces, la cuarta vela, habló: “No tengas miedo niña, ¡mientras yo esté encendida, podemos encender las otras velas!”

Entonces la niña tomó la vela de la esperanza y encendió las que estaban apagadas.