Archive for the ‘Cuentos’ Category

El Limosnerito

Jueves, Junio 21st, 2007

Uso el colectivo tanto que ya los choferes de la ruta hacia casa me conocen, qué bueno, porque es peligroso andar así de sola en esta ciudad, si, sé que el intento de asalto fue hace más de medio año y yo tengo algún temor no que me roben, sino que me maten. Hace dos semanas lo note.

No más alto que yo, oliendo siempre a sudor y a la ciudad -ni preguntar donde anda-, ropa raída, mirada desorbitada y diciendo “un peso, un pesito para un taco…”, no sé con que se ha drogado (como duele ese palabra) y si, temo que él me mate. Yo y mis paranoias. Ya se sube sin pedir permiso, ya se larga dejando su ‘tufo’, por mi… ¡qué se largue, qué nunca más vuelva por rumbo a mi casa!, y vienen a mi tantas ideas macabras- de esas que pienso y cuando las digo, hasta mis amigos se callan y seguro piden que no lo vuelva a hacer-.

Otra vez al bus, $2.50 después y un asiento vacío -exceso de damas- y yo en el camino a no sé cómo llegar pero si sé dónde. Y se sube. Algo de pánico oculto,- supongo que igual sienten las vacas cuando las harán carne molida y otros derivados-, cada quien aprieta su bolsa (yo mi mochila, tengo tarea que entregar) y ‘baja la corte celestial’ dice mi abuela, ojala hoy no muera, que aun tengo que ver el final de la única telebasura que veo…

“Un pesito, un peso para un taco… un pesito, un peso… seño, deme un peso… regaleme un pesito…” y otra vez no me miro, nunca me ha mirado pero si me ha pedido, en fin. Cuando llega a la puerta que debe usarse para bajar grita: “¡Pinches miserables, aqui, yo tengo más dinero que todos ustedes juntos!” y avienta billetes y sigue gritando: “¡Pinches miserables…jaja…jaja.. eso es, recojan el dinero que no me dieron…jaja!”. Yo solo tome un peso, es lo que me hacia falta para mi regreso.

Pena máxima.

Jueves, Abril 12th, 2007

Por Víctor Manuel Azcárraga Fuentes

    Fue diferente al silencio vital,  a esa ausencia efímera que el orgasmo amoroso produce al unir todos los sabores con todos los aromas, los sonidos y todos los colores; porque entonces, el silencio que me aisló fue esa mortal eternidad durante la que todas las sensaciones enmudecieron desde el momento en que obedecí la señal hasta que me sacudió el silbatazo del árbitro que ordenó el saque de portería momentos antes de terminar el partido.

Ángel entre ángeles.

Viernes, Febrero 16th, 2007

Lo ví. Ójala hubiera sido un sueño, así al menos no lo contaría. Mientras los otros ascendían alados, él prefiere tocar el suelo con los pies. Quieto, nada rizado. Por ese momento no viví. Exploro este cuerpo mediante mis ojos. Ahora, algo inunda los días. Él con El Eterno; yo, concebida mortal. Nada imposible. La próxima vez que llegue con su calor, tiene de dos: llevarme o quedarse. Pero no basta una mirada para renunciar al cielo; ni su sonrisa para abandonar el intermedio. El paraíso pronto. Amén.

El hilo.

Martes, Noviembre 8th, 2005

¡Se abrió la ventana!  Por ahí escape. Enfrenté un mundo donde esta todo y nada.  Me encontré a mí mismo. Otros vieron en  mi;  alguien análogo a ellos  y otros marcaron sus discrepancias con respecto al universo.

 

Cuando aconteció el corto circuito, me encontraba saltando otra ventana  y entonces; en un instante,  me fui esfumando. El Internet se colapsó y conocí el abismo; donde tal vez, un día vuelva a resurgir.

Fantino Clímaco
Escrito 112
30 de julio del 05
23:58 horas
fantinoclimaco@yahoo.com.mx

El Pueblo de Vydevy.

Jueves, Octubre 27th, 2005

—Ruth Beraja— 

En la antigua Palestina, en el medio del desierto, se estaba creando un nuevo pueblo, hacía ya dos años de su existencia.  

Como periodista israelí de un diario no muy conocido cargué un pequeño bolso y los fui a entrevistar.  

Me recibieron como si me conocieran desde hace tiempo. La gente se acercaba, me besaba y abrazaba. Llegué con mi auto viejo y me di cuenta que el mío era el único motor en el pueblo. 

La gente caminaba, corría, andaba en bicicleta. Miré a mí alrededor y vi sólo arenas, muchas carpas y ropas tendidas en cables que se colgaban de una carpa a la otra.  

Me sorprendió el silencio y las sonrisas en la cara de la gente.  

Una vez instalada en la pieza de lona que prepararon especialmente para mí, tomé mi anotador, mi cámara de fotos y comencé a caminar sin ningún rumbo. Cuando me ofrecieron guiarme, les dije que prefería recorrer el lugar sola.  

 Llegué a un centro de compras, se veía como una feria gigante, la gente estaba sentada mirando a la nada. Me acerqué a ver unas artesanías que atraparon mis ojos y acto seguido pregunté cuánto salía, ese hermoso cuadro.  

 La mujer se sonrío y me dijo: - Aquí no se usa la plata.- ¡Ah!  ¿Y cómo se paga?-  No se paga. -  No entiendo. -  El que necesita algo deja alguna pertenencia suya y eso es todo.- ¿Me queréis decir que si yo quiero este cuadro, te dejo. mi reloj y me voy?- Exacto. - Gracias. Le contesté y seguí caminando, no quería deshacerme de mi reloj y muchas pertenencias no tenían.  Me senté en lo que sería para nosotros un bar, un par de troncos de árbol, hacían de mesas y unos almohadones de sillas.  Saqué mi libreta dispuesta a escribir un fiel retrato del lugar pero antes de empezar vino un hombre de unos 45 años, que tenía una pequeña pelada y una trenza larga que le llegaba hasta la mitad de la espalda y me preguntó que quería tomar, pedí un vaso de agua. Me lo trajo y se sentó sin que lo invite. 

-  ¿Qué es lo que venís a buscar aquí?-  Nada en especial. Escuché sobre la existencia de este pueblo y me pareció interesante escribir algo acerca del lugar y su gente. -  Lo interesante aquí es vivir. Observándonos desde afuera no verás ni un cuarto de la esencia del lugar.-  Bueno. En principio vine por tiempo indeterminado. ¿En que se diferencian ustedes de la gente que vive a unos pocos kilómetros?-  En nuestro pueblo, no hay contaminación, se puede decir de ningún tipo. -  Parece sencillo. ¿Por qué te parece que no adoptan vuestro ejemplo los vecinos?-  Porque tendrían que renunciar al poder, a sus expectativas del otro, a la ambición y hasta a la comodidad. Deberían afrontar el frío, el dolor cuando uno enferma y por sobre todo tendrían que aprender a vivir solos. -  ¿Solos? -  Si, no me refiero a que no hay familias, amigos, pero cada uno vive en su espacio. Te hablo del espacio energético. Los padres no esperan nada de sus hijos y lo mismo pasa entre amigos y parejas. -  ¿Cómo pueden convivir así?-  En armonía. -  ¿Y qué pasa con la educación? ¿No hay escuela en este pueblo?-  No. Pero hay carpas en las que se realizan distintas investigaciones. En general, las mayores, comienzan por la simple curiosidad de los niños. -  Tenemos muchos libros, material de desecho que traemos todos los días de los pueblos vecinos.-  Pero. ¿Y los chicos cómo aprenden?-  De la vida. Preguntan y aprenden. Piden que les leamos, y aprenden, observan y aprenden.-  Y, aparatos eléctricos ¿Usan?-   Los mínimos indispensables.  

 Me quedé en ese pueblo un tiempo indefinido, ya que no llevé reloj, finalmente lo cambié por unos jabones aromáticos y otros productos naturales.  

 Pero una noche mientras dormía una voz me habló y se que no era de nadie del pueblo. Me dijo que debía regresar a Israel y publicar mi artículo sobre mi experiencia. Me dio una mano, que yo no pude rechazar y sobrevolando por todas las tierras de Israel me dijo que observase bien las distintas formas de vida y luego lo publicase.  

 Amanecí en el escritorio de la redacción y frente a mi había muchos periodistas interesados en escuchar mi experiencia.  

 Yo intenté hablar pero en ese momento mi voz no salió, como si me la hubiesen robado durante aquél sueño. Escribí un cartel inmenso que decía. Perdí la voz, escuché los cuchicheos de todos y empecé a teclear lo que había vivido en ese tiempo, pero cada letra que tecleaba se borraba ni bien escribía la próxima, probé de hacerlo a mano y me resultó.  

 Escribí sin parar sobre la pureza de esa gente, la sinceridad, la inteligencia superior e inclusive el desarrollo del sexto sentido por sobre cualquier otro.  Le pedí a una compañera que lo imprima y lo publique pero de la única manera que pudo salir a la luz, fue escrito a mano, con mi letra. Esa noche cuando al dormir aparecí en aquél pueblo otra vez, entendí que aparte de todo lo que había vivido , a la gente le pasaban todo tipo de fenómenos metafísicos y extraños y por sobre todo pude descifrar el nombre del pueblo: Vydev, su significado era, vivir y dejar vivir.     

-No es confusión.-

Jueves, Octubre 20th, 2005

Era  un hombre que soñó que era mariposa;

y cuando despertó no sabía

si era un hombre o un mariposa que

se había soñado hombre.

 Cuento japonés.

Balbuceo

Domingo, Julio 10th, 2005

Cuando dos seres se aman, pero no hablan el mismo idioma. Uno de ellos habla los dos, pero el segundo idioma muy imperfectamente. Eso basta para que se amen recíprocamente. Pero el que conoce los dos idiomas muere, y dice sus últimas palabras en su lengua nativa, que el otro es incapaz de comprender. Y éste busca, busca…

De un libro de Albert Camus.