Todo lo que dura tiene su fin. La durabilidad o la continuidad existen a partir del tiempo, y en cambio, la permanencia es intemporal. Nada permanece; todo tiene que cambiar, morir y acabar. El deseo de continuidad, salvación y eternidad para después de la muerte, es ilusorio. Tenemos que morir y no nos percataremos de la muerte, pues la muerte no duele. Solamente nos atemoriza el hecho de no estar en el mundo. Pero no estábamos antes en el mundo, y por ende, no estábamos atemorizados. Por ello, para no temer es necesario vivir.