El Sol NO mitigará el calentamiento global

Marzo 10th, 2010 by cambioclimatico

Entre los muchos mitos del negacionismo de la ciencia climática está el que vaticina un próximo enfriamiento global provocado por una disminución de la actividad solar. Es difícil encontrar un artículo serio que mantenga una postura siquiera ligeramente parecida a esto. Lo más parecido sería Abdussamatov 2005, publicado en una revista marginal, donde se anticipa un mínimo solar similar al de Maunder para el año 2040. Nada dice el estudio sobre el impacto que ese hipotético mínimo solar tendría en la temperatura global, pues esto sería un ejercicio de modelización, ajena a la especialidad del autor. Sin embargo eso no le ha impedido vaticinar ese enfriamiento global de cara a la galería negacionista, fuera del ámbito científico.

Para empezar, ni siquiera somos capaces de predecir cómo se va a comportar el sol a corto plazo. A pesar de saber que la actividad solar presenta una oscilación cada (aproximadamente) 11 años, el Panel de Predicción del Ciclo Solar (con miembros de la NASA, la NOAA, la Sociedad Internacional de Energía Solar y otras representaciones internacionales), tras analizar todas las predicciones publicadas más las remitidas directamente al panel, presentaba estas dos posibles alternativas (las líneas rojas) para el próximo ciclo solar 24:

Que el propio panel resumía diciendo “el Panel de Predicción no ha sido capaz de resolver un número suficiente de cuestiones para alcanzar una única predicción consensuada para la amplitud del ciclo. Las deliberaciones del panel apoyaron dos posibles picos de amplitud”. Es más, ninguna de las dos predicciones fue demasiado acertada, puesto que el mínimo solar que esperaban para marzo de 2008, tuvo lugar a finales de ese año y se prolongó durante prácticamente todo el año 2009, habiéndose iniciado el nuevo ciclo 24 a finales de diciembre, y habiendo disfrutado por tanto de un mínimo histórico, nunca visto desde hace más de 100 años.

El ciclo solar empieza a ser predecible una vez que estamos bien entrados en el mismo (unos 3 años desde el mínimo de manchas solares (Hathaway, Wilson, and Reichmann Solar Physics; 151, 177 (1994))), y las predicciones a más largo plazo son mucho más difíciles. De hecho, Usoskin 2007 se centraba precisamente en el estudio de grandes mínimos solares como el de Maunder y encontraba que las variaciones solares vienen definidas por procesos caóticos, proyectando serias dudas sobre cualquier predicción de largo plazo. Básicamente venía a decir que el momento en que finalizará este máximo solar es aleatorio y, por tanto, cualquier predicción es problemática.

En todo caso, la pregunta más interesante es ¿qué sucedería si el sol se enfriase, llegando, digamos, a niveles como el del Mínimo de Maunder? Esto es un ejercicio de modelización, y no conozco de la existencia de ningún modelizador del clima que cuestione que el CO2 es y será el factor dominante del clima de este siglo. De entrada, ya sabemos que el impacto del aumento de gases de efecto invernadero supera ese forzamiento solar, puesto que la diferencia de frozamiento climático entre la actividad solar actual y durante el Mínimo de Maunder se estima de entre 0,17 W/m2 (Wang 2005) y 0,23 W/m2 (Krivova 2007). Sin embargo, el forzamiento del CO2 desde la época preindustrial es ya en la actualidad de 1,66 W/m2 (IPCC IE4) y va en aumento. 1,6 es mucho más que 0,2, y ese 1,6 continuará en aumento puesto que continuamos emitiendo gases de invernadero. En todo caso, el concreto estudio sobre el impacto futuro teniendo en cuenta también los posibles diferentes escenarios de emisiones, es este:

On the Effect of a New Grand Minimum of Solar Activity on the Future Climate on Earth
Feulner, G., and S. Rahmstorf (2010)
Geophys. Res. Lett., 37, L05707, doi:10.1029/2010GL042710

Cuyas conclusiones se resumen en este gráfico:

Los autores toman en consideración dos reconstrucciones de la irradiancia solar: una basada en testigos geológicos (berilio en núcleos de hielo), que indica una menor variación de la irradiancia solar, y otra basada en modelizar el flujo magnético solar, que muestra una mayor variación de la irradiancia. Modelizando el impcto de ambas en la temperatura, encuentran que la que muestra menor variación solar se ajusta mejor a las temperaturas reconstruidas de los últimos siglos, pero aún así utilizan las dos.

Las líneas de color rosa representan el escenario de emisiones A2 y las líneas rojas el escenario A1B. Este último es el que yo considero más plausible, en el que se implementan políticas de mitigación lentamente y las emisiones globales comienzan a descender hacia el año 2050 (más sobre los escenarios de emisiones aquí, aquí o aquí). En todo caso, sea roja o rosa, lo importante es la diferencia entre la línea continua, que representa la actividad solar en los mismos niveles que en la actualidad (que es lo que publicó el IPCC) y las líneas punteadas del mismo color, que representan los dos escenarios (con mayor o menor variabilidad) de mínimos solares. Como vemos, el aumento de gases de efecto invernadero supone un forzamiento tan fuerte que minimiza la influencia de la variabilidad solar, de modo que el impacto de un futuro hipotético mínimo solar similar al de Maunder sería insignicante.

*Este post está basado en este y este, publicados por John Cook en SkepticalScience.

El Sol NO es el causante del calentamiento global

Marzo 9th, 2010 by cambioclimatico

El sol es el gran favorito de los negacionistas del origen humano del actual cambio climático. Sin embargo lo cierto es que la actividad solar no ha tenido ningún aumento significativo desde mediados de siglo:

En rojo la actividad solar reconstruida por el Max Planck Institute (media móvil de 11 puntos), y en azul la temperatura global (índice tierra-océano del GISS de la NASA, también media móvil de 11 puntos). El efecto fundamental del sol tuvo lugar a principios de siglo, pero obsérvese que la temperatura aumenta antes que la actividad solar. Téngase en cuenta que esto es un mero ajuste estadísitico (al más puro estilo Scafetta), los verdaderos modelos climáticos tienen una base física y reproducen mejor la variación de temperaturas.

Los escépticos iniciaron su cruzada solar con el falso documental “El gran timo del calentamiento global” (The Great Global Warming Swindle), tergiversando el estudio de Usoskin et al 2005, del que sólo citaban que había una estrecha correlación entre actividad solar y temperatura global, y que el sol había estado más activo en los últimos 60 años que en cualquier momento de los últimos 1.150 años. Lo que no citaban es que ese mismo estudio concluía que “durante estos últimos 30 años ni la irradiancia solar total, ni la irradiancia solar UV, ni el flujo de rayos cósmicos han mostrado tendencia secular significativa alguna, de modo que al menos este episodio de calentamiento más reciente debe tener otra causa”. En otras palabras: el sol no puede explicar el reciente calentamiento global.

Todos los estudios que han estudiado la actividad solar han concluido que la aportación del sol al calentamiento reciente ha sido insignificante (Erlykin 2009, Benestad 2009, Lockwood 2008b, Lockwood 2008a, Lockwood 2007, Foukal 2006, Solanki 2004, Haigh 2003, Stott 2003, Solanki 2003, Lean 1999, Waple 1999, Frolich 1998, etc, etc…). Incluso Scafetta 2006 decía que  “desde 1.975 el calentamiento global ha global ha ocurrido mucho más rápido de lo que podría esperarse razonablemente tan solo del sol”.

En cualquier caso, Scafetta es el único científico que ha pretendido adscribir un papel relevante a la irradiancia solar en el calentamiento reciente. He aquí su cronología:

- Scafetta & West 2006a (pdf): sol responsable del 50 % del calentamiento desde 1900 (50 % que, de ser verdad, se hubiera producido fundamentalmente a principios de siglo, que es cuando la actividad solar aumentó de manera significativa). Comentado por los científicos de RealClimate aquí.

- Scafetta & West 2006b: sol responsable del 25-35% del calentamiento 1980-2000. Comentado por los científicos de RealClimate aquí.

- Scafetta & West 2007: sol responsable del 50 % del calentamiento desde 1900 Comentado por los científicos de RealClimate aquí (donde Rasmus Benestad dice “todavía pienso que esos primeros estudios tenían fallos muy serios y mostraban carencia de entendimiento científico”).

*Scafetta & West 2008 es un mero artículo de opinión que se remite al anterior Scafetta & West 2007. Replicado aquí y re-replicado aquí.

Su postura es absolutamente marginal o, lo que es lo mismo, sus argumentos no convencen a la comunidad científica. Los tres documentos fueron ampliamente criticados aquí:

Solar trends and global warming (pdf)
Benestad, R. E., and G. A. Schmidt (2009)
J. Geophys. Res., 114, D14101, doi:10.1029/2008JD011639

la incertidumbre en sus estimaciones que se ha publicado fue subestimada enromemente. En concreto, la asunción arbitraria de su sensibilidad de equilibrio (Zeq) tiene un impacto drástico en su atribución de los cambios del siglo XX al forzamiento solar. A continuación hemos mostrado que sus metodologías no eran capaces de recuperar la contribución solar en experimientos con modelos climáticos globales en los que la respuesta era conocida a priori. De hecho, hemos hallado que la presencia de variabilidad interna y forzamientos adicionales echan por tierra profundamente la precisión de su método. Incluso en casos mucho más simples, examinados aquí utilizando simulaciones de Monte Carlo de series temporales sintéticas, hemos hallado que sus diagnósticos tenían un rango muy amplio en ausencia de una señal verdadera, de modo que no pueden considerarse métricas robustas de la contribución solar.

Concluimos que, igual que con las metodologías de regresión lineal más simples descritas anteriormente, la metodología de Scafetta y Willson es altamente sensible a la variabilidad interna del sistema climático y a la presencia de tendencias lineales en diferentes forzamientos. Dado el aumento concomitante de los gases de efecto invernadero durante el s. XX, esto implica que las atribuciones que han publicado exageran enormemente el papel de las variaciones solares en las tendencias de temperatura media global.

Afirmaciones de que una fracción sustancial de las tendencias posteriores a 1980 pueden ser atribuidas a las variaciones solares carecen por tanto de fundamentos sólidos, y las tendencias relacionadas con el sol durante el último siglo difícilmente pueden haber sido mayores de 0.1 a 0.2 ºC.

Después vino:

- Scafetta 2009

Que viene a ser más de lo mismo: ajuste meramente estadístico ignorando las leyes físicas, utilización de la composición solar menos creíble e incluso utilización de datos sin corregir errores:

1. Ajuste meramente estadístico ignorando las leyes físicas: la tendencia de aumento de la irradiancia solar total (TSI) en ACRIM es de 0,1 W/m2 por década, que, aplicado a los 28 años de mediciones (1979-2006), supone un aumento en TSI de 0,31 W/m2 (conservando decimales). Para pasar la variación de TSI a forzamiento climático, hay que dividir entre 4 para dar cuenta de la geometría esférica de la tierra, y restar un 30 % para dar cuenta del albedo, lo cual arroja un forzamiento climático de 0,053 W/m2. La sensibilidad climática típica (incluyendo feedbacks) es de 0,75 ºC por cada 1 W/m2, lo cual supone que con el forzamiento climático del sol (0,053 W/m2) habría calentado 0,04 ºC, lo cual es una parte despreciable de los 0,47 ºC que nos hemos calentado en esos años.

Además, el ajuste estadístico de Scafetta implica que toda la variación de temperatura puede explicarse únicamente con el sol, para lo cual tiene que inflar artificialmente la señal solar aunque no corresponda con su magnitud física, puesto que sabemos que parte del calentamiento desde la Pequeña Edad del Hielo hasta el año 1900 se debe a reducción del forzamiento volcánico negativo (sobre 0,1 ºC) y al aumento de CO2 [de 275 a 300 ppm, lo que suponen 0,47 W/m2, esto es, 0,35 ºC utilizando la sensibilidad climática promedio (3ºC por 3,7 W/m2), si bien el equilibrio va con retraso y la respusta instantánea de transición suele ser de unos 2/3, de modo que para el año 1900 se habrían materializado] unos 0,24 ºC, con lo cual tenemos que sobre 0,34 ºC desde la PEH hasta 1900 serían volcánicos y por efecto invernadero, y según la reconstrucción de Moberg que utiliza Scafetta de la PEH a 1900 la temperatura habría aumentado menos de 0,4 ºC, con lo que sólo faltarían unos 0,05 ºC. Y, efectivamente, puesto que hay otros forzamientos que no son solares (gases de efecto invernadero y aerosoles), por eso el modelo estadístico de Scafetta no puede explicar cosas como que la temperatura suba antes que la actividad solar a principios de siglo o que descienda antes de que se estabilice la actividad solar a mtiad de siglo.

2. Utilización de la composición solar menos creíble e incluso utilización de datos sin corregir errores: para utilizar los datos de irradiancia solar total (TSI) medidos por satélite, antes hay que corregir los errores (de deriva, exposición solar, influencia a factores no climáticos…) y hay que calibrarlos porque la escala es diferente según las sucesivas misiones espaciales. La estimación más alta de la contribución solar que hace Scafetta (69 % desde 1900) utiliza una composición solar inexistente que consiste en una hipotética composición en la que no se corrigera ninguno de los errores conocidos. Su valoración del 50 % se basa en la composición del equipo ACRIM (al que él pertenece). La discusión técnica es compleja (la composición del PMOD corrige problemas en el satélite HF/Nimbus-7, lo que acerca su composición a las mediciones del satélite ERB, mientras que el equipo ACRIM confía en el primero en lugar del en el segundo, si bien, el hecho de que la ligera tendencia positiva en ACRIM se dé fundamentalmente en el hueco sin datos entre dos misiones, la hace bastante sospechosa). Pero en todo caso, (i) la diferencia de tendencia entre ACRIM y PMOD es pequeña (ver datos comparados con filtro de paso bajo y eliminando el ciclo de 11 años) y (ii) todos los proxies de actividad solar (manchas solares, flujo de radiación en 2800 MHz (10,7 cm), erupciones solares, radiación UV, magnetómetros en superficie, tendencias en la estratosfera…) han confirmado la composición del PMOD, que muestra una tendencia en la actividad solar ligeramente descendente en las últimas décadas.

*Otro favorito de la actividad solar son los rayos cósmicos, que es una hipótesis muy bonita para el mundo de las ideas, pero que está siendo descartada por todas las observaciones empíricas. A día de hoy no hay ninguna evidencia convincente de que los rayos cósmicos desempeñen un papel dominante en la determinación de la cubierta nubosa. La capacidad de esa ionización para formar núcleos de condensación (de vapor de agua) suficientemente grandes (en la atmósfera) no se ha podido demostrar. Por ejemplo, la gran ionización derivada del accidente de Chernóbil no produjo ningún aumento de la nubosidad. Asimismo, a pesar de que la radiación cósmica varía más en altas latitudes, no se observa sin embargo que haya más variación de la cubierta nubosa en las regiones polares. Incluso aunque se formaran núcleos suficientemente grandes, cuesta creer que llegaran a tener un efecto tan grande en la cantidad de nubes de nuestra atmósfera, que incluso en el aire limpio de los océanos tiene ya bastantes núcleos de condensación. Incluso aunque fuera así, el impacto de la variación de la cubierta nubosa sobre la temperatura no sería tan sencillo, puesto que, además de la altura, depende también de otros factores de la formación nubosa que no se han considerado. Incluso las correlaciones meramente estadísticas (que no implican causación) son problemáticas:  (1) todos los parámetros solares varían acoplados en fase con el ciclo solar, de modo que al hacer esta correlación estadística, en principio, lo mismo te daría hablar de rayos cósmicos que de TSI, por eso surge el problema de que (2) desde 1970 las temperaturas suben mientras que en la radiación cósmica no hay ninguna tendencia estadísticamente significativa (incluso la que hay, no significativa, creo que es de signo contrario; daría más frío); (3) desde 1991 tampoco hay correlación con la nubosidad baja; incluso la correlación con la nubosidad anterior a 1991 está cuestionada por problemas con los satélites; (4) Cuesta creer que la pequeña tendencia detectada desde 1958 (comienzo de las mediciones fiables) tenga tanto impacto en las temperaturas y sin embargo la enorme variación que se produce dentro del ciclo solar de 11 años (de hasta el 25%) no lo tenga, (5) cuesta explicar cómo suben más las temperaturas nocturnas si la explicación es el albedo. Todo esto, por supuesto, no ha impedido a Svensmark hacer una afrimación tan carente de fundamento como que su equipo “ha descubierto que los relativamente pocos rayos cósmicos que alcanzan el nivel del mar juegan un importante papel en la meteorología diaria. Ayudan a formar nubes bajas, que regulan en gran parte la temperatura de la Tierra en superficie”. Quien se crea tan afirmación quedará enormemente sorprendido cuando lea cualquier manual de climatología.

Trillando los hechos de las insinuaciones (II): surfacestations.org

Febrero 18th, 2010 by cambioclimatico

En los últimos capítulos hemos visto un par de ejemplos de cómo el movimiento negacionista es incapaz de distinguir los hechos de las insinuaciones (o, lo que es lo mismo, la realidad de la ficción) cuando descubrimos que:

(1) un puñado de árboles < apiñados en una pequeña zona < de una pequeña península < del norte de Siberia… comprometían por arte de magia todas las reconstrucciones globales de temperatura del último milenio, y no sólo eso, sino también cualquier ciencia que sustente el origen antropogénico del cambio climático.

(2) el cambio de ubicación de la mitad de las estaciones meteorológicas utilizadas en un estudio invalidaba el estudio por arte de magia y, no sólo eso, sino que también invalidaba todos los demás estudios que habían llegado a la misma conclusión sin utilizar esas estaciones.

Vamos a ver ahora un tercer ejemplo reciente.

Anthony Watts, cuyo mayor mérito en la materia consiste en haber sido el hombre del tiempo de un canal de televisión estadounidense (nota: meteorología y climatología son disciplinas muy distintas), estaba convencido de que el planeta no se ha calentado como indican las estaciones meteorológicas. La gente normal funciona sacando las conclusiones a partir de las evidencias, pero los negacionistas no son así; los negacionistas funcionan decidiendo primero las conclusiones y buscando o inventando después las evidencias en que apoyarlas. Dicho y hecho. En 2007, Anthony Watts fundó una página web llamada surfacestations.org para reclutar a un ejército de voluntarios que viajase por los EEUU obteniendo evidencias fotográficas de que todo el calentamiento global se debía a la ubicación de las estaciones meteorológicas junto a fuentes de calor.

650 voluntarios documentaron la ubicación del 70% de las estaciones (865 de 1.218) de la U.S. Historical Climatology Network del National Climatic Data Center, encontrando estaciones ubicadas cerca de ventiladores de aires acondicionados, de asfalto en aparcamientos o carreteras, sobre tejados o paredes que absorben y re-radian calor… Resultados que Anthony Watts reportó en un informe publicado por uno de esos centros negacionistas financiados por petroleras que no tienen a ningún climatólogo en sus filas (el Heartland Institute):

Is the U.S. Surface Temperature Record Reliable?
How do we know global warming is a problem if we can’t trust the U.S. temperature record?
Anthony Watts (2009)
SurfaceStations.org
The Heartland Institute

Ante unas fotos tan bonitas, y el enorme número de estaciones mal ubicadas (sobre el 90%), uno no puede evitar compartir la imaginación/insinuación de Watts de que

“9 de cada 10 estaciones probablemente están reportando temperaturas más altas o en aumento porque están mal situadas”

y concluir que

“el registro de temperatura de EEUU no es fiable. Y dado que el registro de EEUU es considerado el mejor del mundo, ello implica que la base de datos global probablmente está igualmente comprometida y no es fiable”

Y, por supueto, que

“Las conclusiones y recomendaciones de estas organizaciones científicas y políticas altamente respetadas e influyentes [NASA, NCDC, CDIAC, CRU, IPCC] están ahora en tela de juicio.”

Imaginación, como no, reportada alegremente por los incondicionales habituales.

¿Qué más da que el mismo calentamiento se haya medido también por satélite, que allá donde no hay estaciones mal ubicadas (océanos) también haya calentamiento, que se estén derritiendo los glaciares en todo el mundo, que los polos estén perdiendo hielo, que las especies tanto animales como vegetales estén migrando hacia latitudes y alturas más frías, que aumente el nivel del mar por dilatación térmica o que se esté expandiendo el cinturón tropical de altas presiones al tiempo que retroceden hacia los polos las corrientes en chorro?

Y sobre todo, ¿qué más da que Anthony Watts no haya hecho absolutamente ningún análisis de los datos? ¿Qué más da que ni siquiera se haya molestado en mirar lo que indican las estaciones bien ubicadas, más fiables?  Un informe tan vacío como el de Watts jamás se hubiera admitido en ninguna revista con revisión de expertos, porque sus conclusiones/insinuaciones no se apoyan en ningún análisis real. El verdadero trabajo se ha hecho en un estudio, como no, peer-reviewed dirigido por Matthew Menne, del National Climatic Data Center de la NOAA:

On the reliability of the U.S. Surface Temperature Record (pdf)
Menne, M. J., C. N. Williams, and M. A. Palecki (2010)
J. Geophys. Res., doi:10.1029/2009JD013094, in press (accepted 7 January 2010)

Pues bien, lo que encuentra el estudio es que las estaciones mal ubicadas, efectivamente, tienen un sesgo, sin embargo el sesgo es de signo opuesto al imaginado por los negacionistas: es un sesgo de enfriamiento. Es decir: las estaciones ”buenas” registran que el calentamiento es mayor que el registrado por las estaciones mal ubicadas:

En rojo los datos de las mal ubicadas y en negro el de las bien ubicadas. En temperaturas mínimas (abajo) las estaciones mal ubicadas sí dan un mayor calentamiento (+0,03 ºC), pero muy ligeramente, siendo superado por el menor calentamiento que dan en cuanto a temperaturas máximas (arriba) (-0,14 ºC) y obteniéndose así, como efecto neto, que las estaciones mal ubicadas están distorsionando la tendencia de las estaciones “buenas” en el sentido de enfriarla. Justamente todo lo contrario de lo concluido por Anthony Watts y sus acólitos negacionistas.

Los autores además destacan que

los lugares con buena exposición, aunque pequeños en número, están razonablemente bien distribuidos sobre el país y, como mostraron Vose y Menne [2004], tienen la suficiente densidad como para obtener una estimación robusta del promedio de los Estados Unidos contiguos.

La siguiente pregunta lógica es ¿por qué ese sesgo de enfriamiento?. El estudio encuentra que se debe al tipo de termómetros utilizado en cada sitio. El 75 % de los sitios mal ubicados tenían un Sistema de Temperatura Máxima/Mínima (MMTS) cuyos sensores pasan los datos por cable a un dispositivo lector ubicado dentro de un edificio, de modo que la longitud de ese cable limita lo lejos que pueden estar del edificio donde está el lector. Por eso precisamente, estos sensores suelen estar cerca de edificios, asfalto, aires aconidcionados… Resulta que estos sensores tienen un defecto que hace que midan las temperaturas mínimas un poco más cálidas, y las máximas sensiblemente más frías (Menne et al 20091). Por el contrario, sólo el 30% de las estaciones bien ubicadas utilizaban estos sensores MMTS; la mayoría de las bien ubicadas son termómetros de mercurio (LiG) en garitas meteorológicas, que podían colocarse con más facilidad lejos de los edificios en que trabajaban los observadores.

Por último, conviene saber también que cuando llevaban documentadas 1/3 de las estaciones, o sea, como un año antes de que Watts publicara esta tomadura de pelo, ya se había mostrado que la tendencia era prácticamente la misma en estaciones bien ubicadas y mal ubicadas.

También merece la pena echar un vistazo a la respuesta rápida que dio la NOAA a las insinuaciones del informe de Watts.

Más información:

1 Matthew J. Menne, Claude N. Williams, Jr. and Russell S. Vose, “The United States Historical Climatology Network Monthly Temperature Data – Version 2″, NOAA National Climatic Data Center, Asheville, North Carolina

*Vose, R.S., and M.J. Menne (2004), A method to determine station density requirements for climate observing networks. J. Climate, 17, 2961-2971.

Mail a The Guardian sobre Jones et al 1990

Febrero 15th, 2010 by cambioclimatico

La noticia de El Mundo que daba una visión distorsionada del impacto del climategate en la ciencia climática estaba basada en el diario británico The Guardian, así que me he ido a la fuente para comprobar que The Guardian fue mucho más riguroso, dejando claro en todo momento que la discusión tenía escasa relevancia a efectos de la ciencia del cambio climático. Aún así, como quiera que invitan a hacer comentarios en una especie de peer review de su investigación sobre los e-mails hackeados, me he tomado la libertad de enviarles estas sugerencias (no lo voy a traducir porque no aporta gran cosa a lo ya comentado).


Here[1]:
http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/01/dispute-weather-fraud

You suggest that Jones et al 2008[2] undermines Jones et al 1990[3, pdf]. Specifically, you say:

The emails suggest that he helped to cover up flaws in temperature data from China that underpinned his research on the strength of recent global warming [...]

what data is available suggests that the findings are fundamentally flawed. [...]

In 2008, Jones prepared a paper for the Journal of Geophysical Research re-examining temperatures in eastern China. It found that, far from being negligible, the urban heat phenomenon was responsible for 40% of the warming seen in eastern China between 1951 and 2004. [...]

This dramatic revision of the estimated impact of urbanisation on temperatures in China [...]

I do not have acces to the later Jones et al 2008 paper[2], but I think your assessment[1] of this paper[2] is wrong based on a number of indirect sources:

(1) John Cook (in SkepticalScience blog) had a brief summary on that paper (previous to this controversy) as a support to the negligible effect of urbanization[4]. John shows a graph (taken from the paper) showing nearly identical trends in rural and urban areas in China, both in the 1990 and the current paper (see section “Comparing rural and urban networks in China”):

(2) An article published in The Guardian[5]:

“Professor Phil Jones [...] said a 20-year-old study questioned by sceptics “stands up to scrutiny” and was corroborated by more recent work”

“a study he published in 2008, using improved data from the China Meteorological Administration from sites used in the 1990 research adjusted to take into account any movements of stations, had almost exactly the same results as the original, he said.”

(3) The summary of Jones et al 2008 by Wang[6], coauthor of the Jones et al 1990 paper:

comparing the 42‐rural station data used in the 1990 GRL and Nature papers with those adjusted for homogeneity of a 728‐station network yield very much the same results, implying that the station moves, if any, really did not matter when a representative set of stations (here 42‐stations) was used.

These three indirect but credible sources suggest that the old paper was backed up by the new one, rather than causing a “dramatic revision of the estimated impact of urbanisation on temperatures in china” or suggesting that the old paper “was fundamentally flawed”.

———-
Appart from that, I think that there are some other issues regarding your article[1], that I quote below:

The paper became a key reference source for the conclusions of succeeding reports of the Intergovernmental Panel on Climate Change

it raises serious new questions about one of the most widely referenced papers on global warming, and about the IPCC’s reliance on its conclusions.

There are many other papers on the subject using different data and reaching pretty much the same conclusion that urbanization has a negligible effect on global temperature records (Hansen 2001[7], Peterson 2003[8], Parker 2006[9]…), some of them specificaly quoted in the relevant chapter of the IPCC report[10].

As it always happens when there is a scientific consensus, the notion that urbanisation has little impact on global temperature records is not underpinned on a single paper, but on different approaches yielding the same conclusion.

But many climate sceptics did not believe the claim. They were convinced that the urban effect was much bigger

Indeed! This is exactly what climate skeptics do: believing and being convinced without actual evidence. This sentence, however, (wrongly) implies that AGW skeptics are normal people and must have some real evidence to believe that.

By then, Keenan had published his charges in Energy & Environment, a peer-reviewed journal edited by a Hull University geographer, Dr Sonja Boehmer-Christiansen.

This sounds like E&E still had some credibility, in spite of the fact that they have conclusively shown that they are willing to publish whatever crap, provided that it attacks the scientific consensus on climate change. Some comments regarding E&E:

(1) Gavin Schmidt and Michael Mann[11]:
““Energy and Environment”, is not actually a scientific journal at all but a social science journal. The editor, Sonja Boehmer-Christensen, in defending the publication of the Soon et al study, was quoted by science journalist Richard Monastersky in the Chronicle of Higher Education somewhat remarkably confessing “I’m following my political agenda — a bit, anyway. But isn’t that the right of the editor?”.

(2) Furthermore, its peer review process has been widely criticised for allowing the publication of substandard papers and, in fact, it is not carried in the ISI listing of peer-reviewed journals[12, 13].

(3) See also this article published in Environmental Science and Tecnology (a journal of the American Chemical Society) regarding E&E[14].

Wang’s defence to the university inquiry says that he had got the Chinese temperature data from a Chinese colleague, although she is not an author on the 1990 Nature paper

But Wang was co-author with Jones, and Wang was working with his Chinese colleague on another paper regarding urban heat islands in China the very same year[15 - pdf], so it is perfectly plausible that Wang used those same data in his paper with Jones (with Zeng’s permission, of course).

Kind regards.


[Actualizacion 15-01-10: I've seen that Nature has just published an interview with Phil Jones along the same lines as I commented before regarding his paper on urban heat island effect in China:

"A follow-up study2 verified the original conclusions for the Chinese data for the period 1954–1983, showing that the precise location of weather stations was unimportant. "They are trying to pick out minor things in the data and blow them out of all proportion,""

http://www.nature.com/news/2010/100215/full/news.2010.71.html

"In a subsequent paper, published in the Journal of Geophysical Research in 2008, Jones verified the original conclusions for the Chinese data for the period 1954–1983, showing that the precise location of weather stations was unimportant to the outcome."

http://blogs.nature.com/climatefeedback/2010/02/climatologist_phil_jones_fight.html]


[Actualización 17-02-2010: la Universidad de East Anglia también informó (el 2 de febrero) de que el estudio posterior de Jones corroboraba el anterior y de que el efecto detectado de la urbanización era fundamentalmente posterior al periodo estudiado por Jones]


Referencias:

[1] Fred Pearce (2010), “Strange case of moving weather posts and a scientist under siege”, guardian.co.uk (1 February 2010)
http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/01/dispute-weather-fraud

[2] Jones, P. D., D. H. Lister, and Q. Li (2008), Urbanization effects in large-scale temperature records, with an emphasis on China, J. Geophys. Res., 113, D16122, doi:10.1029/2008JD009916
http://www.agu.org/pubs/crossref/2008/2008JD009916.shtml

[3] Jones P.D., Groisman P.Y., Coughlan M., Plummer N., Wang W.-C., Karl T.R. (1990), “Assessment of urbanization effects in time series of surface air temperature over land”, Nature, 347: 169–172.
http://www.nature.com/nature/journal/v347/n6289/abs/347169a0.html
http://www.informath.org/apprise/a5620/b90.pdf

[4] John Cook (2008), “Does Urban Heat Island effect exaggerate global warming trends?”, SkepticalScience (2008)
http://www.skepticalscience.com/urban-heat-island-effect.htm

[5] Press Association (2010), “Climate scientist at centre of email row defends his research”, guardian.co.uk (02 February 2010)
http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/02/phil-jones-climate-scientist-hacked-email

[6] Wei-Chyung Wang (2008), “Documentations and Inputs from Professor Zhaomei Zeng on the selection of the 84 (42-pairs of urban-rural) stations used in the 1990 GRL and 1990 Nature papers” (2/22/2008)
http://www.informath.org/apprise/a5620/b080222.pdf

[7] Hansen, J., R. Ruedy, M. Sato, M. Imhoff, W. Lawrence, D. Easterling, T. Peterson, and T. Karl (2001), A closer look at United States and global surface temperature change, J. Geophys. Res., 106(D20), 23,947–23,963.
http://pubs.giss.nasa.gov/docs/2001/2001_Hansen_etal.pdf

[8] Thomas C. Peterson (2003), “Assessment of Urban Versus Rural In Situ Surface Temperatures in the Contiguous United States: No Difference Found”, Journal of Climate, Vol. 16, Issue 18 (September 2003) pp. 2941–2959
http://ams.allenpress.com/perlserv/?request=get-abstract&doi=10.1175%2F1520-0442(2003)016%3C2941%3AAOUVRI%3E2.0.CO%3B2
http://www.ncdc.noaa.gov/oa/wmo/ccl/rural-urban.pdf

[9] David E. Parker (2006), “A Demonstration That Large-Scale Warming Is Not Urban”, Journal of Climate Vol. 19, Issue 12 (June 2006) pp. 2882–2895
http://ams.allenpress.com/perlserv/?request=get-abstract&doi=10.1175%2FJCLI3730.1

[10] Trenberth, K.E., P.D. Jones, P. Ambenje, R. Bojariu, D. Easterling, A. Klein Tank, D. Parker, F. Rahimzadeh, J.A. Renwick, M. Rusticucci, B. Soden and P. Zhai, 2007: Observations: Surface and Atmospheric Climate Change. In: Climate Change 2007: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Solomon, S., D. Qin, M. Manning, Z. Chen, M. Marquis, K.B. Averyt, M. Tignor and H.L. Miller (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA.
Section 3.2.2.2. Urban Heat Islands and Land Use Effects
http://www.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/wg1/en/ch3s3-2-2-2.html

[11] Michael Mann & Gavin Schmidt (2005), “Peer Review: A Necessary But Not Sufficient Condition”, www.realclimate.org
http://www.realclimate.org/index.php/archives/2005/01/peer-review-a-necessary-but-not-sufficient-condition/

[12] “Energy and Environment”, www.sourcewatch.org
http://www.sourcewatch.org/index.php?title=Energy_and_Environment

[13] ISI Web of Knowledge Master Journal List:
http://science.thomsonreuters.com/mjl/

[14] Paul D. Thacker (2005), “Skeptics get a journal”, Environmental Science & Technology (American Chemical Society), August 31, 2005
http://www.realclimate.org/docs/thacker/skeptics.pdf

[15] Wang W.-C., Zeng Z., Karl T.R. (1990),“Urban heat islands in China”, Geophysical Research Letters, 17: 2377–2380.
http://www.agu.org/pubs/crossref/1990/GL017i013p02377.shtml
http://www.informath.org/apprise/a5620/b23.pdf

El Mundo se apunta a la desinformación sobre el cambio climático

Febrero 10th, 2010 by cambioclimatico

Sorprendente y decepcionantemente, El Mundo al ha terminado cayendo en la dinámica negacionista de difundir falsedades para intentar desprestigiar a los científicos y sus trabajos. Poco interés científico hay en su artículo, cuyo contenido central es un ataque puramente personal contra varios científicos.

El primero y más acosado, Phil Jones, ex Director de la Unidad de Investigación Climática (CRU) de la Universidad de East Anglia, que colabora con la Oficina Meteorológica británica en la elaboración del registro de temperaturas globales conocido como CRUTem, galardonado con varios premios científicos y con docenas cientos de estudios publicados en prestigiosas revistas científicas, cuya aportación al mundo científico tiene un valor incalculable, y en la actualidad sufriendo amenazas de muerte (también aquí) gracias a tergiversaciones como esta que El Mundo colabora a difundir:

Phil Jones, en entredicho

Phil Jones, que renunció a raíz de la filtración de los correos a finales de noviembre del año pasado.

Comenzando por una información incompleta que da a entender que la renuncia de Phil Jones implica el reconocimiento de alguna responsabilidad en alguna irregularidad, cuando lo que sucedió en realidad es que, ante la presión social de los sospechosos habituales, la Universidad para la que trabaja va a llevar a cabo una investigación y Phil Jones ha decidido apartarse TEMPORALMENTE para garantizar la independencia de la investigación. Y mientras esa investigación está aún en curso, conviene recordar que desde diversos ámbitos científicos se han revisado los e-mails y han concluido que no existe ninguna irregularidad que afecte a la ciencia del cambio climático (p.ej. aquí, aquí, aquí, aquí o aquí), por lo que tampoco se trata de una cuestión de confianza, puesto que no ha sido cuestionado en ningún ámbito académico o científico. A pesar de lo cual los periodistas continúan (a) con delirios de grandeza o (b) confiando en fuentes sin ninguna credibilidad:

Su conducta queda en entredicho en varios episodios, pero los más llamativos tienen que ver con mediciones del clima en China y Siberia.

En cuanto a China, la controversia gira en torno a un estudio publicado por Jones en 1990 y destinado a probar que el calentamiento del planeta es similar en parajes urbanos y rurales y no se produce sólo dentro de las ciudades, fruto de materiales como el asfalto o el hormigón que atraen el calor y lo perpetúan.

Los prejuicios del periodista quedan bastante claros cuando dice que el estudio está “destinado a probar” una determinada conclusión. Los estudios investigan una materia sin prejuzgar ninguna conclusión, la cual viene dada por el análisis de los datos. No hace falta ser ningún lumbreras para echar un vistazo al mapa de tendencias regionales y comprobar a simple vista que el mayor calentamiento no se está dando en zonas urbanas (p.ej. en el Ártico, o en los océanos):

Pero es que además muchos otros estudios independientes han concluido también que el impacto de la urbanización en el registro de temperaturas globales es despreciable (Peterson 2003, Parker 2006…). Más aún; casi la mitad de las estaciones urbanas (un 42 %) registran un calentamiento menor que sus estaciones rurales más próximas (Hansen 2001). Lo cual viene a mostrar cuán irrelevante es, desde un punto de vista científico o práctico, este ataque a un concreto estudio de hace 20 años (es decir, se trata de un ataque puramente personal):

La ONU dio por bueno el estudio de Jones, basado en los resultados de 84 estaciones meteorológicas chinas. Pero el trabajo no soportó el escrutinio de los colegas, que enseguida detectaron que 51 de las estaciones se habían movido de sitio durante el periodo de estudio.

Dos falsedades de una tacada: según la propia fuente que cita El Mundo (The Guardiansólo 18 estaciones cambiaron de ubicación, y no existió ningún “escrutinio de los colegas” , sino que el cambio de ubicación de las estaciones fue reportado en 2007 por un “banquero aficionado a la climatología”, Doug Keenan, al margen del mundo científico.

Aún así, según El Mundo, ese era:

Un detalle que invalidaba los resultados de la investigación.

Por supuesto, la ciencia es para los científicos de verdad, y lo de Doug Keenan no fue más que una mera insinuación bien difundida (lo que viene siendo la práctica estándar de los negacionistas, vaya, que es mucho más rápido que hacer ciencia). Ante ese nuevo dato (desconocido por Jones), y a pesar de la escasa relevancia de la cuestión, y de que el propio Doug Keenan o cualquiera de los científicos a sueldo de las petroleras hubieran podido hacer el análisis para fundamentar una crítica real y aportar algo más que imaginación, el verdadero trabajo, por irrelevante que fuera, lo tuvo que hacer el propio científico al que pretenden crucificar, Phil Jones, utilizando datos corregidos que daban cuenta de los cambios de ubicación. Estudio que publicó en 2008 en el Journal of Geophyisical Research y que llegaba a la misma conclusión obtenida en su estudio original de hacía 20 años (y en tantos otros) de que el efecto de la urbanización era despreciable. Esas insinuaciones gratuitas y que hace ya casi dos años que se demostraron falsas, son lo que El Mundo nos presenta a día de hoy como un hecho probado ¡y como noticia!. Mucho mejor es el resumen que hace el propio Phil Jones:

“a 20-year-old study questioned by sceptics “stands up to scrutiny” and was corroborated by more recent work”

“Un estudio de 20 años de antigüedad puesto en duda por los escépticos “resiste el examen” y es corroborado por el trabajo más reciente”.

Y la guinda sobre China:

Lo peor no es que la ONU hiciera oídos sordos e incorporara el estudio a su informe de 2007, sino la forma en la que Jones se fue sacudiendo las solicitudes de transparencia de sus críticos.

La ONU hizo oídos sordos a algo que no existía, como es normal. El plazo de aportación de estudios para el informe de la ONU finalizó en 2005, con tiempo suficiente para preparar la publicación, que tuvo lugar en enero de 2007. Estos reparos sobre China fueron aportados por Doug Keenan en diciembre de 2007. Ya no es que hubiera expirado hacía años el plazo para incluir artículos en el informe, sino que es que el informe del IPCC ¡ya había sido incluso publicado!. ¿Está exigiendo El Mundo que el IPCC se haga con una bola de cristal e incluya los estudios que vayan a publicarse en el futuro?

Muy similar es la controversia en torno a las mediciones en Siberia, en cuya temperatura Jones detectó una subida de dos grados durante el siglo XX. Un hallazgo discutido por el científico sueco Lars Kamel, cuyos datos reflejan un calentamiento mucho menor. Los correos electrónicos demuestran que Jones le pidió a su colega Michael Mann que bloqueara la publicación del artículo de Kamel en una prestigiosa revista científica para evitar el descrédito y el escrutinio.

El periodista de El Mundo no se ha enterado muy bien de lo que le dice Jones a su colega Michael Mann:

“Recently rejected two papers (one for JGR and for GRL) from people saying CRU has it wrong over Siberia. Went to town in both reviews, hopefully successfully. If either appears I will be very surprised, but you never know with GRL”

“Hace poco rechacé dos estudios (uno para JGR y para GRL) de gente que decía que la CRU estaba equivocada sobre Siberia. Me lo he currado en ambas revisiones, espero que con éxito. Si alguno aparece me sorprendería mucho, pero con GRL nunca se sabe”

Jones no le pide nada a Mann, como erróneamente dice El Mundo. Lo que nos queda claro, además, es que las mediciones de la CRU en Siberia no están en entredicho porque el supueso estudio del astrofísico sueco que pretendía cuestionarlo fue rechazado por la revista tras escuchar los argumentos del revisor (Jones). Y eso, salvo prueba en contrario, sucede porque el revisor ha demostrado que el análisis es erróneo. De hecho, es muy habitual que el editor de una revista remita los artículos críticos con un trabajo al propio autor de este trabajo para valorar los contra-argumentos. El mismo Jones deja claro en los correos que no sabe si la revista finalmente lo rechazará o no.  Decir que se rechazó por sus conclusiones es otra mera invención más basada sólo en prejuicios. Sin embargo El Mundo continúa con su mágica bola de cristal: ”le pidió [...] que bloqueara la publicación [...] para evitar el descrédito y el escrutinio“.

Y en todo el artículo en general, esa es precisamente la mayor desfachatez de El Mundo: no ya que relate los hechos erróneamente, sino que la mayor parte del artículo consista en inventarse oscuras motivaciones basadas en teorías conspiracionistas propias de un paranoico:

para mantener a raya a los escépticos y poner a salvo su prestigio del escrutinio anónimo de sus colegas.

Las revelaciones son una losa para el depauperado prestigio de Phil Jones

una camarilla de científicos capaz de desacreditar a quien rebate con datos sus hallazgos y de mantener opaco el proceso de su investigación

Y, por supuesto, en la fiesta de los ataques personales de los negacionistas, nunca puede faltar Michael Mann, al que llevan más de 10 años intentando defenestrar sin ningún éxito:

He aquí, por ejemplo, lo que Mann le dice a Jones sobre la publicación Climate Research después de que ésta publique algunos trabajos escépticos: “Deberíamos dejar de considerarla como una publicación legítima y quizás animar a nuestros colegas a dejar de enviar artículos a esta publicación”.

Por supuesto, lo que no quiere entender El Mundo es que el escándalo fue que llegase a publicarse aquella basura de Soon y Baliunas, una auténtica tomadura de pelo que dejaba temblando el sistema de revisión por pares. No sólo Michael Mann, toda la comunidad científica estaba indignada y seis editores de la revista dimitieron como protesta porque algo tan claramente erróneo llegara a publicarse en una revista con revisión de expertos.

Dispuestos a no dejar títere con cabeza, también le llega el turno a Keith Briffa:

La investigación del diario ‘The Guardian’ incluye pruebas de que Keith Briffa -un científico próximo a Mann y Jones- se saltó a la torera la piedra angular del método científico, que obliga a cualquier académico a someter su trabajo antes de publicarlo a la revisión anónima e independiente de uno de sus colegas. Briffa pidió a un compañero que censurara el trabajo de un científico escéptico a cambio de un favor más o menos espurio.

Primera falsedad: la conversación no es con un compañero. Briffa trabaja junto con Jones en la Unidad de Investigación Climática (CRU) de la Universidad de East Anglia, en Reino Unido, pero su interlocutor en esta conversación, Edward R. Cook, trabaja en el Lamont-Doherty Earth Observatory al otro lado del charco, en Nueva York. En este caso Keith Briffa era el editor de la revista, y precisamente lo habitual es que el editor elija a los revisores, así que difícilmente un revisor puede ser anónimo y no tener ningún contacto con el editor que es precisamente quien le ha remitido el artículo.  Esto es lo que Briffa (editor) le dijo al revisor del artículo:

I am really sorry but I have to nag about that review – Confidentially I now need a hard and if required extensive case for rejecting – to support Dave Stahle’s and really as soon as you can. Please

Lo siento de veras, pero tengo que fastidiar con la revisión – en confidencia, ahora necesito una argumentación dura y, si es necesario, extensa para rechazarlo – para apoyar la de Dave Stahle y lo más pronto que puedas, por favor.

De nuevo es difícil entresacar algo con contenido sin echarle imaginación, pero el propio Keith Briffa lo dejó bastante claro:

Dr Briffa told Channel 4 News that the decision to reject was not his – he was simply asking the colleague who had reviewed the paper to submit his evidence for rejecting it

El Dr. Briffa dijo a Canal 4 Noticias que la decisión de rechazarlo no fue suya, que él simplemente estaba pidiendo al colega que había revisado el estudio que remitiera sus evidencias para rechazarlo

Parece que Briffa ya sabía que el revisor había decidido rechazar el artículo.  Algo que sucede con la inmensa mayoría de los artículos enviados; todos los científicos tienen artículos rechazados por las revistas, a veces incluso estudios interesantes (no en el caso de los estudios escépticos). Y lo de “a cambio de un favor más o menos espúreo” pues es otra invención más de El Mundo que no está respaldada por los hechos.

El Mundo no puede declinar su responsabilidad en The Guardian diciendo que él sólo difunde falsedades pero que no las crea. Ha faltado a la más mínima diligencia que es exigible a un medio de comunicación que aspire dar una información veraz.

[Actualización 10-03-2010: como la controversia fundamental versa sobre el efecto isla urbana de calor, enlazo la reciente evaluación del estado de la cuestión publicada por David Parker (UK Met Office): "The urban heat island has had only a minor impact on estimates of global trends of LSAT [...] because assiduous efforts have been made by the compilers of global surface air temperature records to avoid or compensate for urban warming. This is confirmed by analyses using only rural stations or using only days and nights with windy weather. Further support comes from comparisons with marine surface temperature trends in the light of the expected augmentation of trends over land.”]


Myles Allen (Universidad de Oxford):

None of us can imagine what Phil Jones is going through, and all of us know that it might be our turn next. For all I know someone is already sorting through my emails on a Russian web server. But for the record, if they do decide to pick on me, I don’t want people out there defending my integrity. I want people out there defending my results. Because we are scientists, and this is what we do.

Ninguno de nosotros puede imaginar por lo que está pasando Phil Jones, y todos nosotros sabemos que el siguiente puede ser nuestro turno. Por lo que sé, alguien está ya revisando mis correos electrónicos en un servidor web ruso. Pero que conste, si deciden ir a por mí, no quiero que la gente ahí fuera defienda mi integridad. Quiero que la gente ahí fuera defienda mis resultados. Porque somos científicos, y eso es lo que hacemos.

Ben Santer (John D. and Catherine T. MacArthur Fellow, Lawrence Livermore National Laboratory):

Having failed to undermine climate science itself, they seek to destroy the reputations of individual climate scientists. They seek to destroy men like Phil Jones and Mike Mann, who have devoted their entire careers to the pursuit of scientific knowledge and understanding.

We must not let this stand.

No habiendo conseguido socavar la ciencia climática en sí, pretenden destruir las reputaciones de concretos científicos climáticos. Pretenden destruir a hombres como Phil Jones y Mike Mann, que han consagrado toda su carrera a la búsqueda del saber y entendimiento científicos.

No debemos dejar que esto suceda.


[Actualización 14-02-10: he corregido un error en el número de estaciones que se movieron. El Mundo reflejaba correctamente ese dato y yo lo tenía desactualizado (de la primera alegación de Keenan).]


China (Doug Keenan):

http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/01/dispute-weather-fraud

http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/01/leaked-emails-climate-jones-chinese

Siberia (Lars Kamel):
http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/02/hacked-climate-emails-flaws-peer-review

Réplica:

http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/02/phil-jones-climate-scientist-hacked-email

Briffa:

http://www.guardian.co.uk/environment/2010/feb/02/climate-change-pachauri-un-glaciers

Réplica:

http://www.channel4.com/news/articles/science_technology/new+climate+change+email+claims/3524827

El Mundo:
http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/04/ciencia/1265278573.html

Re-evaluación de los riesgos tras el IPCC

Febrero 5th, 2010 by cambioclimatico

Antes de continuar con la segunda parte sobre cómo distinguir los hechos de las insinuaciones, quiero destacar este artículo peer reviewed casi recién publicado. Mientras los escépticos siguen en ese mundo imaginario en el que “el calentamiento global se detuvo en 1998“, las revistas científicas continúan publicando sus actualizaciones en la materia. Destaco la más reciente (”Una evaluación actualizada de los riesgos del cambio climático basada en la investigación publicada desde el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC”):

An updated assessment of the risks from climate change based on research published since the IPCC Fourth Assessment Report (pdf, prensa)
Hans-Martin Füssel (2010)
Climatic Change, Vol. 97, Numbers 3-4 (diciembre de 2009) pp. 469-482

Cito literalmente (traducido):

Muchos riesgos se evalúan ahora como mayores que en el [informe del IPCC de 2007], incluyendo el riesgo de grandes subidas del nivel del mar ya en el presente siglo, la amplificación del calentamiento global debido a feedbacks biológicos y del ciclo geológico del carbono, una gran magnitud de calentamiento por venir actualmente oculto por una fuerte capa de aerosoles, un aumento sustancial de la variabilidad climática y eventos meteorológicos extremos, y los riesgos de los ecosistemas marinos derivados del cambio climático y la acidificación de los océanos. [...] estos hallazgos apuntan a una mayor urgencia de implementar políticas de mitigación, así como políticas de adaptación integrales y equitativas.

Este estudio ha mostrado que varios riesgos clave derivados del cambio climático antropogénico y la acidificación de los océanos se evalúan ahora como sustancialmente mayores que en el [informe del IPCC de 2007], incluyendo riesgos que podrían ser calificados de “interferencia antropogénica peligrosa en el sistema climático” [...] Como resultado, nos encontramos en una situación cada vez más incómoda, en la que las estimaciones de riesgos derivados del cambio climático continúan aumentando mientras que el tiempo para acciones efectivas de mitigación se agota rápidamente.

En la misma línea que ya nos adelantaba la Oficina Meteorológica del Reino Unido al declarar que:

desde la Evaluación del IPCC de 2007, la evidencia de un cambio climático peligroso, de largo plazo y potencialmente irreversible se ha hecho más fuerte

Esta ha sido la última, pero en este pasado año 2009 se han publicado otras actualizaciones del informe del IPCC (que este mismo estudio describe como “la evaluación más completa y fidedigna del estado del conocimiento científico sobre todos los aspectos del cambio climático”):

Climate Change Science Compendium 2009
McMullen, C.P. and Jabbour, J. (2009)
United Nations Environment Programme, Nairobi, EarthPrint

Climate Change 2009: Faster change and more serious risks
Will Steffen
Australian Government, Department of Climate Change

The Copenhagen Diagnosis, 2009: Updating the world on the Latest Climate Science (Resumen ejecutivo en español, full report low res (3,3 MB), high res (23,3 MB), y versión online)
I. Allison, N. L. Bindoff, R.A. Bindoff, R.A. Bindschadler, P.M. Cox, N. de Noblet, M.H. England, J.E. Francis, N. Gruber, A.M. Haywood, D.J. Karoly, G. Kaser, C. Le Quéré, T.M. Lenton, M.E. Mann, B.I. McNeil, A.J. Pitman, S. Rahmstorf, E. Rignot, H.J. Schellnhuber, S.H. Schneider, S.C. Sherwood, R.C.J. Somerville, K.Steffen, E.J. Steig, M. Visbeck y A.J. Weaver
The University of New South Wales Climate Change Research Centre (CCRC), Sydney, Australia, 60pp

Assessing dangerous climate change through an update of the Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) “reasons for concern”
Joel B. Smith, Stephen H. Schneider, Michael Oppenheimer, Gary W. Yohe, William Hare, Michael D. Mastrandrea, Anand Patwardhan, Ian Burton, Jan Corfee-Morlot, Chris H. D. Magadza, Hans-Martin Füssel, A. Barrie Pittock,. Atiq Rahman, Avelino Suarez y Jean-Pascal van Ypersele
PNAS, February 26, 2009 | doi: 10.1073/pnas.0812355106

since the 2007 IPCC Assessment the evidence for dangerous, long-term and potentially irreversible climate change has strengthened

Trillando los hechos de las insinuaciones (I): Yamal

Febrero 5th, 2010 by cambioclimatico

Para entender cualquier argumento es importante saber distinguir los hechos de las meras insinuaciones sin contrastar. O, lo que es lo mismo: hay que saber delimitar cuál el verdadero alcance de un descubrimiento. Cualquier artículo divulgativo escéptico sobre el cambio climático antropogénico es un excelente recurso para practicar esta distinción, puesto que sistemáticamente entremezclan realidad e imaginación. Como siempre me salen los posts mucho más largos de lo esperado, aquí voy a resumir sólo el primero de los dos ejemplos recientes que quería comentar.

ANTECEDENTES: Para reconstruir las temperaturas históricas anteriores a las estaciones meteorológicas, los científicos utilizan testigos geológicos (proxies). Uno de los testigos más utilizados es el grosor de los anillos de los árboles, puesto que los árboles crecen más con temperaturas más cálidas, si bien las diversas reconstrucciones de temperatura suelen completarse con otro tipo de “testigos” (p.ej. perforaciones en roca, sedimentos oceánicos y lacustres, espeleotemas, núcleos de hielo, crecimiento de los corales…). Así, se han agrupado y ponderado espacialmente testigos geológicos de diferentes partes del planeta para reconstruir la temperatura global o del hemisferio norte más probable:

Habiendo llegado todas las diferentes reconstrucciones a la conclusión de que lo más probable es que las temperaturas actuales sean las más cálidas de, como mínimo, los últimos 1.300 años.

HECHOS: Steve McIntyre encontró 18 árboles apiñados en una pequeña zona de una península al norte de Siberia (KAHD) con un problema de divergencia. Lo cual significa que a finales del siglo XX, esos 18 árboles habían crecido menos que antes, a pesar del calentamiento que hubo en la zona (medido directamente sin necesidad de testigos geológicos):

En rojo los datos de la Unidad de Investigación Climática (CRU) para la que trabaja Briffa, y en negro el puñado de árboles rescatados por McIntyre.

*Resulta bastante evidente que esos hechos per se no permiten cuestionar ni siquiera las reconstrucciones regionales restringidas a esa península, menos aún la reconstrucción del noroeste asiático de la que forman parte, y menos aún una reconstrucción a nivel global que la utilice, puesto que a nivel agregado, incluso incluyendo una línea totalmente plana, el impacto se diluye tanto que sería prácticamente inapreciable. Y menos aún las reconstrucciones que llegan a la misma conclusión sin utilizar datos de esa zona, claro.

INSINUACIONES:

en cuanto las series de Yamal salieron a la calle en el año 2000, se utilizaron como cocaína por los paleoclimatólogos

Si se prueba la no-robustez observada aquí… esto tendrá un impacto importante en muchos estudios multiproxy que han confiado en este estudio

Sólo jugueteando con los datos pueden los científicos obtener el infame gráfico del calentamiento global con forma de palo de hockey [...] Sea lo que sea lo que está sucediendo aquí, no se trata de ciencia.”

[...] la industria del calentamiento global está basada en una mentira MASIVA

La aterradora línea roja que se dispara hacia arriba es la que Al Gore, Michael Mann, Keith Briffa y sus compinches de la promoción del miedo climático les gustaría que creyeses. La negra [...] descendente, representa la realidad científica.

[...] los científicos del Climate Research [...] han estado usando solo una pequeña parte de los datos disponibles para poder llegar a la conclusion de que los años recientes han sido los más cálidos del último milenio. Cuando se usan los datos completos [...] desaparece completamente la forma de “palo de hockey”.

Es hora de que esos científicos del Climate Research Centre [...] expliquen que Mc Intyre está equivocado, o de que dimitan.

Ding dong, el palo de hockey está muerto [...] el ingrediente clave de muchos de los estudios que se han invocado para respaldar el Palo de Hockey, concretamente las series de Yamal de  Briffa (línea roja arriba) depende de la influencia de una pequeña submuestra de cronologías poteriores a 1990 y la exclusión de la colección disponible (mucho mayor) de datos Schweingruber para la misma zona.

HECHOS: ante estas insinuaciones, el especialista de primera línea a quien pretendían desacreditar (Keith Briffa, que trabaja para la Unidad de Investigación Climática británica y reconstruyó las temperaturas de esa península como parte de una reconstrucción más amplia de todo el noroeste asiático), se vio obligado a dedicar un tiempo precioso a hacer el análisis que McIntyre no se molestó en hacer, revisando la fiabilidad de su reconstrucción para esa pequeña península, incluyendo todos los árboles disponibles en la zona (un tiempo que hubiera estado mucho mejor invertido en algún asunto realmente científico). Para llegar a la conclusión de que el impacto de ese descubrimiento es despreciable incluso a nivel regional:

Representan el crecimiento de los árboles en la península de Yamal: en azul la publicada por Briffa en el año 2000. En rojo la actualización publicada por Briffa en 2008. En negro la actual incluyendo todos los árboles (incluidos los descubiertos por McIntyre).

Briffa también señala que la mayoría de las reconstrucciones globales mostradas por el IPCC ni siquiera utilizaron su reconstrucción de esa penúnsula.

Extractando las conclusiones de su estudio:

Queremos hacer hincapié en que McIntyre por sí mismo no ha hecho tales afirmaciones. En ningún momento sugiere que cualquiera de sus versiones de la cronología represente los cambios en el crecimiento de los árobles de Yamal de manera más realista que nuestro trabajo previo. Sin embargo, su artículo original se ha intepretado así por otros, tanto en la página web de Climate Audit como en otras partes. Algunos mensajes en Climate Audit, en particular el de Ross McKitrick (comentario nº 7), insinúan claramente que los datos utilizados en las versiones publicadas de la cronología de Yamal fueron seleccionados deliberadamente para manufactar evidencia engañosamente de un aumento en el crecimiento de los árboles recientemente en esta región. Posteriores reportes sobre el blog de McIntyre (p.ej. en The Telegraph, The Register y The Spectator) vienen a ser tergiversaciones histéricas, incluso calumniosas, no sólo de nuestro trabajo, sino también del contenido original del blog de McIntyre, mediante el uso de palabras como “estafa”, “escándalo”, “mentira”, y “fraudulento” refiriéndose a nuestro trabajo.

O, en las más claras palabras de los científicos de RealClimate:

La ciencia está hecha de gente que cuestiona las asunciones y los resultados de otra gente con el deseo general de acercarse a la “verdad”. No hay nada malo en que la gente recopile nuevas cronologías de anillos de árboles o compruebe la robustez de resultados previos con datos actualizados o nuevas metodologías. Ni siquiera en pensar qué pasaría si todo estuviese mal. Lo que es inaceptable es la conjunción de una crítica técnica con acusaciones no fundamentadas, injustificadas y sin verificar, de falta de ética profesional. Steve McIntyre continúa insistiendo en que debería tratársele como a un profesional. Pero ¿qué profesionalidad hay en continuar calumniando a los científicos con vagas insinuaciones y retorcidas historias que son una pura invención, en lugar de enviar su trabajo a la revisión de expertos (peer-review)? [McIntyre] continúa sin asumir ninguna responsabilidad por las ridículas fantasías y exageraciones que sus seguidores difunden, aparentemente muy feliz de regodearse en sus elogios en lugar de corregir cualquiera de las tergiversaciones que él mismo ha engendrado. Si quiere cambiar algo, tiene una clara elección: continuar jugando a Don Quijote ante la galería de legos o producir algo constructivo que realmente valga la pena publicar.

La revisión por pares no es nada siniestro, ni parte de una conspiración global, sino que es el proceso por el que se fuerza a la gente a que su retórica se corresponda con sus resultados reales. Generalmente no puedes salir airoso con insinuaciones imprecisas de que algo quizá podría tener relevancia para la visión de conjunto sin mostrar que realmente la tiene.

Más info:

De los feedbacks a la sensibilidad climática

Febrero 1st, 2010 by cambioclimatico

Ya hemos visto que el efecto invernadero se está intensificando y que la causa son las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Con eso ya sabemos que existe un calentmiento antropogénico (es lo que se llama “atribución informal” del calentamiento global), pero el siguiente paso natural sería hilar más fino e intentar concretar cuánto calienta esa intensificación del efecto invernadero y cuánto nos vamos a calentar en el futuro si continuamos emitiendo. La referencia que se toma es cuánto aumenta la temperatura global media si se duplica el CO2 atmosférico. O, lo que es lo mismo: cuánto aumenta la temperatura global media con una perturbación de +3,7 W/m2 en la alta atmósfera (en realidad nos da igual si esa perturbación procede del CO2 o de cualquier otra fuente, el efecto climático es el mismo). La respuesta a esta pregunta es lo que se llama “sensibilidad climática”.

Ya  hemos visto antes que la perturbación directa de 3,7 W/m2 (p.ej. duplicando el CO2 atmosférico) produce un calentamiento inmediatio de 1 ºC. Si el sistema climático fuese tan simple, hallar la sensibilidad climática sería tremendamente sencillo. El problema sin embargo es que cualquier variación de temperatura produce cambios que a su vez afectan a la temperatura. Estos cambios derivados de una variación de temperatura que a su vez vuelven a afectar a la temperatura se denominan indistintamente “retroefectos”, “realimentaciones”, “retroalimentaciones” o “feedbacks”. Por ejemplo, cuando aumenta la temperatura, aumenta la evaporación y la capacidad del aire de contener vapor de agua, con lo que aumenta la humedad específica global. Puesto que el vapor de agua es el gas de efecto invernadero más potente, este aumento del vapor de agua en la atmósfera a su vez produce un aumento adicional de temperatura. Otro ejemplo sería que el calentamiento reduce la extensión de la banquisa de hielo Ártica y de la cubierta de nieve. Eso hace que se reduzca la cantidad de energía solar que es devuelta al espacio exterior (albedo); o sea, que más energía solar estaría penetrando en los océanos y en la tierra. A su vez, los feedbacks tienen un pequeño factor de ganancia (puesto que producen un calentamiento adicional, este calentamiento adicional produce también los mismos feedbacks (mayor aumento del vapor de agua, más reducción del hielo y la nieve…)).

Los feedbacks pueden ser positivos o negativos. Son positivos los que van en la misma dirección que el impulso inicial. Por ejemplo, si hay un calentamiento inicial, los feedbacks positivos producen un mayor calentamiento, pero si lo que hay inicialmente es un enfriamiento, los feedbacks positivos producen un mayor enfriamiento. Así por ejemplo, cuando hay una erupción volcánica significativa, los aerosoles expulsados llegan a la estratosfera y producen un efecto de ensombrecimiento (aumento del albedo) que disminuye la radiación solar entrante puesto que aumenta la cantidad de energía reflejada de vuelta al espacio. Esta disminución de temperatura hace que la capacidad del aire de contener vapor de agua disminuya, reduciéndose la humedad específica, lo cual disminuría el efecto invernadero producido por el vapor de agua. Los feedbacks negativos son los que van en dirección contraria al impulso inicial. Es decir, ante un calentamiento enfrían y ante un enfriamiento calientan. Sumando los feedbacks postivos y restándole la suma de feedbacks negativos obtendríamos el feedback neto. Así pues, la sensibilidad climática sería el resultado de sumar el calentamiento producido inmediatamente por el forzamiento inicial más el subsiguiente feedback neto del sistema climático.

Hay dos maneras básicas de estimar la sensibilidad climática: a) estimando la contribución de cada uno de los feedbacks (modelos) o b) sin necesidad de individualizar cada feedback, mirando al pasado para ver cuánto varió la temperatura en función del forzamiento habido (enfoque empírico). Todos los estudios científicos mediante diferentes enfoques dentro de estas dos aproximaciones encuentran que el feedback neto es positivo y que la sensibilidad climática se encuentra en torno a 3ºC (entre 2ºC y 4,5 ºC con un 66% de probabilid, entre 1,5ºC y 6ºC con un 90 % de probabilidad, siendo 3 ºC el valor más probable). Es decir, que ante una perturbación de 3,7 W/m2 la temperatura varía en torno a 3 ºC.

Podemos ver una lista de estos estudios científicos en la web de John Cook (SkepticalScience) o en la de Ari Jokimäki (Antrhopogenic Global Warming Observer), pero quizá más interesante son los propios estudios científicos que sintetizan los diferentes estudios, como estos tres:

Los escépticos se empeñan en buscar la idílica visión de un clima estable, que corrige los forzamientos en el clima de manera natural. Sin embargo, lo que nos enseña la historia paleoclimática es precisamente todo lo contrario: que el clima es muy sensible a cualquier variación (p.ej. las glaciaciones se producen cuando, a raíz de una oscilación orbital cuasi-periódica que varía la orientación del eje de la Tierra únicamente en 3º, el Ártico recibe algo menos de luz solar en verano, de modo que el hielo y la nieve se derriten menos).

En palabras de la revista Nature:

Studies estimating the climate’s sensitivity give a large range of possibilities, but they agree that the most likely value is 3 °C.

Los estudios que estiman la sensibilidad climática arrojan un amplio rango de posibilidades, pero coinciden en que el valor más probable es 3 ºC.

 


Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que para finalizar, unos gráficos que sintetizan los resultados de los diferentes estudios científicos sobre sensibilidida climática:

Estimación de feedbacks según los diferentes modelos climáticos (Bony et al 2006):

Distribuciones probabilísticas y ragnos de sensibilidad climática a partir de diferentes líneas de evidencia (knutti & Hegerl 2008):

 

El círculo indica el valor más probable. Las líneas de color estrechas  indican valor muy probable (más del 90 % de probabilidad). Las líneas de color gruesas indican valores probables (más de 66% de probabilidad). Las lineas punteadas indican que no hay una restricción robusta sobre el límite superior. El rango probable del IPCC (2 a 4.5°C) y el valor más probable (3°C) se indican mediante la franja vertical de color gris y la línea negra vertical, respectivamente.

Distribución de probabilidades según la paleoclimatología y la climatología actual, recopilada por el IPCC:

Respuesta estimada de la temperatura al forzamiento en cantidades equivalentes de CO2 (en negro el valor más probable,  en rojo y azul una sensibilidad de 4,5 ºC y de 2 ºC respectivamente, representando una certidumbre del 66 %) (IPCC 2007):


Más información a nivel divulgativo:

La Tierra SÍ se ha calentado tanto como se esperaba

Enero 22nd, 2010 by cambioclimatico

¿Por qué la Tierra no se ha calentado tanto como se esperaba?

Ese es el título del último artículo peer review que está haciendo las delicias de los negacionistas extranjeros y nacionales:

Why Hasn’t Earth Warmed as Much as Expected? (pdf)
Stephen E. Schwartz, Robert J. Charlson, Ralph A. Kahn, John A. Ogren, and Henning Rodhe
Journal of Climate | DOI: 10.1175/2009JCLI3461.1

Según el negacionista de turno, este estudio afirma que los modelos fallan, que el IPCC miente y que el CO2 casi no calienta y que la naturaleza pesa más.  O sea, todo lo contrario de lo que dice el estudio en sus conclusiones:

“el efecto de los gases de efecto invernadero dominará el forzamiento a largo plazo y la respuesta climática. Incluso si la sensibilidad climática de la Tierra está en el margen inferior del rango probable estimado por el IPCC (2007), la emisión continuada de CO2 al ritmo actual agotaría en tan sólo unas pocas décadas la cuota del recurso global de cantidad de aumento de CO2 que puede añadirse a la atmósfera sin exceder el aumento máximo propuesto de temperaturas globales medias en superficie (GMST). Si la sensibilidad es mayor, el aumento de emisiones admisible se reduce bruscamente, esencialmente a cero con la mejor estimación actual de la sensibilidad climática, y es en realidad negativa para valores mayores de esta sensibilidad”

“the effect of the greenhouse gases will dominate long-term forcing and climate response. Even if Earth’s climate sensitivity is at the low end of the IPCC (2007) estimated “likely” range, continued emission of CO2 at the present rate would exhaust in just a few decades the shared global resource of the incremental amount of CO2 that can be added to the atmosphere without exceeding proposed maximum increases in GMST. If the sensitivity is greater, the allowable incremental emission decreases sharply, essentially to zero at the present best estimate of climate sensitivity, and is actually negative for greater values of this sensitivity”

Dicho en castizo: a largo plazo el calentamiento de los gases de efecto invernadero se impone. Para no sobrepasar el límite considerado peligroso (2ºC sobre niveles preindustriales), si la sensibilidad está en la parte de abajo del margen que da el IPCC, hay que dejar de emitir CO2 en unas pocas décadas; si está en la mejor estimación (~3 ºC), hay que interrumpir todas las emisiones inmediatamente; y si está en el margen superior, deberíamos, además de interrumpir totalmente las emisiones, sacar CO2 de la atmósfera.

Este estudio no aporta nada que no esté ya en el informe del IPCC 2007. Para empezar, no cuestiona la sensibilidad climática dada por el IPCC, sino que se mueve dentro del rango que da éste, sin valorar siquiera si es más probable que esté en la parte de arriba o en la de abajo.

Lo primero que llama la atención es el título, que implica que nos hemos calentado menos de lo esperado. Una asociación inevitable es pensar en la mentira repetida hasta la saciedad por los escépticos de que el calentamiento se detuvo en 1998. Sin embargo este artículo no tiene nada que ver con eso, puesto que este estudio se refiere al calentamiento total desde que empezaron las mediciones instrumentales cuasiglobales en el siglo XIX:

The observed increase in global mean surface temperature (GMST) over the industrial era

Lo cual nos deja todavía un poco descolocados, pues precisamente una de las razones por las que confiamos en los modelos del IPCC es que reproducen con éxito las temperaturas medidas instrumentalmente desde finales del s. XIX. Así qué, ese ambiguo título (¿Por qué la Tierra no se ha calentado tanto como se esperaba?), nos hace preguntarnos: no se ha calentado tanto ¿como esperaba quién? Del IPCC y sus modelos no estamos hablando, evidentemente. La respuesta está en la primera frase del estudio:

The observed increase in global mean surface temperature (GMST) over the industrial era is less than 40% of that expected from observed increases in long-lived greenhouse gases together with the best-estimate equilibrium climate sensitivity given by the 2007 Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change

El aumento observado en la temperatura global media en superficie (GMST) durante la era industrial es menos del 40% del esperado por el aumento observado en los gases de efecto invernadero junto con la mejor estimación de la sensibilidad de equilibrio dada por el Informe de Evaluación de 2007 del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático.

Obviamente, ni el IPCC ni ningún científico dicen que la única influencia en el clima sean los gases de efecto invernadero. Esta es la estimación mostrada por el IPCC de los diferentes factores que han calentado (barras hacia arriba, en tonos rojizos) y enfriado (barras hacia abajo, en color azul) durante el periodo industrial, expresados en en W/m2:

Estos factores que calientan o enfrían se llaman forzamientos radiativos. A la derecha tenemos el forzamiento neto, que es la suma de todos los elementos positivos (calientan) menos los elementos negativos (enfrían). El forzamiento neto más probable es en torno a 1,6 W/m2.

Lo que dice este artículo que pretenden apropiarse los escépticos es una perogruyada: que el calentamiento ha sido menor que el esperado si sólo tenemos en cuenta los factores que más han calentado (si el único forzamiento hubieran sido los gases de efecto invernadero):

Obviamente. En el gráfico anterior, el forzamiento neto era de 1,6 W/m2. Si nos quedamos únicamente con los factores que más calientan (gases de efecto invernadero), el forzamiento neto son 2,6 W/m2 (1,6 del CO2 + 1 de los demás gases), muy superior al estimado por el IPCC considerando todos los factores (1,6 W/m2). Efectivamente, el calentamiento derivado de 1,6 (todos los factores) es mucho menor que el derivado de 2,6 (sólo los factores que más calientan). O en palabras del estudio en cuestión:

Forcing by incremental concentrations of long-lived GHGs over the industrial period (to 2005) is about 2.6 W m-2 [...]. Such a forcing, together with the IPCC best estimate of  ▲T2x, 3 K, would thus suggest that the increase in GMST should have been about 2.1 K, well in excess of the observed increase (IPCC, 2007)

Ese párrafo describe exactamente a lo que se refiere la polémica frase de “tanto como se esperaba” (de los gases de invernadero únicamente), y la fuente que citan como descubridora de esa diferencia es precisamente el informe del IPCC de 2007:

Greenhouse gas forcing alone during the past half century would likely have resulted in greater than the observed warming

Este estudio se pregunta por qué el calentamiento ha sido menor del que cabría esperar sólo de los gases de efecto invernadero. La respuesta, como siempre, en el informe del IPCC:

El calentamiento de los gases de efecto invernadero ha sido parcialmente compensado por otros factores que producen enfriamiento. El más importante derivado de la emisión de aerosoles a la atmósfera, que producen un efecto “sombra” que aumenta el albedo (la cantidad de energía solar que no consigue entrar en el sistema climático porque es reflejada de vuelta al espacio exterior). En palabras del IPCC:

Greenhouse gas forcing alone during the past half century would likely have resulted in greater than the observed warming if there had not been an offsetting cooling effect from aerosol and other forcings

Pues bien, este estudio se fija en algo también conocido: que el margen de incertidumbre sobre el enfriamiento que han producido los aerosoles es grande (marcado en rojo):

En el gráfico del IPCC, la barra gorda (cuyo valor he marcado con una línea de color violeta) muestra el valor más probable, pero el amplio margen de incertidumbre (en rojo) implica que el enfriamiento de los aerosoles podría ser desde tan poco como la barra azul marcada con la letra A que he añadido a la izquierda (debajo del forzamiento del CO2) hasta tan grande como la barra marcada con la letra B que he añadido debajo del resto de gases de invernadero. (La incertidumbre a nivel agregado se reduce, como muestra la línea gris del forzamiento neto (barra de la derecha del todo)).

*Sólo he destacado la incertidumbre del efecto indirecto de los aerosoles, pero habría que añadir la del efecto directo que está a su izquierda.

Como es obvio, dentro de ese margen de incertidumbre, el concreto valor que hayan tenido los aerosoles en el mundo real afecta al forzamiento neto total: si los aerosoles han enfriado poco (A), el forzamiento neto de la derecha habrá sido mayor (dentro de su rango de incertidumbre indicado por la línea vertical de color gris), y si los aerosoles han enfriado mucho (B), el forzamiento neto habrá sido menor.

Esta incertidumbre sobre el forzamiento neto, naturalmente, afecta a la sensibilidad climática, que viene a ser cuánto se calienta el planeta como consecuencia de determinado forzamiento:

Sensibilidad = variación de temperatura / forzamiento

f(forzamiento) = variación de T

Puesto que sabemos cuanto nos hemos calentado (variación de T), si el forzamiento ha sido más bien pequeño, eso implica que la sensibilidad es más grande. Y viceversa, si nos hemos calentado eso mismo con un forzamiento mayor, eso implica que la sensibilidad es más bien baja.

Y esa es básicamente la perogruyada que viene a contarnos este estudio que reportan emocionados los escépticos: que, puesto que la temperatura ha variado X y eso es un término fijo, la respuesta del clima (sensibilidad) será más bien alta si ese calentamiento se ha producido a consecuencia de un forzamiento más bien pequeño (o sea, si los aerosoles enfrían mucho), y que, por contra, la respuesta del clima será más bien baja si ese mismo calentamiento se ha producido a consecuencia de un forzamiento más bien alto (o sea, si los aerosoles enfrían poco). Todo ello dentro siempre de los márgenes que da el IPCC.

O, resumiéndolo más aún, este estudio tan sólo nos recuerda que el mayor obstáculo que nos encontramos para concretar más la sensibilidad del clima (cuánto nos vamos a calentar en el futuro) es la incertidumbre sobre cuál ha sido el forzamiento exacto de los aerosoles. Algo que resulta evidente con sólo mirar el gráfico de forzamientos del IPCC.

[Actualización 25/01/2009: James Annan comenta el artículo en More Schwartz. Entre otras cosas, comenta un par de modelos que con una sensibilidad de 3,4 y de 4 ºC reproducen correctamente las temperaturas.]

ClimateGate: HadCRUT subestima el calentamiento

Enero 21st, 2010 by cambioclimatico

La blogosfera negacionista ha sido un hervidero durante los útlimos dos meses a raíz del robo y difusión de más de 1.000 correos electrónicos que en un periodo de 13 años pasaron por la Unidad de Investigación Climática (CRU) de la Universidad de East Anglia, que colabora con el Hadley Centre de la Oficina Meteorológica británica (UK Met Office) en un análisis de temperaturas globales (CRUTem).

Muchas instituciones científicas, así como investigadores a título individual y la comunidad científica británica han confirmado que nada de lo hallado en esos correos electrónicos cuestiona la solidez de la ciencia climática (mientras, Steve McIntyre continúa demostrando que, si algún día tuvo algún interés en la ciencia, hace mucho tiempo que lo abandonó por la afición de marear la perdiz).

Lo más sustancioso que encontraron los escépticos fue un correo de hace 10 años escrito por el Director de la Unidad, Phill Jones, en el que decía que acababa de completar el truco de Mann de añadir las temperaturas reales para los últimos 20 años y desde 1961 en las de Keith para ocultar el declive”:

I’ve just completed Mike’s Nature trick of adding in the real temps to each series for the last 20 years (ie from 1981 onwards) and from 1961 for Keith’s to hide the decline

Es una cuestión técnica. La señal climática en los anillos de algunos árboles ubicados en altas latitudes se separa de las temperaturas reales en las últimas décadas, de modo que se sustituye esa parte por las temperaturas medidas instrumentalmente, calibrando la escala con un periodo en que se solapen. Los negacionistas aprovecharon la palabra “trick” y “hide” para decir que HadCRUT ocultaba un descenso en las temperaturas [o, lo que es lo mismo, que los anillos de los árboles son más fiables que los termómetros para medir la temperatura] y que su análisis de datos exageraba el calentamiento (la última insinuación de ese tipo a raíz del pseudoanálisis de un grupo negacionista ruso).

Pues bien, lo que se va confirmando es precisamente todo lo contrario. Que el análisis de la CRU probablemente está infraestimando el calentamiento, tanto en tierra como en el océano y por motivos diferentes. Ya se avanzaba hace un mes y ahora lo comenta Chris Folland, del Hadley Center de la Oficina Meteorológica británica, en una conferencia que dio antes de ayer en la reunión de la American Meterological Society, según nos reporta el blog de Nature.

La infraestimación en tierra se notó al comparar las temperaturas de la CRU con el reanálisis de un modelo  de Adrian Simmons (European Centre for Medium-Range Weather Forecasts) y colegas que se va a publicar en el Journal of Geophysical Research, con la infraestimación más notable en el norte de Canadá y Asia, y en Groenlandia. El problema de fondo parece estar relacionado con la falta de algunos datos en las series de temperatura mensual promedio en HadCRUT3.

El problema con los océanos es distinto, y RealClimate ya lo reportaba hace más de un año a raíz de la publicación de Thompson et al en Nature. El cambio de tipo de cubos para recoger el agua del mar tras la segunda guerra mundial produce un sesgo de enfriamiento con el nuevo método, ya que el anterior producía un ligero calentamiento del agua. Lo mismo parece haber sucedido hace unos 20 años con el cambio de mediciones desde barcos a mediciones con boyas.

Para concretar más habrá que tener paciencia hasta que concluyan el trabajo y publiquen el nuevo análisis.