Para ti, que no te gusta el chocolate,
pero sabes disfrutarlo.
La noche siempre llega, aunque no nos demos cuenta, o no queremos o no sabemos, o no recordamos. Pero siempre la noche.
Ambos en la vida ¿Cuánto tiempo de vernos?. Y hablamos de nosotros y entre nosotros, con todo y juegos; a pesar de otras vocas, nuestras platicas estan aquí, y ha pasado tanto, pero poco de ello puede hacer daño y prefiero tu abrazo.
“Ey, sucedió esto, aquello y lo demás…”. Don’t worry. “Agua pasada”. No me sueltes, que tropiezo y aunque en el suelo, tu mirada espera.
De repente, ¡zas!, un beso, sí, lo hice, ¡oh sí!, mejor de lo que imagine. Existía la teoría, refutadisíma ahora: mucho más cálido, (no lo sabes) dulce, y -sin duda- hermoso. (Venga otro chocolate).
Le robaste color a la noche y quedó en tu piel, y sí, por favor, se reventó un tempano en la mía.
Estaban las frases y no sobraron, tampoco faltaron, las vertientes del romanticismo (y del rosa) inundan estas palabras. Una repetición (Qué aún queda chocolate).
Todos los lugares del mundo, y no, alguien se alteraría. Ahora pienso en esas túpidas pestañas entrecerrando tus ojos (envidia, las mías no, pero tengo chocolate), y el palpitar en tu pecho. Dejame tocar. Hay en la vida que disfrutarte.
Fue todo y más. Es todo y más. Something about us.
El común: hijos de la luna, maldecidos con no llorar, ojos fieros, renegados, hermosos y poderosos, felinos, el día. Ven que te beso (Ya no hay chocolate, bien, en realidad era pretexto).
Hay más por decir. Algo tiembla en mi. Trust… Aún en este mundo horrible y hermoso.
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PS. También soñe. Pronto nos veremos. (¡qué se repita!, no, mejor… otra vez)