Si camina como un pato…

Al discutir con los negacionistas del cambio climático (o los negacionistas de cualquier otra rama científica), uno normalmente se encuentra con una absoluta y recalcitrante ignorancia. Pero de vez en cuando aparecen los que están detrás alimentando esta ignorancia, gente con alguna formación específica y que realmente entiende lo que está diciendo (sí, aunque pueda parecer raro, esto es la gran excepción). El blog “Dr. Boli’s Celebrated Magazine” tiene una fábula que ilustra muy bien cuál es el debate que nos aportan estos negacionistas ilustrados (y que traduzco con la consiguiente pérdida de calidad).


Érase una vez dos científicos -da igual de qué tipo- que estaban caminando antes de la cena junto a una agradable laguna con su amigo, un periodisda del Dispatch, cuando notaron que había un pájaro junto al agua.

- Soy escéptico, -dijo el primer científico.- Exijo evidencias convincentes antes de hacer una afirmación. Pero creo que puedo identificar ese pájaro, más allá de toda duda razonable, como un pato.” A lo que el periodista asintió en silencio.

- Yo también soy escéptico, -dijo el segundo,-pero evidentemente de una clase más refinada, puesto que exijo un estándar de evidencia mucho mayor que tú. Y no veo ninguna evidencia irrefutable que respalde tu afirmación de que este objeto que está frente a nosotros sea siquiera un pájaro, menos aún identificarlo positivamente como un pato.- El periodista arqueó una ceja en un gesto de sabiduría.

- Pero, ¿y qué hay de las plumas?- preguntó el primer científico. – Seguramente, debes de haber notado las plumas, que son la auténtica seña de identidad, por así decir, de un pájaro.

- He visto plumas prácticamente idénticas en plumeros para el polvo,- replicó el segundo. - Hasta ahora no disponemos de evidencias suficientes como para decir si el objeto que está frente a nosotros es un miembro del género aviar Anas o un utensilio de limpieza del hogar.- El periodista se tocó la barbilla reflexionando sobre esta revelación.

- Pero este objeto tiene dos piernas y camina- objetó el primer científico.

- Ciertamente, al igual que muchos miembros del género Homo, incluyendo nuestra propia especie,- replicó el segundo, a lo que el periodista sonrió con complicidad.

- Pero esta criatura tiene membranas interdigitales,- señaló el primer científico, levantando un poco la voz.

- Mi primo Albrecht también tiene sindactilia,- replicó el segundo. -Me estás dando la razón al presentar, no sólo una, sino dos evidencias convincentes de que este objeto es en realidad un miembro del género Homo, y muy probablemente mi primo Albrecht, con un plumero.- El periodista miró hacia arriba, como sopesando cuidadosamente el argumento.

- Pero tiene un pico ancho y plano,-  dijo el primer científico.

- El ornitorrinco tiene un pico ancho y plano,-  señaló el segundo, – igual que las gorras de béisbol1. Puesto que tenemos muchas evidencias de que el objeto es un miembro del género Homo, y alguna que sugiere que pertenece al género Ornithorhynchus, parece razonable suponer, como hipótesis provisional, que el objeto es un mamífero, y, con algo menos de certidumbre, podríamos identificarlo como mi primo Albrecht con una gorra de béisbol y un plumero.-  El periodista, incapaz de contener sus instintos por más tiempo, sacó una pequeña libreta y comenzó a garabatear frenéticamente.

- ¡Pero tiene plumas!-  exclamó el primer científico. – Tiene plumas, y dos patas, y dedos membranosos, y picho ancho y plano, y dice “cuac” y, ¡mira!, ahora está yendo hacia el estanque, y está flotando en el agua. ¡Es un pato!

- Cada una de esas observaciones es susceptible de explicaciones alternativas,-  respondió con calma el segundo científico. – ¿Dónde está tu evidencia irrefutable?

El primer científico se dio un cachete en la frente. Entonces, calmándose, se volvió hacia su amigo el reportero. – Puesto que parecemos incapaces de alcanzar un acuerdo,-  dijo, – ¿serías tan amable de honrarnos con tu opinión?

- Reputados científicos disienten,-  dijo el periodista. – Existe un debate y la cuestión dista mucho de estar resuelta. La verdad probablemente se encuentra entre ambos extremos de pato y no-pato.

Y así, los dos científicos se alejaron a grandes zancadas llenos de indignación y hostilidad, y el periodista, incapaz de decidir por sí mismo dónde cenar, acabó muriendo de hambre.


1. N. del tr.: en inglés se utiliza la misma palabra para referirse a un pico y a una visera (”bill”).

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