Como comentaba antes, ayer estuvimos en el Escépticos en el Pub de Madrid viendo las evidencias en que se apoya la conclusión de que está teniendo lugar un cambio climático antropogénico. La segunda intervención del público fue muy extensa y me dejé varias de las cosas que se comentaron en el tintero. La más importante creo que fue esta (destaco en negrita):
“también sé que hasta hace poco [los modelos climáticos] no tienen en cuenta ni la variabilidad solar ni los rayos cósmicos, [...] creo que no tener en cuenta el motor del clima, a la hora de hacer predicciones por mucho [...] que tengamos más co2 o más metano o más vapor de agua, [...] me parece una salvajada. O sea, creo que el sol es muy importante y hay que tenerle en cuenta.”
1. DESTAPANDO LA FALACIA
La estructura lógica sería más o menos así:
Premisa 1: las proyecciones no incluyen la variabilidad solar ni los rayos cósmicos.
Premisa 2: la variabilidad solar y los rayos cósmicos son el motor del clima. El sol es muy importante.
Conclusión: las proyecciones no son fiables.
La primera premisa es cierta. El problema está en la segunda premisa, que es totalmente ambigua: ¿qué significa eso de que la variabilidad solar y los rayos cósmicos son “el motor del clima“? ¿en qué consiste lo de ser “muy importante“? Y, lógicamente, como no se concreta en qué consiste esa relevancia, tampoco se especifica el mecanismo por el que “tenerle en cuenta” pudiese cambiar las proyecciones. Creo que la responsabilidad de concretar y formular bien un argumento completo que se base en evidencias reales recae en quien afirma, así que la pelota continuaría en el tejado del escéptico, pero vamos a hacer un ejercicio de interpretación:
Un amigo, que es Físico del clima, interpretó que se refiere a que el Sol es la fuente de toda la energía del sistema climático. Con esta interpretación, la premisa 2 es cierta (de hecho eso mismo lo explicamos en la charla) pero irrelevante. Un dato interesante es que, por mucho que el Sol sea el origen, recibimos más radiación del efecto invernadero que directamente del Sol, concretamente casi el doble1. Pero el verdadero problema no es ese, sino que el Sol puede ser el origen, pero si la actividad solar es estable, entonces no puede explicar ningún cambio en el clima. Al hablar de un cambio climático lo relevante es la variación en los factores que afectan al flujo de entrada y de salida de esa energía. Por poner un símil imperfecto, es como decir que si abres todas las ventanas de tu casa en invierno no sabes si va a hacer más frío porque no estás teniendo en cuenta tu calefacción, que es el motor del calor que hace en tu casa en invierno.
El argumento expuesto realmente no afirma nada sobre cuánto varía el Sol a escala de siglos ni de cómo afecta al clima, pero forzando la interpretación para intentar que sea razonable, vamos a entender que afirma algo como que la influencia climática de la variabilidad solar a escala de siglos es de una magnitud comparable a la que se espera del aumento del efecto invernadero. En este caso la premisa sería relevante, pero falsa. De nuevo, creo que en un debate real, cuando alguien hace una afirmación, debe aportar las evidencias que la respalden, pero en el supuesto debate con los escépticos parece que la cosa funciona al revés: ellos lanzan sus especulaciones y hay que presumirlas ciertas mientras los demás no demostremos lo contrario. En definitiva, se produce sistemáticamente la falacia de eludir la carga de la prueba (yo no tengo que demostrar mi afirmación: tú debes demostrar que es falsa):
Consiste en asumir que algo es verdad o mentira mediante el simple hecho de no aportar razones que fundamenten la conclusión (silencio), en negarse o en pretender que las aporte el oponente.
Concretamente se utiliza mucho el argumento de la ignorancia para eludir la carga de la prueba. Una postura muy cómoda que perpetúa este escepticismo mal entendido (es muy fácil cuestionar a los expertos; basta con tener mucha imaginación).
Creo que a un argumento como ese, simplemente habría que responder:
Demuéstrame que la influencia de la variabilidad solar a escala de siglos es tan relevante como dices.
Pero he decidido dejarme engañar por la falacia y dedicar una mañana entera y buena parte de la tarde a buscar yo las evidencias que nos permitan comprobar si esa afirmación es cierta (esas que debería haber buscado mi “oponente”).
2. ACTIVIDAD SOLAR
Como explicábamos en la charla, el CO2 (que regula la salida de la energía2) se ha convertido ya, con mucha diferencia, en el factor dominante en el calentamiento global, por mucho que les pese a los adoradores del Sol, que prefieren inventarse una influencia solar imaginaria.
Gracias a un registro continuo de manchas solares podemos reconstruir la actividad solar desde el año 16003:


Si te molestas en echar las cuentas o en mirar las cuentas que han hecho los físicos solares, verás que el forzamiento climático del sol desde un pronunciado mínimo como el de Maunder hasta la actualidad se estima en un orden de magnitud de tan sólo unos 0,1 W/m2, mientras que el forzamiento actual del aumento de CO2 es ya de 1,8 W/m2 (ascendiendo a 2,8 W/m2 si sumamos los demás gases de invernadero) y subiendo.
De modo que un futuro hipotético mínimo solar como el de Maunder (que duró unos 70 años) tendría un efecto insignificante debido al enorme efecto que tiene ya (y que tendrá) el aumento de los gases de efecto invernadero, tal y como mostraba este estudio4:

Las líneas continuas roja y fucsia muestran la proyección de temperaturas para el siglo XXI en dos diferentes escenarios de emisiones, considerando que el sol se mantiene en su nivel actual de actividad solar. Las líneas punteadas muestran cómo cambiaría la proyección si se repitiera un gran mínimo solar como el de Maunder. Hay dos líneas punteadas porque utilizan dos reconstrucciones de la irradiancia desde el mínimo de Maunder: una con menor variabilidad (basada en proxies, concretamente en la cantidad de berilio en los núcleos de hielo) y otra con mayor variabilidad (basada en modelizar el flujo magnético solar).
En resumen: las evidencias indican todo lo contrario de lo afirmado; indican que, en las escalas temporales de las que estamos hablando (siglos), la variación solar no es muy importante. Al menos no lo es comparada con el importante aumento del efecto invernadero:

Quien te diga lo contrario está inventándose un mundo en frontal contradicción con lo que nos muestra la realidad.
A la postre, al proyectar hacia el futuro, el problema es que no podemos predecir estos pequeños cambios en la actividad solar, pero como son muy pequeños comparados con el enorme forzamiento de los gases de efecto invernadero, podemos modelizar simplemente el ciclo de 11 años, es decir, asumir que la constante solar permanece, pues eso, constante, en aplicación del principio ceteris paribus. Así que dudo mucho que el IPCC haya metido ninguna novedad en este sentido en las proyecciones del informe que publicará el año que viene.
3. RAYOS CÓSMICOS
Eso sobre la actividad solar. En cuanto a los rayos cósmicos la cosa se pone mucho peor, porque las evidencias indican que de haber alguna influencia, es absolutamente insignificante. La idea feliz es inventarnos que los rayos cósmicos producen núcelos de condensación en la atmósfera que aumentan la nubosidad baja, lo cual aumenta el albedo (reduce la radiación solar entrante) y enfría. De modo que muchos rayos cósmicos enfriarían, y pocos calientarían. Toda una cadena causa a efecto que habría que comprobar paso a paso, cosa que por supuesto no les gusta a los escépticos. Así que el mito nace cuando alguien simplemente comprueba que en laboratorio los rayos cósmicos pueden inducir la creación de pequeños núcleos de condensación, y con eso se cree que ya ha demostrado que los rayos cósmicos mandan en el clima.

La capacidad de esa ionización para formar núcleos de condensación de vapor de agua suficientemente grandes (en la atmósfera) no se ha podido demostrar. Incluso aunque se formaran núcleos suficientemente grandes, cuesta creer que llegaran a tener un efecto tan grande en la cantidad de nubes de nuestra atmósfera, que está ya bien saturada de núcleos de condensación incluso en el aire limpio de los océanos. Algunos estudios mostraron, por ejemplo, que la gran ionización derivada del accidente de Chernóbil no produjo ningún aumento de la nubosidad, y que, a pesar de que la radiación cósmica varía mucho más en altas latitudes (por el campo magnético), no se observa que haya más variación de la cubierta nubosa en las regiones polares. De hecho, todas las evidencias empíricas apuntan en esta misma dirección.
Es más, incluso aunque consiguiese variar la cubierta nubosa, el impacto de esta variación en la temperatura no sería tan sencillo, puesto que, además de la altura, depende también de otros factores de la formación nubosa que no se han considerado, como por ejemplo de la densidad óptica de las nubes. De hecho en el flujo de balance radiativo relacionado con la nubosidad lo que vemos es una clara estabilidad:

La otra evidencia que se aportó a favor de la hipótesis de los rayos cósmicos fue una correlación meramente estadística (que no implica causación) que se rompía desde 19915 (convenientemente ocultado por los autores):

Cubierta nubosa baja (azul) y rayos cósmicos (rojo). (Laut 2003)
Y en la que incluso la correlación anterior está cuestionada por problemas con los satélites6.
Además, todos los parámetros solares varían acoplados en fase con el ciclo solar, de modo que al hacer esta mera correlación estadística, lo mismo te daría hablar de rayos cósmicos que de TSI. Y por eso precisamente surge el problema principal que ya mencioné en la charla: que desde los 70 las temperaturas suben mientras que la radiación cósmica, al igual que la actividad solar, no muestra ninguna tendencia7:

Por otro lado, cuesta creer, a la vista de este gráfico, que la pequeña tendencia detectada desde 1958 pudiera tener tanta influencia en las temperaturas, y sin embargo la enorme variación de rayos cósmicos que se produce dentro del ciclo solar de 11 años (de hasta el 25%) no tenga efecto alguno.
Y por último, resulta muy extraño que las temperaturas nocturnas suban más que las diurnas, si la explicación es el albedo (de noche, como no hay sol, no hay mucho albedo, precisamente).

Todo esto, por supuesto, no ha impedido a Svensmark hacer una afrimación tan carente de fundamento (no en sus publicaciones, obviamente, sino de cara a la prensa) como que su equipo “ha descubierto que los relativamente pocos rayos cósmicos que alcanzan el nivel del mar juegan un importante papel en la meteorología diaria. Ayudan a formar nubes bajas, que regulan en gran parte la temperatura en la superficie de la Tierra”. Y parece que hay quien está deseando creérselo, aunque sus publicaciones científicas no digan tal cosa y a pesar de todas las evidencias que indican lo contrario.
Por las mismas razones que antes, dudo mucho que el IPCC haya metido nada sobre rayos cósmicos en las proyecciones de su informe del año que viene: no podemos predecir la variación de rayos cósmicos, y su efecto es mucho más insignificante que el de la actividad solar.
Pero el verdadero resumen, en mi opinión, es el que comentaba al principio: que si alguien quiere proponer un debate real, debe elaborar argumentos reales. Que sean relevantes (decir que el sol es el origen de la energía es irrelevante para valorar cambios) y que se apoyen en evidencias reales (especular sobre la variabilidad solar sin apoyarse en evidencias es como aportar simplemente imaginación). Las evidencias del cambio climático las expusimos en la charla. Quien pretenda cuestionarlas debe aprender a hacer el trabajo de apoyarse en evidencias, en lugar de especular y esperar a que los demás le hagamos el oneroso trabajo de recopilar las evidencias.
- Kiehl, J. T. y Trenberth, K. E. (1997). Earth’s Annual Global Mean Energy Budget. Bulletin of the American Meteorological Association 78: 197-208.
- Lacis, Schmidt, Rind y Ruedy (2010). Atmospheric CO2: Principal Control Knob Governing Earth’s Temperature. Science 15 October 2010: Vol. 330 no. 6002 pp. 356-359 DOI: 10.1126/science.1190653
- Lean, J. (2000), Evolution of the Sun’s Spectral Irradiance Since the Maunder Minimum, Geophys. Res. Lett., 27(16), 2425–2428, doi:10.1029/2000GL000043
- Feulner, G., y S. Rahmstorf (2010), On the effect of a new grand minimum of solar activity on the future climate on Earth, Geophys. Res. Lett., 37, L05707, doi:10.1029/2010GL042710
- Laut 2003. Solar activity and terrestrial climate: an analysis of some purported correlations. Journal of Atmospheric and Solar-Terrestrial Physics 65 (2003) 801-812
- Evan, A. T., A. K. Heidinger, y D. J. Vimont (2007), Arguments against a physical long-term trend in global ISCCP cloud amounts, Geophys. Res. Lett., 34, L04701, doi:10.1029/2006GL028083.
- Rahmstorf, S., et al. (2004), Cosmic rays, carbon dioxide, and climate, Eos Trans. AGU, 85(4), 38, doi:10.1029/2004EO040002.