“Yo te hablaré con maneras corteses, aunque se que solo eres un esqueleto, y guardaré tu secreto propicio alas cabelleras y a las mieses”.
(Himno a la luna en Lunario Sentimental, Leopoldo Lugones).
“Yo te hablaré con maneras corteses, aunque se que solo eres un esqueleto, y guardaré tu secreto propicio alas cabelleras y a las mieses”.
(Himno a la luna en Lunario Sentimental, Leopoldo Lugones).
Madre contenta.
Durante años pueriles hubo siempre, a pesar de las mudanzas, un compañero inseparable de mis juegos, vivamente recuerdo cuando pase junto a un espejo.
En ese entonces, me saludaba y escondía de esa otra niña. Era ajeno, pero madre lo prestaba: amplio, de cuerpo entero, colgado usualmente en la sala y yo me recreaba. Y lo mismo en él de la abuela; un día, hice ‘caras y gestos’, abuela reprendió:”deja de hacerlo, porque sí te responde, no te gustara”, obedecí más por la abuela que por lo dicho ¿cómo me haría daño mi amigo?
Después, la creciente vanidad. A diario no reconocía a quien saludaba, sin embargo, mis manos bastaron para tocarme.
Luego, mi gato predilecto rompió el penúltimo de madre. “No debe estar así en la casa…” dijo, y mi padre se llevó -así como traía espejos-, ese espejo enmarcado en dorado me abandonó. ¿Le lloré?. No lo recuerdo.
Mudanzas. Desde hace cuatro casa nos acompaña un espejo octagonal y ocupa el centro de la casa: juego poco con él, pero dice la verdad y después una sonrisa, ‘por fuera hermosa y por dentro, terrible’, reza en mis ojos.
En casa de padre habìa un espejo rectangular, de cuerpo medio, sin marco, colgado antes de su cama; al desmontarla, preguntó ¿Lo quieres?… Llévatelo, es tuyo. Llego el momento, quise desde antes mi propio gran espejo, prohibido pedirlo, pero sí ofrecerme. Lo único que tenía fueron mi constante irritación al calor y las horas. Cruce el norte de la ciudad, en metro, en la tarde, solo yo y mi espejo.
En casa lo desnude de los periódicos que impidieron curiosos. Mí espejo. Quedó oblicuo a una ventana, su presencia da más luz y espacio a la habitación donde esta un pedazo de mi mundo.
Cuando deambuló despeirta en casa, lo giro y observa, a diario saludo a un mujer distinta, hermosa por fuera, terrible por dentro, reza. Sin mi presencia, se cierra e impide otros reflejos; y en las noches, no duerme, rumea porque permite el sueños de los durmientes en tanto que sólo descansa en la pared.
Ya puedo disputar el puesto de la ancianaa reina bruja.
Lo admito: estoy obsesionada con el cambio. No tengo miedo ante él, lo acepto y disfruto, a veces, con sus consecuencias positivas y/o beneficiosas, y otras son negativas y/o perjudiciales, sea para mi o los demás.
Después de un cambio existe un shock, sea tan breve que no respiramos por ese momento o tan largo como una semana, en la que sufrimos los tentaderos de defensa (racionalización, etc.); si transcurrido este tiempo no asimiliamos la idea de un cambio, ya no es un shock, sin la total Negación.
Ayer fue un día especialmente con desconciertos. Desde la hora de salir de casa- regrese vairas veces buscanco mis llaves, despidiéndome <<otra vez>> de mis hermanos, tarareando el opening de Star Wars, en fin, el que mucho se despide…- hasta que me dejaron plantada ¡Qué ganas de mandar a todo mundo al carajo!, evidentemente me fui a dormir refunfuñando, sólo Kirara con sus merodeos amortiguó mi sueño, ni siquiera cumpli con mi insomnio, apague todas las alarmas y desperte tarde pero de buenas.
¿Qué ocurrio ayer? Atravesé la ciudad así como mis pensamientos. No confiarme ciegamente a personas o situaciones. Recordar mis temores sin nombrarlos. Acepte que esty haciendo la mayoría de las cosas mal y estaba indiferente: sí tenía sed podia saciarla o no, pero no hacía nada… Quisiera decir Borrón y cuenta nueva, tan neúrotica como soy, prefiero dejar los antecedentes evitando repetir -no obsecadamente- la lección.
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<>Los entresijos de la ópera y el apasionante a la vez que miserable mundo de sus estrellas son el tema central de esta ópera, encargada de levantar el telón de la nueva temporada del Teatro Real. Jesús López Cobos y Christof Loy se ponen al frente de esta producción de la Royal Opera House londinense.
Nació, a principios del siglo XX, como un “divertimento musical” para las representaciones de El burgués gentilhombre, de Moliére, pero acabó convirtiéndose en una ópera con vida propia. Hoy, esta obra a la que Richard Strauss puso la música y Hugo von Hofmannsthal el libreto, es uno de los títulos más originales y más aplaudidos del repertorio operístico internacional.
El Teatro Real ha escogido esta ópera en un acto precedida por un prólogo -considerado por algunos lo mejor del espectáculo- para abrir su temporada lírica. La dirección musical la asume Jesús López Cobos y de la parte escénica se encarga Christof Loy. La voz la ponen 17 solistas, entre los que destacan nombres como Anne Schawanewilms -la soprano que sustituyó a Deborah Voight cuando ésta fue apartada por exceso de peso del montaje de esta ópera en el Covent Garden-, Joyce DiDonato, Anja Kampe, Diana Damrau, Richard Marginson o Robert Brubaker. En cuanto a la música, un conjunto de 37 músicos hacen que el foso suene como si fuera una gran orquesta.
Lo que ocurre entre bambalinas
Un burgués convertido en “nuevo rico” pretende montar un espectáculo de ópera, pero exige a sus artistas que recorten escenas y se conformen con una miseria de sueldo. Este es el punto de partida. A partir de aquí, la primera parte del montaje nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en el apasionante y oscuro mundo de los artistas, en el backstage. La segunda parte es una ópera neoclásica, resultado del trabajo realizado por los personajes del prólogo.
DATOS DE INTERÉS
Ariadna en Naxos
Días 27, 29 y 30 de septiembre y 2, 4, 5, 7, 8, 10, 12, 14 y 15 de octubre
Teatro Real
Plaza de Oriente, s/n
Teléfono: (+34) 91 516 06 60
Metro: Ópera (L2 y L5)
Autobús: 3, 25, 39, 148, 500
Horario: a las 20:00 horas, excepto los domingos, que es a las 18:00 horas
Precio de entradas: De 6,40 a 244 €
Ventas de entradas: taquillas, venta telefónica (902 24 48 48 ) y en www.teatro-real.com
Lo ví. Ójala hubiera sido un sueño, así al menos no lo contaría. Mientras los otros ascendían alados, él prefiere tocar el suelo con los pies. Quieto, nada rizado. Por ese momento no viví. Exploro este cuerpo mediante mis ojos. Ahora, algo inunda los días. Él con El Eterno; yo, concebida mortal. Nada imposible. La próxima vez que llegue con su calor, tiene de dos: llevarme o quedarse. Pero no basta una mirada para renunciar al cielo; ni su sonrisa para abandonar el intermedio. El paraíso pronto. Amén.
Busca a Dios, mientras pueda ser hallado.(Isaias)
LA SOMBRA DEL ALA
Amado Nervo.
Tú que piensas que no creo
cuando argüimos los dos,
no imaginas mi deseo,
mi sed, mi hambre de Dios;
ni has escuchado mi grito
desesperante, que puebla
la entraña de la tiniebla
invocando al Infinito;
ni ves a mi pensamiento,
que empañado en producir
ideal, suele sufrir
torturas de alumbramiento.
Si mi espíritu infecundo
tu fertilidad tuviese,
forjado ya un cielo hubiese
para completar su mundo.
Pero di, qué esfuerzo cabe
en un alma sin bandera
que lleva por dondequiera
tu torturador quién sabe!;
que vive ayuna de fe
y, con tenaz heroísmo,
va pidiendo a cada abismo
y a cada noche un ¿por qué?
De todas suertes, me escuda
mi sed de investigación,
mi ansia de Dios, honda y muda;
y hay más amor en mi duda
que en tu tibia afirmación.
POEMA 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.