Archive for noviembre, 2010

HadCRUT subestima el calentamiento

Martes, noviembre 30th, 2010

Como sabemos los que no vivimos en el mundo al revés de los negacionistas, diversas observaciones apuntan a que el calentamiento global ha sido mayor que el indicado por el registro de temperaturas HadCRU, elaborado por el Hadley Centre de la Oficina Meteorológica del Reino Unido (MetOffice) y la Unidad de Investigación Climática (CRU) de la Universidad de East Anglia.

A finales de 2009, un análisis del European Centre for Medium-Range Weather Forecasts1 integrando diversas fuentes no incluidas en HadCRU (satélites, radiosondas, barcos y boyas) ya indicó que HadCRUT estaba en la parte inferior del calentamiento más probable.

En 2008, Thomson et al2 reportaron en Nature un sesgo de enfriamiento en las temperaturas oceánicas al cambiar el sistema de medición tras la Segunda Guerra Mundial. Las correcciones continúan y parece claro que el calentamiento ha sido mayor que el que indicaba el registro británico. Aún está pendiente de publicarse en el Journal of Geophysical Research, pero parece que la tendencia de calentamiento registrada por el set HadCRU puede aumentar 0,03 ºC por década.

Está cubierto a nivel divulgativo en “Ships and buoys made global warming look slower” (NewScientist).

*Ver también el NCEP, que reconstruye las temperaturas del Ártico basándose en mediciones directas.


  1. Simmons, A. J., K. M. Willett, P. D. Jones, P. W. Thorne, and D. P. Dee (2010), Low-frequency variations in surface atmospheric humidity, temperature, and precipitation: Inferences from reanalyses and monthly gridded observational data sets, J. Geophys. Res., 115, D01110, doi:10.1029/2009JD012442
  2. David W. J. Thompson, John J. Kennedy, John M. Wallace & Phil D. Jones. A large discontinuity in the mid-twentieth century in observed global-mean surface temperature. Nature 453, 646-649 (29 May 2008) | doi:10.1038/nature06982

Las nubes (feedback)

Domingo, noviembre 28th, 2010

Las nubes son una de las mayores incertidumbres en las proyecciones climáticas, porque en función de que sean nubes finas y altas o gordas y bajas, pueden ser un feedback positivo (aumentando el efecto invernadero) o un feedback negativo (dando “sombra” que haga que entre menos luz del sol en la atmósfera). Los modelos climáticos y los resultados del IPCC (que en buena medida son el resultado de una diversidad de posibles configuraciones nubosas) apuntan a un feedback ligeramente positivo también en las nubes. Las observaciones empíricas apuntan a una reducción de cubierta nubosa, especialmente en los trópicos, pero no apreciamos ninguna tendencia clara ni en las nubes ni en el albedo1, 2, en el cual no sólo influyen las nubes, sino también los aerosoles y la superficie terrestre (el hielo y la nieve devuelven más calor al espacio, mientras que la tierra y sobre todo los océanos absorben más calor y devuelven menos calor al espacio).

Tan sólo quería destacar este último estudio, recién publicado, que apunta a un feedback (más) positivo en las nubes y, por tanto, a una sensibilidad climática alta (más calor):

Axel Lauer, Kevin Hamilton, Yuqing Wang, Vaughan T. J. Phillips, Ralf Bennartz. The Impact of Global Warming on Marine Boundary Layer Clouds over the Eastern Pacific—A Regional Model Study. Journal of Climate, 2010; 23 (21): 5844 DOI: 10.1175/2010JCLI3666.1

“Los resultados actuales iRAM para la realimentación de las nubes en el Pacífico este aporta cierto respaldo a una sensibilidad climática global en el margen más alto de las actuales estimaciones”

Uno de los autores del estudio (Kevin Hamilton) dice:

“Si los resultados de nuestro modelo resultan ser representativos del clima global real, entonces el clima es en realidad más sensible a las perturbaciones de los gases de efecto invernadero de lo que predicen los actuales modelos globales, e incluso las predicciones más altas de calentamiento estarían infraestimando el verdadero cambio que podríamos presenciar.”

La nota de prensa de la Universidad está en ”Study portends greater anticipated global warming” (“Un estudio augura mayor calentamiento global anticipado”).

[Actualización 14/12/2010: nuevo estudio publicado en Science, aporta más evidencias de un feedback ligeramente positivo en las nubes. Analiza empíricamente el feedback de las nubes a corto plazo (no tenemos más datos) y encuentra una realimentación positiva de 0,54 ± 0,74 W/m2, valor que no descarta un feedback ligeramente negativo, pero sí descartaría uno lo suficientemente negativo como para compensar los feedback positivos (vapor de agua y albedo). Los modelos climáticos concuerdan con estas observaciones empíricas, aunque en estos modelos el feedback a largo plazo difiere del de corto plazo, por lo que estas observaciones no garantizan que este sea el feedback a largo plazo, pero sí suponen un espaldarazo a la proyección de los modelos, y una nueva evidencia más de que nada indica que la realimentación de las nubes pueda cancelar el calentamiento global.

Ref: A. E. Dessler 2010. A Determination of the Cloud Feedback from Climate Variations over the Past Decade (PDF). Science, Vol. 330, 10/12/2010

Cubierto en SkepticalScience (An Even Cloudier Outlook for Low Climate Sensitivity) y en RealClimate (Feedback on Cloud Feedback).]


  1. Loeb, N. G., B. A. Wielicki, F. G. Rose, and D. R. Doelling (2007), Variability in global top-of-atmosphere shortwave radiation between 2000 and 2005, Geophys. Res. Lett., 34, L03704, doi:10.1029/2006GL028196
  2. Joel R. Norris and Anthony Slingo (2009). Trends in Observed Cloudiness and Earth’s Radiation Budget: What Do We Not Know and What Do We Need to Know?. From the Strüngmann Forum Report, Clouds in the Perturbed Climate System: Their Relationship to Energy Balance, Atmospheric Dynamics and Precipitation. MIT Press ISBN 978-0-262-01287-4

ClimateGate: un año después

Viernes, noviembre 26th, 2010

Los blogs negacionistas suelen ser un mero megáfono acrítico que se limita al copia-pega (traducción) de los blogs negacionistas estadounidenses. Intento no caer en esa dinámica, pero Kate, de ClimateSight, tiene un buen resumen de lo que fue el falso escándalo que se inventaron los negacionistas hace ya un año, tras el hackeo de los servidores de correo de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia (que elabora uno de los registros de temperatura global de primera línea) y la subsiguiente publicación ilegal del contenido de miles de correos privados de esa Universidad. Naturalmente, se suma a lo que viene siendo la tónica habitual en todos los supuestos escándalos descubiertos por los negacionistas: mucho ruido pero ni una sola nuez. Traduzco el excelente resumen de Kate:

Hoy hace un año, un hacker sin identificar publicó una carpeta zipeada en diferentes servidores online. En esta carpeta se encontraban aproximadamente mil correos electrónicos y tres mil documentos que habían sido robados del servidor de backup de la Unidad de Investigación Climática del Reino Unido, un centro de primera línea en el análisis de temperatura y estudios sobre cambio climático. A medida que los enlaces a la carpeta circularon entre blogs y comunidades online, un pequeño grupo de gente revisaron los correos, seleccionando un puñado de frases que pudieran percibirse como polémicos, y desarrollaron unos relatos con los que presionaron a los medios de comunicación con una combinación de todas sus fuerzas. “Está habiendo mucho movimiento detrás del telón,” escribía el administrador de un blog. “No se está ignorando. Se está coordinando entre actores principales y medios de comunicación. Muchas gracias. Notaréis los comienzos de la actividad en otros lugares enseguida. Aquí continuaremos pronto.”

Esto no era el trabajo de un adolescente con algo de habilidad con los ordenadores que disfruta hackeando sistemas de seguridad por diversión. Quien quiera que lo robase, sabían lo que estaban buscando. Sabían lo valiosos que serían los e-mails en manos del movimiento negacionista del cambio climático.

El escepticismo es una valiosa cualidad para la ciencia, pero el negacionismo no. Un escéptico únicamente aceptará una afirmación cuando se aporte evidencia suficiente, pero un negacionista se aferrará a sus creencias independientemente de la evidencia. Atacarán sin tregua los argumentos que contradigan su causa, utilizando puntos de argumentación que están repletos de errores y que se sabe de sobra que son falsos, aceptando ciegamente  mientras tanto cualquier argumento que parezca apoyar su punto de vista. Un escéptico está dispuesto a cambiar de idea. Un negacionista no.

Hay muchos ejemplos de negacionismo en nuestra sociedad, pero quizás el más poderoso y dominante es el del cambio climático. Hemos estado oyendo los argumentos de este movimiento durante años, desde los ilógicos (“el clima cambió de manera natural en el pasado, de modo el actual tiene que ser natural“), pasando por las tergiversaciones (“el calentamiento global se detuvo en 1998“) hasta mentiras categóricas (“los volcanes emiten más CO2 que los humanos“). Por supuesto, los científicos del clima pensaron en todas estas objeciones y las descartaron mucho antes de que tú o yo supiéramos siquiera lo que era el calentamiento global, así que en los últimos años los argumentos de los negacionistas estaban empezando a llegar a un punto muerto. La cumbre climática de Copenhague se acercaba, y el público estaba empezando a entender la ciencia elemental del cambio climático provocado por el ser humano, incluso a darse cuenta de que la inmensa mayoría de la comunidad científica estaba preocupada por el asunto. Se necesitaba una nueva estrategia de negación y retraso – lo ideal sería que el público perdiese confianza en los investigadores. De ahí el hackeo de la CRU (Unidad de Investigación Climática, por sus siglas en inglés) y el comienzo de una nueva y alarmante campaña para difamar la reputación de los científicos climáticos.

El contenido de los e-mails se difundió con un ejercicio excelente de cita selectiva. Fuera de contexto, las frases se pueden retorcer para que signifiquen muchas otras cosas (especialmente si fueron escritas como correspondencia privada entre colegas, sin tener en mente una comunicación al público). Piensa en todos los e-mails que has enviado en la última década. Lo más probable es que, si alguien se esfuerza lo suficiente, pudiera hacer que unas pocas frases que hayas escrito sonasen como evidencia de una conducta incorrecta, independientemente de tus verdaderas acciones o intenciones.

Así, un “trick” (truco) matemático (cálculo ingenioso) para analizar datos de manera eficiente se reformuló en una conspiración para “trick” (engañar) al público para que creyese que el mundo se estaba calentando. Los investigadores discutían cómo aislar estadísticamente y “hide the decline” (ocultar el declive) en datos de anillos de árboles problemáticos que ya no medían lo que debían medir, pero esta cita se retorció inmediatamente para afirmar que el declive era de temperaturas: ¡el mundo se enfría y los científicos nos lo ocultan!

Otras acusaciones se basaban, no en una cita selectiva incorrecta, sino en un entendimiento erróneo del funcionamiento del campo científico. Cuando los investigadores discutían estudios que entendían de una calidad tan pobre que no debían ser publicados, muchos paladines de los e-mails robados lanzaban acusaciones de que los científicos estaban censurando a sus críticos, como si todos los estudios, independientemente de lo débil de sus argumentos, tuvieran un derecho fundamental a ser publicados. Otro e-mail, en el que un investigador expresaba en privado sus ganas de “punch” (golpear) a un notorio negacionista del cambio climático, se retorció en una  acusación de que los científicos amenazaban a la gente que no estaba de acuerdo con ellos. ¿Cómo pudo ser una amenaza si nunca hubo intención de materializar la acción, y si el supuesto objetivo de la amenaza jamás tuvo conocimiento de ella?

Estas alegaciones graves y potencialmente perjudiciales, que tras un examen detallado no son más que un intento desesperado de agarrarse a un clavo ardiendo, no fueron examinadas y evaluadas con el suficiente cuidado por algunos periodistas, sino que fueron repetidas. Las primeras informaciones de los medios de comunicación rayaron en lo histérico. Con titulares como “El clavo definitivo en el ataud del calentamiento global antropogénico” y “El peor escándalo científico de nuestra generación“, se publicaron afirmaciones calumniosas y extrapolaciones alocadas tan sólo días después de que los e-mails fueran hechos públicos. ¿Cómo es posible que los periodistas pudieran tener tiempo suficiente para examinar cuidadosamente los contenidos de un millar de e-mails? Parece mucho más plausible que cogieron el atajo de repetir las historias de los negacionistas sin evaluar su certeza.

Pero pongamos por caso que toda la ciencia realizada por la CRU fuese fraudulenta. Incluso en ese caso, nuestro conocimiento del calentamiento global no cambiaría. La CRU gestiona un set de datos de temperatura global, pero eso mismo lo hacen también al menos seis universidades más y agencias gubernamentales en todo el mundo, y sus conclusiones independientes son virtualmente idénticas. La evidencia del cambio climático provocado por el hombre no es un castillo de naipes que se pueda caer en cuanto se quita una pieza. Es más bien como una montaña: aunque raspes unos cuantos guijarros de la cima, la montaña sigue ahí. Para los periódicos y medios de comunicación respetados, el ignorar las muchas líneas independientes de evidencia de este fenómeno en favor de una historia más interesante y polémica fue abiertamente irresponsable, y no se ha publicado prácticamente ninguna retracción o disculpas desde entonces.

La atención mundial de los medios sobre este pretendido escándalo tuvo un profundo impacto personal en los científicos implicados. Muchos de ellos recibieron amenazas de muerte y correos de odio durante semanas. El Dr. Phil Jones, el director de la CRU, pensó incluso en el suicidio. A otro científico, que prefiere permanecer anónimo, le tiraron un animal muerto a la entrada de su casa y ahora viaja con guardaespaldas. Quizás el impacto de mayor alcance del asunto ha sido el darse cuenta de que la correspondencia privada había dejado de ser un entorno seguro. Este miedo no hizo más que intensificarse cuando unos desconocidos entraron por la fuerza en el centro de modelización climática de primera línea de Canada, en un intento obvio de encontrar más material que pudiera ser usado para difamar la reputación de los científicos del clima. Para una ocupación que se apoya fuertemente en el correo electrónico para la colaboración supranacional en estudios y sets de datos, la presión para escribir de modo que no se pueda sacar de contexto (una tarea casi imposible) equivale a una asfixia de la ciencia.

Antes de que pasara mucho tiempo se completaron las investigaciones sobre el contenido de los e-mails robados, y una tras otra, todas lo encontraron limpio. Seis investigaciones independientes llegaron básicamente a la misma conclusión: a pesar de algunas preocupaciones lógicas sobre el archivo y publicación de datos en la CRU, los científicos habían mostrado integridad y honestidad. No había existido ninguna falsificación, manipulación, exageración o amaño de la ciencia. A pesar de todo el follón mediático, el “climategate” realmente no había cambiado nada.

Lamentablemente, para cuando las investigaciones se hubieron completado, el jaleo mediático se había reducido a un goteo. El Climategate estaba ya muy visto y, aunque la mayoría de los periódicos publicaron noticias sobre las exoneraciones, fueron generalmente breves, bien enterradas dentro del periódico y rellenadas con citas de voceros que insistían en que las investigaciones eran un encubrimiento. De hecho, Scott Mandia, un profesor de meteorología, descubrió que los medios de dicaron entre 5 y 11 veces más historias a las acusaciones contra los científicos que a las exoneraciones de los mismos.

Seis investigaciones no fueron suficientes, sin embargo, para algunos empecinados políticos americanos que no podían abandonar el artículo de fe de que el Climategate era la prueba de una inmensa conspiración académica. El Senator James Inhofe planeó una persecución criminal al estilo McCarthy de diecisiete investigadores, la mayoría de los cuales lo único que habían hecho no era más que escribirse ocasionalmente con científicos de la CRU. El Fiscal General de Virginia, Ken Cuccinelli, presentó cargos repetidamente para investigar al Dr. Michael Mann, un prominente investigador paleoclimático, por fraude, simpemente porque un documento suyo de hace 12 años tenía ciertas debilidades estadísticas. Irónicamente, el Partido Republicano, que se enorgullece de la responsabilidad fiscal y el gasto público contenido, continúa abogando por despilfarrar enormes sumas de dinero conduciendo investigaciones que han sido ya realizadas en multitud de ocasiones.

¿Dónde están los políticos que condenan los limitados recursos empleados en la hasta ahora inconcluyente investigación de quiénes robaron estos e-mails y por qué? ¿Quién, fuera de la comunidad científica, está exigiendo disculpas por los cientos de artículos de comunicación que difundieron acusaciones calumniosas sin pruebas? ¿Por qué ha pasado desapercibida la actual campaña de difamación contra investigadores que estudian lo que probablemente es la cuestión más apremiante para nuestra generación, y ha sido ayudada por una displicente cobertura mediática?

El fraude es una acusación criminal, y como tal debería ser tratado. Los científicos del clima, igual que cualquier otra persona, gozan del derecho de presunción de inocencia mientras no se demuestre lo contrario. No tendrían que soportar este hostigamiento interminable de ser calificados de fraude sin pruebas. Sin embargo, la injusticia no finaliza ahí. Esta campaña de odio es una peligrosa distracción de las consecuencias del cambio climático global, un problema que deviene más difícil de reslover con cada año que lo retrasamos. Las consecuencias potenciales de esto son mucho más severas, y el tiempo que nos queda para afrontarlo es mucho más corto de lo que la mayoría del público percibe. Lamentablemente, hay poderosos intereses trabajando para mantenerlo así. Esta pequeña trifulca sobre la integridad de unos pocos investigadores podría tener consecuencias de aquí a un milenio… Si lo permitimos.

[Actualización 28/01/2010: a raíz de estas persecuciones a científicos, RealClimate ha publicado unas interesantes reflexiones sobre la escasa transparencia de los escépticos e incluso la prensa, que no afrontan ninguna responsabilidad contra los que promueven estas acusaciones infundadas. Concretamente destaco esto:

Quería reproducir algunos resultados de un estudio climático-solar, pero los autores se negaron a divulgar su código. También he pedido ver los métodos de unos noruegos que afirman que los modelos climáticos no reproducen las tendencias recientes y han montado gran alboroto sobre el climategate. Todo sin ningún éxito.

Creo que los representantes de la comunidad "contraria" son los que realmente desempeñan la parte oscura en la historia del “Climategate”. ¿Alguna vez ha visto alguien los datos y métodos originales de gente como Scafetta y West, Svensmark, Lindzen, Michaels, Piers Corbyn, Lomborg, Easterbrook y Douglass? Yo no. De manera similar, tampoco he visto ningún clamor en la blogosfera contraria reclamándolo, a pesar de que aceptan sus conclusiones  con entusiasmo.

]

El vapor de agua (feedback)

Miércoles, noviembre 24th, 2010

Como sabemos, hemos observado que nuestras emisiones han producido una intensificación del efecto invernadero en la Tierra. La física nos dice que esto produce un calentamiento inicial que a su vez desencadena otras realimentaciones (feedbacks), cuyo resultado neto es amplificar el calentamiento inicial (y que a largo plazo la amplificación puede ser incluso mayor). Los negacionistas se pasan la vida diciendo “no está claro” a cualquier cosa que huela a calentamiento global. ¡Absolutamente nada está claro! Ni siquiera está claro si hay calentamiento, o el origen humano del aumento de CO2, bla bla bla… Pero su preferido de todos es la atribución, y dentro de la atribución, su favorito son los feedback o realimentaciones. Algunos negacionistas dicen: ok, hemos aumentado el efecto invernadero (aunque hace dos días y mañana lo negarán todo), pero no se sabe cuánto o si calienta siquiera, porque de los feedbacks no sabemos nada; no sabemos cuál es el feedback neto. Es cierto que no sabemos cuánto calienta exactamente una concreta intensificación del efecto invernadero, pero es falso que no sepamos nada sobre los feedbacks ni tengamos una idea aproximada de cuánto calienta. Igualmente falso es que la realimentación neta pueda ser negativa. La realimentación neta es positiva, y lo que sabemos de esas realimentaciones nos indican que duplicar el CO2 produce un calentamiento de en torno a 3ºC, con un 66% de probabilidades de que esté entre 2 y 4,5 ºC y un 90% de que esté entre 1,5 y 6ºC, pero las mismas probabilidades tenemos (o sea, menos) de que esté por encima como de que esté por debajo de la mejor estimación (de hecho constreñir un límite superior al calentamiento resula más difícil1), así que todos sus argumentos sobre incertidumbres (los pocos que no sean mentiras flagrantes) para abogar por una sensibilidad climática baja son aplicables también para abogar por una sensibilidad climática alta.

El tema de los feedbacks daría para escribir cientos de páginas (tenéis tres buenas recopilaciones aquí2, aquí3 y aquí4), pero sí podemos comentar algo sobre la realimentación positiva más fuerte: el vapor de agua.

A nivel global, la concentración de vapor es una función de la temperatura, porque al aumentar la temperatura, aumenta la presión de equilibrio entre la fase líquida y la gaseosa del agua. Más en detalle, el aumento de la temperatura aumenta la energía cinética de las moléculas, aumentando las colisiones entre ellas, lo cual produce efectos contrapuestos en el agua líquida de los océanos y el agua gaseosa de la atmósfera. En el agua en fase líquida, el aumento de “colisiones” aumenta la tasa de evaporación (Ley de Dalton), mientras que en el agua en fase gaseosa en la atmósfera, el aumento de colisiones dificulta los enlaces requeridos para la condensación del gas en forma de agua (relación de Clausius-Clapeyron). De modo que hay un desequilibrio en el que más moléculas líquidas entran en el gas de las que se condensan hacia el agua. Por tanto, la concentración de la sustancia en forma de gas aumenta hasta que las moléculas están tan juntas que el proceso de condensación es de nuevo tan rápido como el de evaporación y se alcanza un nuevo equilibrio con una mayor concentración de la sustancia en forma de gas. Esto viene a significar que un calentamiento inicial provoca un aumento del vapor de agua en la atmósfera, y puesto que el vapor de agua es el gas de efecto invernadero más importante, este aumento del vapor de agua produce un calentamiento adicional (es un feedback positivo).

Puesto que la humedad relativa es la proporción presión parcial / presión de saturación, el aumento de la evaporación aumenta el numerador (presión parcial) y la dificultad de condensación aumenta la cantidad de vapor de agua que “cabe” en el aire atmosférico, es decir, el denominador (presión de saturación). Las observaciones y los modelos indican que ambas aumentan en la misma proporción, de modo que la humedad relativa se mantiene aproximadamente constante, y la humedad específica aumenta en torno a un 6% por cada 1 ºC.

Pasando de la teoría a las observaciones, disponemos de tres registros diferentes de la  humedad específica:

  • Dai 2006, Recent Climatology, Variability, and Trends in Global Surface Humidity, J. Climate, 19, 3589-3606
  • Willett et al. 2008, Recent changes in surface humidity: development of the HadCRUH dataset, J. Clim..21, 5364:5383
  • Berry & Kent, 2009, A New Air-Sea Interaction Gridded Dataset from ICOADS with Uncertainty Estimates, Bulletin of the American Meteorological Society, 90(5), 645-656 (DOI: 10.1175/2008BAMS2639.1). Este son datos únicamente del entorno marino (que es la mayor parte de la superficie terrestre).

Arndt et al 20105 nos muestra que todos ellos registran una tendencia de aumento de la humedad específica consistente con lo que esperamos del calentamiento experimentado. Tamino lo expone en un gráfico más claro:

La fuerte correlación de la humedad específica con la temperatura es una evidencia más de que la temperatura es el factor dominante en la determinación de la humedad específica global:

(la línea negra son los datos de temperatura global del GISS de la NASA)

 

Para concluir, dejo unas referencias de los estudiosos del vapor de agua, para dejar claro que esto no son sólo paranoias de blogueros aficionados:

las tasas de humidificación radiativa simuladas por el modelo son consistentes con las obtenidas de las observaciones por satélite y son indicativas de una fuerte correlación positiva entre la temperatura las variaciones de vapor de agua sobre un amplio rango de escalas espaciotemporales.

Chung, E.-S., D. Yeomans, and B. J. Soden (2010), An assessment of climate feedback processes using satellite observations of clear-sky OLR, Geophys. Res. Lett., 37, L02702, doi:10.1029/2009GL041889

Los datos de satélite del Special Sensor Microwave Imager (SSM/I) muestran que el contenido de humedad atmosférica sobre los océanos ha aumentado en 0.41 kg/m2 por década desde 1988 [...] aumentos del vapor de agua de esta magnitud no pueden explicarse sólo por el ruido climático [...] el patrón simulado de la huella de los cambios antropogénicos en el vapor de agua es identificable con una alta confianza estadística en los datos del SSM/I. [...] Nuestro hallazgo aporta evidencia preliminar de una señal antropogénica emergente en el contenido de humedad atmosférica de la Tierra.

B. D. Santer, C. Mears, F. J. Wentz, K. E. Taylor, P. J. Gleckler, T. M. L. Wigley, T. P. Barnett, J. S. Boyle, W. Brüggemann, N. P. Gillett, S. A. Klein, G. A. Meehl, T. Nozawa, D. W. Pierce, P. A. Stott, W. M. Washington, and M. F. Wehner, Identification of human-induced changes in atmospheric moisture content, PNAS  September 25, 2007  Vol. 104  no. 39  15248-15253.

las estimaciones de una huella antropogénica en el vapor de agua son insensibles a las actuales incertidumbres de los modelos, y están gobernadas por procesos físicos elementales que están bien representados en los modelos climáticos.

B. D. Santer, K. E. Taylor, P. J. Gleckler, C. Bonfils, T. P. Barnett, D. W. Pierce, T. M. L. Wigley, C. Mears, F. J. Wentz, W. Brüggemann,. N. P. Gillett, S. A. Klein, S. Solomon, P. A. Stott and M. F. Wehner. Incorporating model quality information in climate change detection and attribution studies. PNAS  September 1, 2009   vol. 106  no. 35  14778-14783.

El feedback del vapor de agua que suponen estas observaciones es fuertemente positivo, con una magntud media de λ q = 2.04 W/m2/K, similar a la simulada por los modelos climáticos. Esta magnitud es similar a la obtenida si la atmosfera mantuviese constante la humedad relativa en todas partes.

Dessler, A. E., Z. Zhang, and P. Yang (2008), Water-vapor climate feedback inferred from climate fluctuations, 2003–2008, Geophys. Res. Lett., 35, L20704, doi:10.1029/2008GL035333

el feedback del vapor de agua es virtualmente seguro fuertemente positivo, con la mayoría de evidencia apuntando a una magnitud de 1,5 a 2,0 W/m2/K, suficiente para aproximadamente duplicar el calentamiento que ocurriría en caso contrario. 

Andrew E. Dessler & Steven C. Sherwood. A Matter of Humidity. Science, 20 February 2009 Vol. 323

Utilizamos mediciones por satélite para destacar una huella radiativa diferenciada en la humidificación de la alta troposfera durante el periodo 1982 a 2004. La humidificación observada se captura con exactitud en las simulaciones de los modelos climáticos y da mayor crédito a las proyecciones de los modelos del futuro calentamiento global.

Soden, Brian J., D L Jackson, V Ramaswamy, M Daniel Schwarzkopf, and X Huang, 2005: The radiative signature of upper tropospheric moistening. Science, 310(5749), doi:10.1126/science.1115602.

Estos resultados aportan una evidencia cuantitativa de la fiabilidad del feedback del vapor de agua en los actuales modelos climáticos

Brian J. Soden, Richard T. Wetherald, Georgiy L. Stenchikov & Alan Robock, Global Cooling After the Eruption of Mount Pinatubo: A Test of Climate Feedback by Water Vapor. Science 26 April 2002, Vol. 296 no. 5568 pp. 727-730. DOI: 10.1126/science.296.5568.727

Encontramos una fuerte asociación entre temperatura de la superficie marina, temperatura del aire en la baja troposfera y contenido total de la columna de vapor de agua sobre regiones oceánicas grandes en ambas escalas de tiempo. Esto proporciona apoyo observacional a la idea de un modelo con humedad relativa constante y una gradiente adiabática húmeda. A escala de décadas, la combinación de los sets de datos muestra una tendencia consistente de calentamiento y humidificación en la atmósfera marina durante el periodo 1987–1998.

Frank J. Wentz & Matthias Schabel. Precise climate monitoring using complementary satellite data sets. Nature 403, 414-416 (27 January 2000) | doi:10.1038/35000184.

Etc, etc


  1. Gerard H. Roe and Marcia B. Baker, Why Is Climate Sensitivity So Unpredictable?, Science 318, no. 5850 (October 26, 2007
  2. Bony, Sandrine, and Coauthors, 2006: How Well Do We Understand and Evaluate Climate Change Feedback Processes?. J. Climate, 19, 3445–3482.
  3. Soden, Brian J., Isaac M. Held, 2006: An Assessment of Climate Feedbacks in Coupled Ocean–Atmosphere Models. J. Climate, 19, 3354–3360. oi: 10.1175/JCLI3799.1.
  4. Reto Knutti & Gabriele C. Hegerl. The equilibrium sensitivity of the Earth’s temperature to radiation changes. Nature Geoscience 1, 735 – 743 (2008)
  5. Arndt, D. S., M. O. Baringer, and M. R. Johnson, Eds., 2010: State of the Climate in 2009. Bull. Amer. Meteor. Soc., 91 (6), S1-S224

Peligros del cambio climático 2: Nivel del mar

Viernes, noviembre 19th, 2010

El calentamiento global que estamos provocando hace que el nivel del mar se eleve a través de dos mecanismos: 

  • Expansión térmica del agua: al igual que todos los objetos, el agua se “dialta” con el calor y se “encoje” con el frío, es decir, cuando hace más calor el agua de los océanos ocupa más volumen, y, puesto que los océanos sólo están “abiertos” por arriba, este aumento de volumen se manifiesta en la superficie, como una elevación del nivel del mar1. Comparado con el enorme volumen de agua en los océanos,  la variación es pequeña, pero los seres humanos no somos los océanos; los seres humanos somos como mini-pulgas comparado con la cantidad de agua que hay en los océanos, de modo que a nuestra escala de humanos diminutos el aumento sí es perceptible.
  • Deshielo sobre tierra firme: a consecuencia del calentamiento, los glaciares y los grandes mantos de hielo (Groenlandia y la Antártida) pierden hielo. Este hielo básicamente se derrite  y el agua producto de ese deshielo acaba en el mar. Puesto que se pierden cientos de miles de millones de toneladas métricas cada año2, a la postre esto también es perceptible. En cuanto al hielo que está flotando sobre el oceáno (hielo marino), el aporte de su deshielo (procedente de la diferencia de volumen que ocupa el agua salada desplazada por el hielo con respecto al agua más dulce del propio hielo que se derrite) es despreciable3.

A lo largo del siglo XX la temperatura subió unos 0,75 ºC (que en términos climáticos es un ascenso significativo) y el nivel del mar se elevó en promedio unos 17 cm4 y la velocidad de aumento se ha acelerado5, 6. También se ha contrastado que la causa de ello es el aumento de temperaturas provocado por el hombre7. Dado que el calentamiento humano va a continuar,  el nivel del mar continuará subiendo. Esto supone un peligro para la población que vive en zonas costeras bajas. Una subida del nivel del mar de 1 metro afectaría a 100 millones de personas8, sobre todo en el sudeste asiático. 

Desde el punto de vista científico, la madre del cordero, al igual que con las temperaturas, es a qué velocidad subirá el nivel del mar. El informe del IPCC de 2007 publicaba en su resumen para responsables de políticas un rango de 18 a 59 cm para el siglo XX. Si nos quedamos con el escenario que considero más probable (A1B) serían entre 21 y 48 cm. Pero hay dos problemas fundamentales con esta estimación: 

1) En primer lugar, asume que la Antártida gana tiene una ganancia neta de hielo (el calentamiento aumenta el vapor de agua aumentando las precipitaciones en forma de nieve en el interior), de modo que contribuye a bajar el nivel del mar. Sin embargo, las mediciones por satélite publicadas posteriormente nos muestran que la Antártida sufre una pérdida neta de hielo que además se está acelerando9

2) En segundo lugar, el nivel del mar está ya subiendo un 50% más rápido de lo proyectado por el IPCC10, 11

 

Sombreado en gris están las proyecciones del IPCC.
La líenea azul son los datos reales observados. 

Dado el margen de incertidumbre en observaciones y modelos, la disrepancia no alcanza significancia estadística (no demuestra que los modelos estén infraestimando el aumento del nivel del mar), pero es un indicio preocupante, especialmente sumándolo a la pérdida de hielo del continente antártico12. Un motivo adicional de preocupación, es que la paleoclimatología muestra que, en el pasado, aumentos moderados de temperatura aumentaron el nivel del mar mucho más de que proyectan nuestros modelos13, 14, 15.

 

Para superar estas deficiencias, Stefan Rahmstorf ideó una aproximación semiempírica consistente en hallar la correlación estadística entre variación de temperatura y variación del nivel del mar, obteniendo un aumento más probable del nivel del mar para el año 2100 de entre 50 cm y 1,4 metros16. Siguiendo un método similar, Grinsted et al obtienen entre 90 cm. y 1,3 metros para el escenario A1B (crecimiento moderado)17. Vermer & Rahmstorf 2009, en una actualización que obtiene mejores resultados, obtienen entre 75 cm y 1,9 metros18. Horton et al, combinando el método semiempírico con modelos, obtienen 71 cm. como valor más probable y un margen de incertidumbre de entre 47 cm y 1 metro, si bien reconocen que su análisis puede ser muy conservador19. Pfeffer et al, con un análisis diferente que estudia las posibles aportaciones glaciológicas, obtienen un aumento más probable de 80 cm., pero no pueden descartar subidas de hasta 2 metros20.

Así pues, los recientes avances en la materia apuntan a un aumento más probable de en torno a 1 m. durante el s. XXI, que se estima que afectaría a 100 millones de personas8. Sin embargo, el aumento del nivel del mar procedente del deshielo tiene una inercia enorme, y continuará mucho más allá de la estabilización de temperaturas. Un documento del German Advisory Council on Global Change titulado “The Future Oceans: Warming Up, Rising High, Turning Sour” dice (pag. 37, tabla 3.1-1 y texto) que si conseguimos estabilizar la temperatura en 3ºC sobre niveles preindustriales (alcanzados en 2100 en el escenario A1B1) el nivel del mar seguirá subiendo hasta alcanzar entre 3 y 5 metros para el año 2.30021.

[Actualización 26/09/2011: un nuevo estudio22 proyecta subidas de 1,8 a 5,5 metros para el año 2500 (para el 2100 da de 56 a 110 cm): "Sea level will continue to rise for several centuries even after stabilization of radiative forcing with most of the rise after 2100 due to the long response time of sea level. The rate of sea level rise would be positive for centuries, requiring 200–400 years to drop to the 1.8 mm/yr 20th century average, except for the RCP3PD which would rely on geoengineering"]

 


  1. V. Gornitz, S. Lebedeff and J. Hansen. Global Sea Level Trend in the Past Century. Science 26 March 1982: Vol. 215 no. 4540 pp. 1611-1614. DOI: 10.1126/science.215.4540.1611
  2. Velicogna, I. (2009), Increasing rates of ice mass loss from the Greenland and Antarctic ice sheets revealed by GRACE, Geophys. Res. Lett., 36, L19503, doi:10.1029/2009GL040222
  3. Noerdlinger, Peter D. and Brower, Kay R. The melting of floating ice raises the ocean level. Geophysical Journal International, Volume 170, Issue 10, pp. 145-150
  4. Church, J. A., and N. J. White (2006), A 20th century acceleration in global sea-level rise, Geophys. Res. Lett., 33, L01602, doi:10.1029/2005GL024826
  5. Jevrejeva, S., A. Grinsted, and J. C. Moore (2009), Anthropogenic forcing dominates sea level rise since 1850, Geophys. Res. Lett., 36, L20706, doi:10.1029/2009GL040216
  6. Merrifield, M. A., S. T. Merrifield, and G. T. Mitchum (2009). An anomalous recent acceleration of global sea level rise. J. Clim., 22, 5772
  7. Church, J. A., and N. J. White (2006), A 20th century acceleration in global sea-level rise, Geophys. Res. Lett., 33, L01602, doi:10.1029/2005GL024826
  8. Anthoff, D., Nicholls, R.J., Tol, R.S.J. and Vafeidis, A.T. (2006). Global and regional exposure to large rises in sea-level: a sensitivity analysis. Working Paper 96. Tyndall Centre for Climate Change Research, Norwich
  9. Velicogna, I. (2009), Increasing rates of ice mass loss from the Greenland and Antarctic ice sheets revealed by GRACE, Geophys. Res. Lett., 36, L19503, doi:10.1029/2009GL040222
  10. Stefan Rahmstorf, Anny Cazenave, John A. Church, James E. Hansen, Ralph F. Keeling, David E. Parker and Richard C. J. Somerville. Recent Climate Observations Compared to Projections. Science 4 May 2007: Vol. 316 no. 5825 p. 709, DOI: 10.1126/science.1136843
  11. John A. Church, Neil J. White, John R. Hunter & Kurt Lambeck. Briefing: A post-IPCC AR4 update on sea level rise. The Antarctic Climate & Ecosystems Cooperative Research Centre.
  12. J.M Gregory & P Huybrechts. Ice-sheet contributions to future sea-level change. Phil. Trans. R. Soc. A 15 July 2006 vol. 364 no. 1844 1709-1732
  13. Jonathan T. Overpeck, Bette L. Otto-Bliesner, Gifford H. Miller, Daniel R. Muhs, Richard B. Alley, Jeffrey T. Kiehl. Paleoclimatic Evidence for Future Ice-Sheet Instability and Rapid Sea-Level Rise. Science 24 March 2006, Vol. 311. no. 5768, pp. 1747 – 1750 DOI: 10.1126/science.1115159
  14. Robert E. Kopp, Frederik J. Simons, Jerry X. Mitrovica, Adam C. Maloof1 & Michael Oppenheimer. Probabilistic assessment of sea level during the last interglacial stage. Nature 462, 863-867 (17 December 2009) | doi:10.1038/nature08686
  15. Paul Blanchon, Anton Eisenhauer, Jan Fietzke & Volker Liebetrau. Rapid sea-level rise and reef back-stepping at the close of the last interglacial highstand. Nature 458, 881-884 (16 April 2009) | doi:10.1038/nature07933 [Editor's summary]
  16. Stefan Rahmstorf. A Semi-Empirical Approach to Projecting Future Sea-Level Rise. Science 19 January 2007: Vol. 315 no. 5810 pp. 368-370 DOI: 10.1126/science.1135456
  17. Aslak Grinsted, J. C. Moore and S. Jevrejeva. Reconstructing sea level from paleo and projected temperatures 200 to 2100 ad. Climate Dynamics Vol. 34, Number 4 / marzo de 2010
  18. Martin Vermeer & Stefan Rahmstorf. Global sea level linked to global temperature. PNAS  December 22, 2009  Vol. 106  no. 51  21527-21532
  19. Horton, R., C. Herweijer, C. Rosenzweig, J. Liu, V. Gornitz, and A. C. Ruane (2008), Sea level rise projections for current generation CGCMs based on the semi-empirical method, Geophys. Res. Lett., 35, L02715, doi:10.1029/2007GL032486
  20. W. T. Pfeffer, J. T. Harper and S. O’Neel. Kinematic Constraints on Glacier Contributions to 21st-Century Sea-Level Rise. Science 5 September 2008: Vol. 321 no. 5894 pp. 1340-1343
  21. R. Schubert, H.-J. Schellnhuber, N. Buchmann, A. Epiney, R. Grießhammer, M. Kulessa, D. Messner, S. Rahmstorf & J. Schmid. The Future Oceans – Warming Up, Rising High, Turning Sour. WBGU, Berlin, © 2006. ISBN 3-936191-14-X
  22. Jevrejeva, J.C. Moore & A. Grinsted (2011). Sea level projections to AD2500 with a new generation of climate change scenarios. Global and Planetary Change, doi:10.1016/j.gloplacha.2011.09.006.

Más evidencias paleoclimáticas

Lunes, noviembre 15th, 2010

Aunque nuestro conocimiento de la física del efecto invernadero y su influencia en el clima es fundamentalmente contemporáneo (desde finales del s. XIX), la paleoclimatología proporciona una línea de evidencia adicional que corrobora la relación entre CO2 (gases de invernadero en general) y temperatura global. En palabras de Aradhna Tripati (profesora asociada del Departamento de Ciencias de la Tierra y Espaciales, del Departemento de Ciencas Atmosféricas y Oceánicas, y del Instituto de Geofísica y Física Planetaria de la Universidad de Califonia, Los Ángeles (UCLA), e investigadora del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cambridge, especializada en la relación entre el clima y el ciclo del carbono y con decenas de publicaciones peer review sobre el tema):

El dióxido de carbono es un potente gas de efecto invernadero, y las observaciones geológicas que tenemos ahora de los últimos 20 millones de años dan un fuerte apoyo a la idea de que el dióxido de carbono es un agente importante en  la conducción de cambios climáticos a lo largo de toda la historia de la Tierra.

En esta materia, conviene también echar un vistazo a la recientemente publicada declaración de la Sociedad Geológica del Reino Unido que se ha unido a las muchas declaraciones oficiales de organismos científicos respaldando el consenso científico sobre el cambio climático, porque se centra, precisamente, en la evidencia geológica:

“no es posible relacionar el calentamiento de la Tierra desde 1970 a nada reconocible que tenga una causa geológica (como actividad volcánica, desplazamiento continental, o cambios en la energía recibida del sol). [...]  A la luz de la evidencia presentada aquí, es razonable concluir que continuar emitiendo más grandes cantidades de CO2 a la atmósfera es probablemente insensato, por muy incómodo que ese hecho pueda ser.”

Toda este rollo viene nada más a cuento de que acaba de publicarse en Science un estudio que concluye que el CO2 tuvo una gran relevancia en el calentamiento global de uno de los periodos más cálidos de la historia del planeta (el Máximo térmico del Paleoceno-Eoceno). Cito literalmente del estudio original:

La notable consistencia entre las temperaturas de la superficie marina y las tendencias en la pCO2 durante el Máximo térmico del Paleoceno-Eoceno sugiere que la elevada pCO2 jugó un papel fundamental en el calentamiento global del Máximo térmico del Paleoceno-Eoceno.

Está cubierto a nivel divulgativo en esta noticia y Science ha publicado una “perspectiva“.


Referencia: Peter K. Bijl, Alexander J. P. Houben, Stefan Schouten, Steven M. Bohaty, Appy Sluijs, Gert-Jan Reichart, Jaap S. Sinninghe Damsté & Henk Brinkhuis. Transient Middle Eocene Atmospheric CO2 and Temperature Variations. Science 5 November 2010: Vol. 330. no. 6005, pp. 819 – 821. DOI: 10.1126/science.1193654

Libro en inglés

Lunes, noviembre 15th, 2010

Este libro en inglés parece muy completo:

Climate Change: The Science of Global Warming and Our Energy Future
Mathez, Edmond A. 2009
Columbia University Press, NY. 318 p.
ISBN: 978-0231146425

Es carillo (casi 40 €), pero tiene muy buena pinta: 

revisa un amplio y variado terreno intelectual; todo desde la química y física atmosféricas básicas, los océanos y las capas de hielo, pasando por el funcionamiento del ciclo de carbono y su relación con la geología a lo largo del tiempo, el método científico y una reflexión de cómo éste estructura el pensamiento dentro de un terreno tan multidisciplinar, hasta los impactos geofísicos, biológicos y socioeconómicos proyectados en este próximo siglo de calentamiento global, y finalmente hasta el montón de posibles soluciones. El libro está dirigido a una audiencia inteligente pero lega [...]

Su autor es conservador del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias del Museo de Historia Natural de EEUU en Nueva York.

Peligros del cambio climático 1: Acidificación

Jueves, noviembre 4th, 2010

[En una serie de artículos intentaré ir tocando el argumento negacionista de que el cambio climático antropogénico no es nada malo]

Resumen: parte del CO2 que emitimos a la atmósfera se disuelve en los oceános, lo cual aumenta la acidez del agua. Este aumento de acidez disminuye la concentración de carbonato cálcico, que es el principal componente de los arrecifes de coral y de las conchas y esqueletos externos de muchos animales marinos. Las especies directamente más amenazadas son las de las regiones polares y subantártica: erizos de mar (equinoideos), los corales de aguas frías, las algas calcáreas (Rhodophyta) y un tipo de pláncton llamado Pterópodo. Los corales crean el hábitat en el que se desarrollan los ecosistemas marinos, ofrecen refugio, lugares para poner los huevos y donde echar raíces, además de formar una barrera de protección de la costa. Los pterópodos se consideran un indicador de la salud del ecosistema, porque son el alimento de muchas criaturas marinas pequeñas que a su vez forman el alimento de animales más grandes. En regiones tropicales, el efecto combinado del calentamiento y la acidificación puede hacer que los corales sean raros en los arrecifes tropicales y subtropicales (como la Gran Barrera) hacia el año 2050, lo cual tendría importantes efectos en miles de especies que dependen de los sistemas coralinos, así como para la gente que depende de ellos como fuente de alimentos, de turismo y de protección contra, p.ej., tsunamis. El aumento de la acidez, además, puede dificultar que animales más grandes obtengan su oxígeno del agua (por ejemplo los calamares, cuya propulsión a chorro exige grandes cantidades de energía y, por tanto, de oxígeno).

Conviene recordar que ninguna de las (aún quiméricas) técnicas de geoingeniería1 sirven para solucionar el problema de la acidificación océanica.

Algunas citas relevantes:

“La toma de CO2 por los océanos ayudará a moderar el futuro cambio climático, pero la química asociada, es decir la hidrólisis del CO2 en el agua del mar, incrementa la concentración de iones hidrógeno[H+]. El pH de la superficie del océano es ya 0.1 unidades por debajo de los valores preindustriales. Para el final del siglo, llegará a bajar de 0.3 a 0.4 unidades bajo un escenario de mantenimiento de las tendencias actuales de emisiones de CO2. Simultáneamente, las concentraciones de CO2 acuoso [CO2(aq)] se incrementará y las concentraciones de ión carbonato [CO32 - ] decrecerán, haciendo más difícil para los organismos marinos calcificantes formar carbonato cálcico biogénico. (CaCO3).”

“Hoy en día la superfície del océano está saturada con respecto al carbonato cálcico, pero el incremento del dióxido de carbono atmosférico está reduciendo el pH del océano y la concentración de ión carbonato y con ello la saturación del carbonato cálcico. Evidencias experimentales sugieren que si estas tendencias continuan, los organismos marinos claves, como los corales o el plancton tendrán dificultad para mantener sus esqueletos externos de carbonato cálcico. Usando 13 modelos del ciclo del carbono en el océano, se ha encontrado que las aguas superficiales del Océano Sur comenzarán a estar insaturadas con respecto a la aragonita, una forma metaestable de carbonato cálcico para el año 2050. Par el 2100, esta insaturación podría extenderse por todo el Océano Sur y hasta el Océano Pacífico subártico. Estos resultados indican que las condiciones perjudiciales para los ecosistemas de altas latitudes podrían desarollarse dentro de décadas, no siglos como se ha sugerido anteriormente.”

Fuente: James C. Orr et al 2005. Anthropogenic ocean acidification over the twenty-first century and its impact on calcifying organisms. Nature 437, 681-686 (29 September 2005) [PDF]

Los siglos venideros pueden presenciar la mayor acidificación oceánica de los últimos 300 millones de años [...] con consecuencias potencialmente adversas para la biota marina 2, 3, 4

Fuente: Ken Caldeira  &  Michael E. Wickett, 2003. Oceanography: Anthropogenic carbon and ocean pH. Nature 425, 365 (25 September 2003) | doi:10.1038/425365a

Another Reason to Save Coral? Reefs are Responsible for Ocean Biodiversity (ScientificAmerica)

“los actuales niveles de CO2 están ya causando daño a los corales [...] La estabilización por encima de 350 ppm provocará más destrucción, realmente necesitamos apuntar a cero emisiones” [Alex Rogers, Instituto de Zoología de Londres]

“Un estudio de 2007 mostró que el crecimiento del coral en la Gran Barrera había caído un 14% desde 1990.”

entre 500 y 1.000 millones de personas dependen de los arrecifes de coral para al menos parte de su suministro alimentario” (The Economics of Ecosystems and Biodiversity)

Fuente: Los objetivos climáticos matarán a los corales (BBC)

La acidificación oceánica afecta a las especies biológicas de manera diferente, y la mezcla de especies marinas cambia, provocando una reducción de la biodiversidad y un cambio en el funcionamiento global de los ecosistemas. Dependemos de un amplio rango de servicios procedentes de los ecosistemas marinos, incluyendo alimento de la pesca, ingresos de turismo y ocio, y oxígeno y reciclaje de nutrientes por procesos biogeoquímicos; todos estos servicios pueden verse alterados, y en muchos casos degradados, por la acidificación oceánica.

Fuente: Frequently Asked Questions About Ocean Acidificiation (Ocean Carbon and Biogeochemistry Program & European Project on Ocean Acidification).

Sobre este tema, algunas referencias interesantes son:

Además de la dificultad para formar sus esqueletos de carbonato cálcico, existe otra amenaza derivada de la acidificación. Incluso aunque los corales consiguiesen adaptarse a esta acidificación antropogénica, que es 100 veces más rápida que cualquiera que hayan experimentado los ecosistemas marinos en las últimas decenas de millones de años, parece que un proceso inorgánico derivado de la acidificación, podría amenazar el material que los mantiene unidos, por mucha adaptación que fuesen capaces de desarrollar. Está cubierto por la NOAA o en Discovery Channel, el estudio original es este:

Derek P. Manzello, Joan A. Kleypas, David A. Budd, C. Mark Eakin, Peter W. Glynn, and Chris Langdon, 2008. Poorly cemented coral reefs of the eastern tropical Pacific: Possible insights into reef development in a high-CO2 world. PNAS 2008 105 (30) 10450-10455; published ahead of print July 28, 2008, doi:10.1073/pnas.0712167105 [PDF]

También hay indicios de que la acidificación dificulta la detección de depredadores. Cubierto por la BBC, el documento original:

Danielle L. Dixson, Philip L. Munday & Geoffrey P. Jones, 2010. Ocean acidification disrupts the innate ability of fish to detect predator olfactory cues. Ecology Letters, (2010) 13: 68-78, doi: 10.1111/j.1461-0248.2009.01400.x [PDF]

Para ampliar información, ver, por ejemplo, “Climate, carbon and coral reefs“, publicado por la Organización Meteorológica Mundial en 2010 (No. 1063).


  1. La geoingeniería pretende compensar el calentamiento provocado por la intensificación del efecto invernadero introduciendo deliberadamente otras alteraciones artificiales del clima que tengan el efecto de enfriar, concretamente se trataría de (a) reducir la energía solar que entra en el planeta (p.ej. inyectando aerosoles en la estratosfera que hagan un efecto sombra, de manera similar a las grandes erupciones volcánicas), o bien (b) técnicas que pretenden extraer de la atmósfera el dióxido de carbono que ya ha sido emitido. Lo primero (gestión de la radiación solar (SRM – solar radiation management)) sería una especie de Plan B (o C o Z), porque es enormemente arriesgado, de modo que se investiga  por si necesitásemos un plan de emergencia (ya sabemos que interrumpir las emisiones no permite volver atrás; sus efectos tardan décadas o siglos en surtir efecto). En cuanto a lo segundo, la eliminación de dióxido de carbono (CDR - Carbon Dioxide Removal), podría ser una medida complementaria para las presumiblemente insuficientes reducción de emisiones (mitigación) y medidas de adaptación.

La escalera negacionista

Miércoles, noviembre 3rd, 2010

[Este artículo no es más que una simple introducción con poco contenido (es que me ha salido demasiado larga) para uno futuro sobre impactos]

Los negacionistas se mueven en cuatro escalones fundamentales:

  1. No hay cambio climático
  2. Hay cambio climático, pero no lo causa el ser humano
  3. Hay cambio climático, lo causa el ser humano, pero no es nada malo
  4. Hay cambio climático, lo causa el ser humano, es malo, pero es inevitable

Un obstáculo insoslayable que impide dialogar constructivamente con los negacionistas es que no tienen ninguna opinión coherente. Se limitan a saltar de un lado a otro desde posturas incompatibles y, además, dentro de cada escalón, manteniendo también argumentos que se excluyen mutuamente. Cuando les recriminas su incoherencia, te responden que ellos no tienen ningúna opinión ni nada que explicar (podrían haber ahorrado mucha saliva, entonces), que somos los “alarmistas” los que tenemos que dar las explicaciones. A continuación les darás las explicaciones y ellos fracasarán al intentar refutar que el CO2 calienta y que el vapor de agua y el hielo amplifican ese calentamiento (y que ambos han aumentado y también la temperatura). En este punto, se puede volver al punto inical de hacer afirmaciones incoherentes (como que si rayos cósmicos, que si nubes, que si el sol, que si bla bla bla). Les mostrarás que esas hipótesis mutuamente excluyentes carecen de evidencias creíbles y pasarán al gran y único argumento final, que normalmente se manifiesta en preguntas técnicas y/o irrelevantes, porque resulta que, para el negacionista, las preguntas sin contestar tienen la maravillosa virtud de… ¡demostrar cosas! O, dicho de otra manera, se creen que si no sabemos absolutamente todo sobre el funcionamiento del Universo, entonces no sabemos absolutamente nada, porque “quién sabe si otra cosa misteriosa y desconocida”… En fin, que debatir con un negacionista es un via crucis absurdo y sin sentido.

Me encantaría informarme y debatir sobre los puntos más relevantes hoy en día: el 3 (impactos) y el 4 (mitigación y adaptación), pero los negacionistas me tienen anquilosado en el punto 2 (atribución, alrededor de la cual he intentado centrar la mayoría de los puntos agrupados bajo el epígrafe “Manual teórico” aquí). Algo he recopilado sobre impactos, que es de lo que quería hablar, pero la introducción me ha salido demasiado larga, así que lo dejaré para otro artículo posterior. Será tan solo repasar ordenadamente  algunas noticias o artículos científicos, aunque se echará en falta una visión global que interconecte todas las piezas, y tampoco puedo asegurar que las referencias sean “mainstream” (corriente científica dominante), pero al menos sí que no son ideas lunáticas, como les gustaría a los negacionistas.