(Nueva colaboración de Grace Nehmad)
Escurres la pesadez de la existencia.
Ni una ventana abierta
consigue animarte…
Alargas las sombras del ser
en la carne elástica que te sostiene.
Así, no hay solución.
(Nueva colaboración de Grace Nehmad)
Escurres la pesadez de la existencia.
Ni una ventana abierta
consigue animarte…
Alargas las sombras del ser
en la carne elástica que te sostiene.
Así, no hay solución.
—Ruth Beraja—
En la antigua Palestina, en el medio del desierto, se estaba creando un nuevo pueblo, hacía ya dos años de su existencia.
Como periodista israelí de un diario no muy conocido cargué un pequeño bolso y los fui a entrevistar.
Me recibieron como si me conocieran desde hace tiempo. La gente se acercaba, me besaba y abrazaba. Llegué con mi auto viejo y me di cuenta que el mío era el único motor en el pueblo.
La gente caminaba, corría, andaba en bicicleta. Miré a mí alrededor y vi sólo arenas, muchas carpas y ropas tendidas en cables que se colgaban de una carpa a la otra.
Me sorprendió el silencio y las sonrisas en la cara de la gente.
Una vez instalada en la pieza de lona que prepararon especialmente para mí, tomé mi anotador, mi cámara de fotos y comencé a caminar sin ningún rumbo. Cuando me ofrecieron guiarme, les dije que prefería recorrer el lugar sola.
Llegué a un centro de compras, se veía como una feria gigante, la gente estaba sentada mirando a la nada. Me acerqué a ver unas artesanías que atraparon mis ojos y acto seguido pregunté cuánto salía, ese hermoso cuadro.
La mujer se sonrío y me dijo: - Aquí no se usa la plata.- ¡Ah! ¿Y cómo se paga?- No se paga. - No entiendo. - El que necesita algo deja alguna pertenencia suya y eso es todo.- ¿Me queréis decir que si yo quiero este cuadro, te dejo. mi reloj y me voy?- Exacto. - Gracias. Le contesté y seguí caminando, no quería deshacerme de mi reloj y muchas pertenencias no tenían. Me senté en lo que sería para nosotros un bar, un par de troncos de árbol, hacían de mesas y unos almohadones de sillas. Saqué mi libreta dispuesta a escribir un fiel retrato del lugar pero antes de empezar vino un hombre de unos 45 años, que tenía una pequeña pelada y una trenza larga que le llegaba hasta la mitad de la espalda y me preguntó que quería tomar, pedí un vaso de agua. Me lo trajo y se sentó sin que lo invite.
- ¿Qué es lo que venís a buscar aquí?- Nada en especial. Escuché sobre la existencia de este pueblo y me pareció interesante escribir algo acerca del lugar y su gente. - Lo interesante aquí es vivir. Observándonos desde afuera no verás ni un cuarto de la esencia del lugar.- Bueno. En principio vine por tiempo indeterminado. ¿En que se diferencian ustedes de la gente que vive a unos pocos kilómetros?- En nuestro pueblo, no hay contaminación, se puede decir de ningún tipo. - Parece sencillo. ¿Por qué te parece que no adoptan vuestro ejemplo los vecinos?- Porque tendrían que renunciar al poder, a sus expectativas del otro, a la ambición y hasta a la comodidad. Deberían afrontar el frío, el dolor cuando uno enferma y por sobre todo tendrían que aprender a vivir solos. - ¿Solos? - Si, no me refiero a que no hay familias, amigos, pero cada uno vive en su espacio. Te hablo del espacio energético. Los padres no esperan nada de sus hijos y lo mismo pasa entre amigos y parejas. - ¿Cómo pueden convivir así?- En armonía. - ¿Y qué pasa con la educación? ¿No hay escuela en este pueblo?- No. Pero hay carpas en las que se realizan distintas investigaciones. En general, las mayores, comienzan por la simple curiosidad de los niños. - Tenemos muchos libros, material de desecho que traemos todos los días de los pueblos vecinos.- Pero. ¿Y los chicos cómo aprenden?- De la vida. Preguntan y aprenden. Piden que les leamos, y aprenden, observan y aprenden.- Y, aparatos eléctricos ¿Usan?- Los mínimos indispensables.
Me quedé en ese pueblo un tiempo indefinido, ya que no llevé reloj, finalmente lo cambié por unos jabones aromáticos y otros productos naturales.
Pero una noche mientras dormía una voz me habló y se que no era de nadie del pueblo. Me dijo que debía regresar a Israel y publicar mi artículo sobre mi experiencia. Me dio una mano, que yo no pude rechazar y sobrevolando por todas las tierras de Israel me dijo que observase bien las distintas formas de vida y luego lo publicase.
Amanecí en el escritorio de la redacción y frente a mi había muchos periodistas interesados en escuchar mi experiencia.
Yo intenté hablar pero en ese momento mi voz no salió, como si me la hubiesen robado durante aquél sueño. Escribí un cartel inmenso que decía. Perdí la voz, escuché los cuchicheos de todos y empecé a teclear lo que había vivido en ese tiempo, pero cada letra que tecleaba se borraba ni bien escribía la próxima, probé de hacerlo a mano y me resultó.
Escribí sin parar sobre la pureza de esa gente, la sinceridad, la inteligencia superior e inclusive el desarrollo del sexto sentido por sobre cualquier otro. Le pedí a una compañera que lo imprima y lo publique pero de la única manera que pudo salir a la luz, fue escrito a mano, con mi letra. Esa noche cuando al dormir aparecí en aquél pueblo otra vez, entendí que aparte de todo lo que había vivido , a la gente le pasaban todo tipo de fenómenos metafísicos y extraños y por sobre todo pude descifrar el nombre del pueblo: Vydev, su significado era, vivir y dejar vivir.
La realidad es que no anduvimos muy bien hasta que la fotografía se implantó. Después, las películas, a principios del siglo XX. Radio. Las cosas empezaron a adquirir masa.
Montag permaneció sentado en la cama, inmóvil.
-
Y como tenían masa, se hicieron más sencillas –prosiguió diciendo Beatty-. En cierta época, los libros atraían a alguna gente, aquí, allí, por doquier. Podían permitirse ser diferentes. El mundo era ancho. Pero, luego, el mundo se llenó de ojos, de codos y de bocas. Población doble, triple, cuádruple. Films y radios, revistas, libros, fueron adquiriendo un bajo nivel, una especie de vulgar uniformidad. ¿Me sigues?
-Creo que sí.
Beatty contempló la bocanada de hum0 que acababa de lanzar.
-Imagínalo. El hombre del siglo XIX con sus caballos, sus perros, sus coches, sus lentos desplazamientos. Luego, en el siglo XX, acelera la cámara. Los libros, más breves, condensaciones. Resúmenes. Todo se reduce a la anécdota, al final brusco.
-Brusco final – dijo Mildred, asintiendo.
-Los clásicos reducidos a una emisión radiofónica de quince minutos. Después, vueltos a reducir para llenar una lectura de dos minutos. Por fin, convertidos en diez o doce líneas en un diccionario. Claro está, exagero. Los diccionarios únicamente servían para buscar referencias. Pero eran muchos los que sólo sabían de Hamlet (estoy seguro de que conocerás el título, Montag. Es probable que, para usted, sólo constituya una especie de rumor, señora Montag), sólo sabían, como digo, de Hamlet lo que había en una condensación de una página en un libro que afirmaba: Ahora, podrá leer por fin todos los clásicos. Manténgase al mismo nivel que sus vecinos. ¿Te das cuenta? Salir de la guardería infantil para ir a la Universidad y regresar a la guardería. Ésta ha sido la formación intelectual de los últimos cinco siglos o más.
(…)
-Acelera la proyección, Montag, aprisa. ¿Clic?¿Película? Mira, Ojo, Ahora, Adelante, Aquí, Allí, Aprisa, Ritmo, Arriba, Abajo, Dentro, Fuera, Por qué, Cómo, Quién, Qué, Dónde, ¿Eh? ¡Oh! ¡Bang! ¡Zas!, Golpe, Bing, Bong, ¡Bum!. Selecciones de Selecciones. ¿Política? ¡Una columna, dos frases, un titular! Luego, en pleno aire, todo desaparece. La mente del hombre gira tan aprisa a impulsos de los editores, explotadores, locutores, que la fuerza centrífuga elimina todo pensamiento innecesario, origen de una pérdida de valioso tiempo.
(…)
-Los años de Universidad se acortan, la disciplina se relaja, la Filosofía, la Historia y el lenguaje se abandonan, el idioma y su pronunciación son gradualmente descuidados. Por último, casi completamente ignorados. La vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y tuercas?
(…)
-El cierre de cremallera desplaza al botón y el hombre ya no dispone de todo ese tiempo para pensar mientras se viste, una hora filosófica y, por lo tanto, una hora de melancolía.
(…)
-La vida se convierte en una gran carrera, Montag. Todo se hace aprisa, de cualquier modo.
-De cualquier modo.-repitió Mildred, tirando de la almohada.
-¡Por amor de Dios, déjame tranquilo!-gritó Montag, apasionadamente.
(….)
-Ah.-Beatty se inclinó hacia delante entre la débil neblina producida por su pipa-¿Qué es más fácil de explicar y más lógico? Como las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra >, claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme a lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente >, que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú, Montag. Y eso soy yo.
(…)
-(…) ¿Qué queremos en esta nación, por encima de todo? La gente quiere ser feliz, ¿no es así? ¿No lo has estado oyendo?….
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Páginas 64 a 69 de Fahrenheit 451, Ray Bradbury. Plaza & Janes Editores.1993.
Regresó a la ciudad, asustado y silencioso, y se
metió en su habitación. “¿Cómo será el infierno?”
se dijo. Se sentó en la cama y como pudo se
quitó las botas.
H. G. Wells
Goethe. (de las últimas manifestaciones de vida espiritual inmediatamente anteriores a
la muerte):
“Al fin de la vida, pensamientos hasta entonces no pensados surgen claramente del espíritu; son como genios dichosos que se posan deslumbrantes en las cimas del pasado.”
Ninguna memoria humana ni ninguna sombra viven en realidad sino mientras son aún de verdad queridas para cualquier ser viviente sobre la tierra.
El felino habitante de la ciudad. Poco domesticado. Mas habituado al instinto. Ronda por los techos y algunos tejados. Y cuando baja, lo hace para cruzar la calle. Y parecería admirable verlo en la acera.
Sus ojos son hologramas por las noches. Algunas veces miran fríos, o despreciativos, incluso altaneros. Pupilas en raya y también Pupilas grandes que llenan hasta ennegrecerlos, no mienten.
Oyen rock, pop y Chopin Wagner no los inquieta. Sus censores en forma de orejas saben de mis paso enmedio del tráfico.
Hijos de Isis. Aun conservan sus poses. Rinden tributos a Morfeo. No abrazan sueños ajenos.
Son el espíritu libre de los escritores –diría de los creadores…-. Mantienen toda su forma de ser. Y por poca leche ronronean con gusto.
Negros, “¡Uy, qué mala suerte!” para los otros; “ son unos interesados…”, sí, por eso te hago caso; “ …son unos inútiles”, yo tampoco sirvo como idiota.
Si un Stradivari esta hecho con sus pelos no lo quiero cerca. Sus bigotes detectan mentiras.
Prefiero, entonces, el chasquido de sus colmillos molestos. A veces, dan la sensación de que hablan. En realidad nos están imitando, no quieren aprender a hablarnos, mejor sigamos entendiéndonos así.
¿Sangre fría? ¿Traidores? ¿Odiosos? Es parte de su fama en todos nuestros tiempos. Hemos olvidado que somos hermanos en el reino; y convencidos de nuestra superioridad, seguimos hablando de ellos, desde el Edén.