Archive for the ‘Urbanitas’ Category

Remate de Libros. DF. Junio

Sábado, Junio 21st, 2008

2º GRAN REMATE DE LIBROS. ¡SALVA UN LIBRO!

La Secretaría de Cultura y el Auditorio Nacional organizan a través de la Coordinación del Programa de Fomento a la Lectura ‘Para leer en Libertad’ la 2a Venta de bodega de libros de remate. Compra un libro para que siga existiendo, en lugar de que se tenga que destruir.

La Industria Editorial tiene sus bodegas llenas de libros que han pasado por venta, rebajas y saldos. No tiene cómo deshacerse de ellos ya que se le prohíbe donarlos o regalarlos a menos que paguen impuestos por los mismos. Además de costarles el almacenamiento tienen que pagar como activos fiscales. Por tal motivo algunas editoriales se ven en la necesidad de triturarlos (otras no).

La Secretaría de Cultura del GDF, para evitar esta práctica tan terrible decidió hacer una gran venta de bodega de donde pongan los libros a precio de remate. Con esto estaremos ayudando a las Editoriales y también a los lectores a comprar libros a bajísimo precio: Planeta, Alfaguara, FCE, etc.

Esto se llevará a cabo en el Auditorio Nacional, del martes 24 al domingo 29 de junio de 2008, de 11:00 a 19:00 horas. ENTRADA LIBRE

Tal vez encuentre el libro de sus sueños, o tal vez el libro que creían perdido y que jamàs en la vida iban a volver a ver.

Lluvia cae sobre mi…

Martes, Mayo 22nd, 2007

Antes cumplirse catorce horas en este bendito día, llovió. Y poco puedo quejarme de la lluvia, me agrada brincar aun en los charcos -y humedecer los pantalones de los demás-, el penetrante olor a piso y tierra mojada que se levanta, ver como la mayoría corre para no empaparse -y a mi que solo me preocupa que no se arruinen mis cuadernos y que las gafas no se empañen tanto (deberían tener limpiaparabrisas automaticos…)-, pero algo es cierto: el agua exige sus caminos, por eso invade aquí y allá, por ejemplo, algunas gotas navegan por mis mejillas y usualmente caen en mis antebrazos, inundan mis uñas y eso no me molesta porque yo prefiero no correr y seguir sintiendola, y es mejor si puedo compartirla.

Por el incierto tiempo….

Domingo, Marzo 18th, 2007

No sé porque no me extraña. Merecido lo tengo. —-grrr– A dos meses de su inauguración , hay estoy, recorriéndola, conociéndola, y luego fila para que me dieran la credencial correspondiente (que tardo casi un mes, ya que nunca me encontraban en el número local que di y luego otro tanto para que me tomaran la foto), y si muy contenta de tenerla y mejor aún de usarla.  

Ya es como otro hogar para mí. Y ahora esto. Claro, sí es por mi bien lo acepto, pero no ahora que estoy tan negada. Menos de un año y quiere tronar. Ayer que me enteré, luego luego a buscar respuestas. “Fíjate en la pagina de CONACULTA, yo no te sabría decir cuando reanudaremos servicios…”. Lo admito: no es la más grande, le faltan libros – ¿a qué librería y biblioteca no?-, si, es el chata más grande que conozco, y si, iba casi cinco veces a la semana, me gusta la estructura y el espacio que ocupa; si Kemish, es bastante bulliciosa, pero sólo en los espacios para las computadoras, además es muy cerca de Avenida de los Insurgentes, y teniendo en cuenta que los sábados es el Tianguis Cultural del Chopo; aha, digo loser a quien no la conoce, porque ¿cómo no conocer la grandilocuencia? 

Veo el comunicado de prensa, y recorro la biblioteca, esperando volver a ella. Si confió en lo anunciado, pero hay que poner algunas cosas en contexto: muchos libros están mal etiquetados y otros siguen en proceso; pocos ejemplares para préstamo externo (ya sabes la biblioteca se debe quedar con el 75% para la estantería, pero si hay 5 ejemplares, nunca saldrán el uno, dos o tres); libros que nunca creí ni pensé ver (ahora sé que Frank Hebert escribió toda una saga al respecto –Dios Emperador Dune, Dune, El Mesías de Dune, Herejes de Dune  e Hijos de Dune-); muchos prestadores de servicios tienen la sabida actitud burocrática mexicana, aha! y pugnas entre ellos, pues no todos estudiaron (o estudian) biblioteconomía o es bibliotecario y hay que saber agradecer la actitud de servicio de otros varios de ellos; tampoco, han abierto los jardines botánicos, solo pueden admirarse desde el cuarto piso a través de las ventanas; te prestan una computadora para que puedas desde jugar hasta chatear, hit point: he salido muy beneficiada al respecto; la mayoría de los usuarios somos o bachilleres o universitarios (me refiero a los usuarios voluntarios, porque recién inaugurada algunas escuelas –ignoro si publicas o no-, ‘enviaron’ a los alumnos a obtener la credencial…-), sabemos lo que hay y ya he encontrado varias molestias entre quienes vagan por dicho lugar.  Tal vez si hubiera alguien atinado que dijera que en cierto tiempo (un mes, dos, seis…) se reanuda el servicio, a lo mejor estaría conforme. Si, esta bien, que será esto y aquello, pero si es un proyecto debería de tener un plazo, al menos una fecha tentativa. No es que ame ciegamente el lugar. Por eso estoy ‘vomitando’. 

Si, estoy molesta. No solo por el no poder leer libros que no conozco, el Internet gratis y mi estancia en tan agradable sitio. Sino, que una vez más, se muestra que las cosas hechas con las ‘patas’ son algo constante entre los mexicanos.

“A falta de pan…

Martes, Enero 30th, 2007

…. ya ni tortillas.

(Las tortillas en mi vida; o, las tortillas y yo.)

Fue en este mes, claro Enero y nuestra cuesta, con sólo casi dos pesos (de los nuevos de aquellos noventas…) de incremento al salario minimo, cincuenta centavos al litro de leche Liconsa (por no mencionar otras marcas) y menos de 200 mil plazas de empleos, bien, solo faltaban las tortillas, los bolillos cuestan desde 80 centavos en los autoservicios hasta en 1.85 pesos en lugares que prefiero no mencionar.

Aún recuerdo mi primer lúcido encuentro con las tortillas. Seguramente las comía desde antes, pero vividamente a los siete años las recuerdo. Para entonces, mi dieta era carne, dulces y huevos, nada de frijoles, ni nopales, ni pescados, ni tortillas, influenciada por tantas películas domingueras del cine de oro mexicano que eran costumbre en casa de la abuela materna los domingos me negaba a alguno de los anteriores, y cuando no, a regañadientes, si, para complacer a mis padres.

No recuerdo bien donde estaban las tortillerias alrededor de casa, bueno, con algunas mudanzas en la infancia, no puedo hacerlo. Pero, sí la de la casa de la abuela, que fue por casi treinta y tantos años puerto de toda la familia. Aún esta ahí, no así la casa de Doña María. “En la calle de atrás”, decía mi abuela, refiriéndose a una de las calles que conecta Avenida de los Cien Metros y Vallejo, los límites entre Azcapotzalco y Gustavo A. Madero, y que desde entonces empezo a ser calle de pequeñas empresas (Fox, diría, changarros), tiendas de abarrotes, verdulerias, tintorerias y demás que se necesitan en una colonia, no sólo convirtiendola en popular, sino muy comercial. En esa calle estaba y sigue estando la tortillería.

La tortillería de Silvia, que antes era una moza morenisima, cabellos chinos y largos y siempre amable. ’La Flama’, es el nominativo del negocio, ignoro si es suyo o sigue de empleada, ahora de encargada, es la única mujer que trabaja ahí pero se trae corto a los molineros, cargadores y otros que son compañeros de trabajo. Sólo sé esto de ella, pero Silvia sabe quienes son mis hermanos y demás parientes, sus pláticas con mamá no me extrañan.

Fue un lunes cuando compre un kilo y pague 8 pesos. En la noche, los noticieros espantaban con que las tortillas y los mexicanos ya no sería igual la relación. Martes. Y con Silvia, las tortillas a 10 pesos el kilo, ese día ví personas que compraban sólo tres cuartos de kilo. Recorde cuando mi abuela o madre mandaban a mi hermano o cuando luego me dignaba a acompañar hasta por cuatro kilos, por la razón que les mencione. 40 centavos contaba un kilo de tortillas, o un viaje en el Ruta 100 o en el Trolebus o un boleto de Metro, que entonces eran rosas con sus franja cafe.

Supe que se vendían las tortillas hasta en 15 pesos el kilogramo. 15 bolillos en una panadería de conveniencia y esto eran lo mismo. Aparte la leche. Y el salarío que no sube.

Después el honroso hombre del que dicen es el presidente del país, logró un acuerdo para estabilizar el precio de la tortilla, 8.50 pesos es el tope, ante abusos a PROFECO (que sólo emite llamadas de atención, es algo puramente administrativo, pero sé que una de esas y puede tirar el prestigio del negocio); en los autoservicios, a 6 pesos, mientras, algunos se aprovechan la situación para regalar un kilo de tortillas.

Hace poco leí que es tal la molestia por el incremento en algunas poblaciones, que se agrede a los que trabajan en las tortillerias. Como si sólo ellos tuvieran la culpa. Pero también, que en algún lugar se venden las tortillas a 7 pesos el kilo, y es porque la dueña del negocio compra directamente a productores mexicanos el maíz, ella lo procesa y vende las tortillas. ¿Redituable, no?Mucho mejor que importar maíz al precio que sea.

Urbanidades.

Martes, Noviembre 8th, 2005

Como mala ciudadana, buena habitante y -sin calificativo- persona, es un gusto recorrer ciertas calles – y avenidas, edificios, parques, museos, restaurantes, estaciones de colectivos… y lo que exista en esta ciudad- y resumir lo que ví/sentí/pensé en esos momentos tan ‘citadinos’… además de que últimamente, me he perdido en este vaivén al grado que reconozco mi ignorancia de la ciudad donde vivo/convivo/habito…. por tanto, será enmienda, conocerla y aceptarla, evidentemente, con sus críticas -por algo se inicia…-.

Hoy odie el Metro.

Martes, Septiembre 27th, 2005

 

Corrección: a las personas que usan el servicio del metro.

 Para mi, fue nuevo el metro. Tenia unos diez años cuando lo use por primera vez: teníamos que ir a casa de la abuela paterna papá y yo, porque hubo controversia familiar y fue mejor que solo fueran dos soldados y no el batallón….total, él no tenía auto-justo en ese momento..- y lo seguí – además, no nací en auto y menos espero que en uno lleven mi cadáver-.

 Recuerdo un tanto de esa ocasión. Preguntaba si íbamos en un gusano que conocía la ciudad, cómo era posible que tantas personas fueran a el mismo lugar, qué si no se cansaban de ir algunos de pie, qué por qué otros estaban sentados, qué para que se detenía, quién lo conducía, hacia dónde iba y de dónde venía, que para qué eran los boletos… y de seguro otras cosas que ocurrieron en ese momento, además de mi incipiente curiosidad -¡OH si!, mis padres tienen una hija [no sólo bella y carismática...] así-. Desde ese viaje, me entusiasmaba viajar de manera ‘asquerosa’,- diría mi abuela, quien utilizo el metro tres veces en su vida, aunque reconozco que hay personas que diario piensan así y no les queda de otra [ya sea por necesidad o necedad; de lo primero, no me burlo, incluso me pasa, en cuanto a lo segundo, existen taxis, microbuses y autobuses o planes de autofinanciamiento ... pobres, ja!-.

 Ya después, mis viajes en el metro fueron ocasionales –papá tenia auto,  las escuelas estaban cerca, no era tan Santa María [casi] todo el mundo (sobrenombre impuesto por mi abuela materna por aquello que ‘me volví vaga’..), etc…-. Hasta la entrada al bachillerato.

 Entonces, también podía pedir que fueran por mi –ya saben la niña de papá no debía andar sola..-, pero gracias a mi obstinación y de que ya era justo empezar a ser tan valiente como decía que era –de hecho hoy soy más fuerte que ello- a los pocos días de entrar al Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Vallejo –que en adelante, abreviaré CCH- regresé a casa en metro, claro acompañaba por dos nuevas amigas que hice. Y así fue casi diario, solo el regreso, para ir, usaba un microbús que convenientemente pasaba en la esquina de mi casa y podía darme el lujo de despertarme tarde y llegar en punto –no a punto, ¿eh?- de iniciar las clases, ¡ja!.

 Ahora, con el honroso titulo otorgado y mejor puesto, sigo usando el metro, ya que si cumple eso de bueno, bonito y barato… esto último si, claro, en otras partes cuesta hasta 20 nuevos pesos –denominación usada, parece, desde hace diez años- y todavía por 2 pesos muchos quieren hasta regalos y descuentos… ok, sabemos que este precio es permitido por empresarios para que sus trabajadores – los que no tienen auto y demás- lleguen en tiempo –claro, sigan mexicanos con su puntualidad, con eso de que llegamos [lo admito] a punto, si, pero de que la otra persona se vaya- a su jornada. Además no contamina más el medio ambiente, -ese que de por si ya estaba bastante sucio [ese es tema de otra ocasión]-, y con él puedes llegar o al menos acercarte a cualquier punto de esta inmensa ciudad.

 Bien, esta fue parte de una defensa al metro – y breve explicación para quienes dicen [sabe a quien me refiero] que a todas nos gustaría andar en auto, ¡siempre!-. Ahora, les diré que odie –en realidad, no tanto,-  mas bien, me irrite por las actitudes de esas personas: de mala gana, algunos sin bañarse, algunos arreglándose-con todo y una expulsión de legaña [si, escribí bien, es le-ga-ña]- y otras anexas, que por favor imagínenlas….Y lo peor de todo: en una estación fui –al igual que otras personas- sumergida hasta las ventanas, casi hecha una con un pasamanos, embate que ocurrió otras dos veces pero ya no con la misma intensidad –si, Dios existe!!-. Afortunadamente, tiempo tenia de sobra y mis tacones no eran incómodos.