Traduzco dos excelentes artículos sobre el tema. El primero publicado en The Economist y el segundo en VoxEU.org, del Centro para la Investigación sobre Política Económica. Los enlaces al original están en el título de cada artículo.
Default settings
(The Economist, 31/03/2010)
*El título es un juego de palabras: “default” es “impago” , y “default settings” es “configuración de fábrica” o “configuración por defecto”, en este caso algo así como “impagos por defecto”.
Los impagos soberanos no suelen conducir a la catástrofe económica. ¿Cuánto consuelo debería dar eso?
En diciembre de 2001, Argentina no pagó 81.800 millones de dólares de deuda soberana, tras meses de turbulencias en el sistema bancario del país. Esto condujo al abandono de su régimen de tipo de cambio y a una fuerte devaluación del peso. El PIB de Argentina se hundió un 10.9% ese año. Desde entonces se la ha dejado fuera del mercado internacional de capitales. En Grecia estos relatos tienen ahora una preocupante resonancia. A pesar de haber conseguido 6.700 millones en el Mercado de bonos el 29 de marzo, la envergadura de las necesidades financieras del país implican que no puede descartarse un impago final. Tanto el déficit presupuestario de Grecia de 2009, del 12.7% del PIB, como su ratio deuda-PIB del 113.4% son mayores que las correspondientes cifras de cualquiera de las soberanías con impagos entre 1998 y 2001. Si sucediera lo peor, ¿cuánto daño se sufriría a consecuencia de ello?
En teoría, un impago debería resultar costoso. El daño que produce es el principal incentivo para que los países deudores cumplan sus promesas. A pesar de eso hay claramente muchas ocasiones en las que los gobiernos estiman que los beneficios del impago superan a los costes. Un estudio del FMI de Eduardo Borensztein y Ugo Panizza cuenta hasta 257 impagos soberanos entre 1824 y 2004. Entre 1981 y 1990 hubo 74 impagos (ver gráfico).

De hecho, la evidencia sugiere que los castigos de los impagos son a menudo menos severos que los impuestos a Argentina. Su experiencia de ser expulsado de los mercados internacionales de capitales no es típica, por ejemplo. Al menos en los años recientes, los países con impagos han sido capaces de retornar a los mercados una vez completaron la reestructuración de su deuda. El drama de Argentina procede parcialmente del hecho de que tan solo ahora, más de ocho años después de su impago, se acerca a un acuerdo final con sus acreedores (ver artículo).
El impago afecta al coste de los fondos del país. Un estudio de 2006 de un trío de economistas del Banco de Inglaterra encontró que los países con impagos entre 1970 y 2000 tenían tanto un diferencial mayor en sus bonos como una calificación crediticia menor en 2003-05, que los países con igual ratio deuda-PIB pero que no habían impagado. En su estudio, Messrs Borensztein y Panizza muestran que el impago se asocia a una rebaja de la calificación crediticia de casi dos escalones. Utilizando datos de 1972-2000, también encuentran saltos importantes en el diferencial de los bonos tras un impago. En el primer año los diferenciales se amplían de media en 4 puntos porcentuales [400 puntos básicos]. Este coste adicional desciende a 2,5 puntos porcentuales [250 puntos básicos] el año siguiente. Estas cifras pueden subestimar el daño, sin embargo: como muestra el caso de Grecia, las preocupaciones sobre un impago son suficientes por sí mismas para producir un extenso periodo con altos diferenciales.
Dicho lo cual, los mercados parecen tener poca memoria. Tan sólo los impagos más recientes importan y los efectos en los diferenciales son de corta duración. Messrs Borensztein y Panizza encuentran que las calificaciones crediticias entre 1999 y 2002 estaban afectadas sólo por los impagos desde 1995. Encuentran que los impagos no tienen un efecto significativo en el diferencial de los bonos tras el segundo año. Esto cuadra con una investigación anterior de Barry Eichengreen y Richard Portes, que, estudiando los bonos emitidos en los años 20, también encontraron que los impagos recientes resultaban en mayors diferenciales, pero los más distantes no tenían efecto.
Los intentos de medir los costes económicos más amplios del impago llegan a una conclusión similar. Messrs Borensztein y Panizza encuentran que un país con impago crece 1,2 puntos porcentuales menos por año [el artículo divulgativo de Borensztein y Paniza que traduzco a continuación habla de 2,5 puntos porcentuales] mientras su deuda se está reestructurando, comparado con un país similar que no ha impagado. Este efecto se concentra también en el primer año tras el impago. Una vez más, medir con posterioridad al impago subestima de algún modo el daño: los impagos tienden a ocurrir durante recesiones, de modo que el PIB está ya deprimido cuando un país incumple.
Los países cuya deuda no se reestructura cargan con un castigo mayor y más persistente. El estudio del Banco de Inglaterra encontró que las pérdidas de producción eran más de tres veces mayores para países que no habían conseguido alcanzar un acuerdo con sus acreedores que para morosos cuya deuda había sido reestructurada. Los detalles de la reestructuración también importan. El diferencial de los bonos era típicamente mayor en países, como Ecuador, cuyos acreedores fueron forzados a aceptar grandes pérdidas de principal, que aquellos, como Paquistán o Ucrania, donde los “recortes” fueron menos severos.
Los impagos soberanos no afectan únicamente a los gobiernos de los países que no cumplen sus promesas. Otro estudio del FMI encuentra que los impagos conducen a un descenso del 40% en el crédito externo a empresas privadas del país incumplidor. Incuso países que no impagan se ven afectados a veces. En el periodo subsiguiente a la crisis de deuda de los 80, por ejemplo, el crédito a los países en vías de desarrollo en su conjunto (incluyendo a los que no impagaron) se secó. Otros países ricos con sus finanzas públicas en tension podrían tener también mucho de lo que preocuparse si Grecia impaga.
Esta vez realmente podría ser diferente
Grecia no se puede permitir ser confiada. El ejemplo de Argentina muestra que los promedios enmascaran una gran variabilidad. Y hay varias razones para pensar que la experiencia de Grecia en caso de impago sería peor de lo habitual. La investigación académica se centra en los mercados emergentes porque es donde todos los impagos recientes han tenido lugar. El impacto de un impago griego, que sería el primero de un país rico desde la II Guerra Mundial, puede ser mayor. Si Grecia impaga, lo estaría haciendo cuando la economía global es aún débil, el crédito es escaso y otros prestatarios soberanos están demandando grandes cantidades de dinero. De modo que los mercados pueden ser menos cordiales de lo que los han encontrado otros incumplidores recientes. El uso del euro en Grecia también significa que no puede devaluarlo: eso implica que tendría que imponer recortes francamente altos a los acreedores y podría afrontar un aumento en su coste de financiación mayor que la media.
Hay otro elemento de los costes del impago que también puede alarmar a los políticos griegos. Messrs Borensztein y Panizza encuentran que el liderazgo politico cambió en el año del impago o en el año siguiente en la mitad de los 22 casos que estudiaron, lo cual es el doble de la probabilidad habitual de tal cambio. Estos costes politicos, al menos, es improbable que varíen.
El artículo referencia los siguientes estudios:
“The Costs of Sovereign Default”, by Eduardo Borensztein and Ugo Panizza. IMF working paper, October 2008
“Costs of Sovereign Default”, by Bianca De Paoli, Glenn Hoggarth and Victoria Saporta, Bank of England, July 2006
“Sovereign Default Risk and Private Sector Access to Capital in Emerging Markets”, by Udaibir Das, Michael Papaioannou, and Christopher Trebesch, IMF Working Paper, January 2010
“Crisis? What Crisis? Orderly Workouts for Sovereign Debtors”. Centre for Economic Policy Research, 1995.
Los costes del impago soberano: teoría y realidad
Eduardo Borensztein y Ugo Panizza (VoxEU.org, 6/05/2010)
Durante los últimos 50 años los impagos soberanos sólo incumbían a los países en vías de desarrollo. Los recientes aprietos de Grecia han ampliado el espectro del impago a un país con altos ingresos. Esta columna expone que en anteriores ocasiones la depreciación de los tipos de cambio ha ayudado a reducir los costes del impago y estimular la recuperación económica. Como parte de la Eurozona, Grecia podría pagar un gran coste si impaga.
La deuda soberana es diferente. Los contratos de deuda privados pueden hacerse cumplir en los tribunales y las sentencias de los tribunales cumplirse mediante el embargo de activos. Por el contrario, los acreedores de la deuda pública:
- Carecen de procedimientos para hacer cumplir los contratos de deuda soberana (en parte debido al principio de inmunidad soberana).
- Tienen derechos mal definidos sobre los activos soberanos, dado que no pueden embargar activos localizados dentro de las fronteras soberanas, y normalmente tienen un éxito limitado yendo contra actives localizados en el extranjero.
Si los contratos no pueden hacerse cumplir, entonces, ¿por qué los soberanos devuelven el dinero y los prestamistas prestan?
La respuesta natural del economista es que debe ser el caso que devolver el dinero es más barato que el impago (Dooley 2000). ¿Pero cuáles son los costes del impago? En un studio fundamental que inauguró la literatura sobre la deuda soberana, Eaton y Gersovitz (1981) se centraron en los costes reputacionales y mostraron que, bajo ciertas condiciones, la amenaza de una exclusion permanente de los mercados financieros es una condición suficiente para devolver el dinero. El trabajo posterior de Bulow y Rogoff (1989) enfatizó la posibilidad de sanciones comerciales. Cole y Kehoe (1998) mostraron que puede sostenerse una financiación postiva incluso si los acreedores no pueden castigar a los países que impagan. En esta clase de modelos teóricos los incentives para pagar vienen del hecho de que un impago revela información negative sobre el gobierno a otras contrapartes que están estableciendo relaciones comerciales con el gobierno que impaga (para una discusión detallada ver Panizza et al. 2009).
Midiendo los costes del impago
En un estudio reciente (Borensztein y Panizza 2009), atendimos a cuatro posibles costes del impago: pérdida reputacional, reducciones del comercio, costes para la economía nacional y costes políticos (Inter-American Development Bank 2006 proporciona una descripción detallada de episodios de impagos de los últimos doscientos años).
Comenzamos con los costes reputacionales y mostramos que los países que impagan, efectivamente, sufren en términos del acceso al mercado internacional de capitales. Los episodios de impago se asocian con una caída inmediata de la calificación crediticia y un salto en el diferencial soberano de aproximadamente 400 puntos básicos. Sin embargo, este efecto tiende a durar poco y desaparece entre 3 y 5 años después del impago.
Cuando atendemos a los costes comerciales, añadimos apoyo al resultado de Rose (2005) de que los episodios de impago se asocian a una caída del comercio bilateral, pero no hemos podido identificar el canal a través del cual el impago ha tenido ese efecto en el comercio. En un artículo acompañante (Borensztein y Panizza, de próxima publicación), encontramos también un efecto commercial utilizando datos a nivel de industria, pero, de nuevo, encontramos que los efectos tienden a durar poco, tan sólo dos o tres años.
Cuando exploramos los efectos del impago en el crecimiento del PIB, encontramos que, en promedio, los episodios de impago se asocian con un descenso del crecimiento de la producción de 2,5 puntos porcentuales en el año del impago. Sin embargo, no encontramos efectos significativos en el crecimiento en los años que siguen al impago. De hecho, los datos cuatrimestrales indican que las contracciones de la producción tienden a preceder al impago, y que la producción comienza a crecer después del trimestre en el que el impago ha tenido lugar (Levy et al., de próxima publicación). Esto sugiere que los efectos negativos de un impago en la producción probablemente son causados por la anticipación del impago.
Impagos retrasados
Mientras que los modelos económicos a menudo suelen asumir que los políticos tienen incentivos muy pronto o muy a menudo para no pagar, en el mundo real, los políticos y burócratas intentan en buena medida posponer lo que parece un impago inevitable. En el caso de Argentina, por ejemplo, incluso los banqueros de Wall Street tuvieron que convencer a las autoridades políticas de que aceptasen la realidad e iniciasen una reestructuración de su deuda (Blustein 2005).
Hay dos posibles razones para esta renuencia. La primera se refiere al hecho de que los episodios de impago parecen tener altos costes políticos. Encontramos que, en promedio, los gobiernos en los países que impagaron sufrieron un descenso de 16 puntos porcentuales en el apoyo electoral. También examinamos los cambios en los máximos responsables económicos y mostramos que en un año tranquilo dado hay una probabilidad del 19% de presenciar un cambio en el ministro de finanzas, pero después de un episodio de impago la probabilidad salta al 26%. La presencia de estos coste político tiene dos implicaciones. En el lado positivo, un alto coste político aumentaría la voluntad de pago del país y, por tanto, su nivel de deuda sostenible. En el lado negativo, impagos políticamente costosos podrían conducir a “apostar por la redención” y posiblemente aumentar los costes económicos finales si la apuesta no compensa y resulta en mayores costes económicos.
También es posible que los politicos pospongan el impago para asegurar que existe un consenso generalizado en el mercado de que la decisión es inevitable y no estratégica. Esto estaría en línea con el modelo de Grossman y Van Huyck (1988), según el cual los impagos “estratégicos” son muy costosos en términos reputacionales (y por ello casi nunca se dan en la práctica), mientras que los impagos “inevitables” acarrean una pérdida reputacional limitada en los mercados. Por tanto, eligiendo el menor de los dos males, los políticos pospondrían la inevitable decisión de no pagar para evitar un mayor coste reputacional, incluso a costa de un mayor coste económico durante el retraso. Si esta interpretación es correcta, una institución independiente que pueda dictaminar cuándo los países no pueden evitar una reestructuración de su deuda podría desempeñar un papel importante para reducir las pérdidas de peso muerto del impago.
¿Y Grecia?
La experiencia reciente sugiere que los costes económicos del impago pueden no ser tan grandes como comúnmente se piensa, y que la recuperación económica ha empezado a menudo pronto después del impago. Merece la pena destacar, sin embargo, que en todos los impagos estudiados en nuestro trabajo, la recuperación económica fue ayudada por una depreciación del tipo de cambio. Puesto que esta no parece ser una opción para los países que pertenecen a la Eurozona (por razones bien explicadas en Eichengreen 2007 [n. del tr. ver también esto]), Grecia podría pagar un alto coste si llega al impago. Por esta razón, esperamos que el plan de rescate lanzado el 2 de mayo funcione y que Grecia no se encuentre en la muestra analizada cuando actualicemos nuestro estudio de los costes del impago.
Referencias
Blustein, Paul (2005), And the Money Kept Rolling In (and Out): Wall Street, the IMF, and the Bankrupting of Argentina, Public Affairs, New York.
Borensztein, Eduardo and Ugo Panizza (2009), “The Costs of Sovereign Default”, IMF Staff Papers, 56:683-741.
Borensztein, Eduardo and Ugo Panizza, (2008), “Do Sovereign Defaults Hurt Exporters?”, Open Economies Review
Bulow, Jeremy and Kenneth Rogoff (1989), “A Constant Recontracting Model of Sovereign Debt”, Journal of Political Economy, 97:155-178.
Cole, Harold and Patrick Kehoe (1998), “Models of Sovereign Debt: Partial versus General Reputations”, International Economic Review, 39:55-70.
Dooley, Michael (2000), “International Financial Architecture and Strategic Default: Can Financial Crises be Less Painful?”, Carnegie-Rochester Conference Series on Public Policy, 53:361–377.
Eaton, Jonathan, and Mark Gersovitz (1981), “Debt with Potential Repudiation: Theoretical and Empirical Analysis”, Review of Economic Studies, 48:289-309.
Eichengreen, Barry (2007), “The euro: love it or leave it?”, VoxEU.org, 17 November.
Grossman, Herschel and John Van Huyck (1988), “Sovereign Debt as a Contingent Claim: Excusable Default, Repudiation, and Reputation”, American Economic Review, 78:1088–1097.
Inter-American Development Bank (2006). Living with Debt. Inter-American Development Bank and Harvard University Press.
Levy Yeyati, Eduardo and Ugo Panizza (forthcoming), “The Elusive Costs of Sovereign Default”, Journal of Development Economics.
Panizza, Ugo, Federico Sturzenegger, and Jeromin Zettelmeyer (2009), “The Economics and Law of Sovereign Debt and Default”, Journal of Economic Literature, 47:651-98.
Rose, Andrew (2005), “One Reason Countries Pay their Debts: Renegotiation and International Trade”, Journal of Development Economics, 77:189-206.