El Relicario
El Relicario es un pasodoble compuesto en 1914 por el músico almeriense José Padilla Sánchez (1889-1960), cuya obra compositiva fue declarada en conjunto por la UNESCO como de interés universal en 1990. En concreto, El Relicario está dedicado por el compositor a su amigo José Pérez de Rozas. Armando Oliveros y José María Castellví, redactores de El Liberal de Barcelona, le pusieron letra.
Como muchas otras obras, este famoso pasodoble también tiene su leyenda, que cuenta cómo el maestro Padilla se hallaba en la Ciudad Condal sentado en un bar, comentando con dichos dos periodistas, amigos suyos, cuánto tardaba en componer un pasodoble si le daban la letra. Padilla les retó a que, si en unas pocas horas ellos le presentaban una letra, él crearía la música también en cuestión de horas. Y así fue.
Padilla vendió el pasodoble a la primera cantante que le ofreció por él quinientas pesetas (era más o menos el precio estipulado por entonces para una canción). La intérprete en cuestión fue la entonces famosa cupletista Mary Focela (a quien se refiere Julio Camba en el capítulo X de La Rana Viajera), quien estrenó la obra en septiembre de 1914. La canción no tuvo mucho éxito y volvió a manos del maestro sin recibir apenas beneficios, por lo que fue vendida una segunda vez, a Carmen Flores (1892-1969), y una tercera, a la también cupletista Blanquita Suárez, que posteriormente se había de casar con el torero Francisco Díaz Pérez “Pacorro”.
Aún vendió Padilla el pasodoble una cuarta vez, a Conchita Ulía, sin obtener un éxito relevante. Esta cantante lírica lo estrena en el teatro barcelonés de Eldorado, en una representación a la que asistía entre el público Raquel Meller, quien parece que fue a hablar en persona con el maestro para culpar a la escinificación de la falta de éxito de un pasodoble tan bueno, y pedir que le dejara realizar su particular versión con una escenificación totalmente diferente.
Así, vestida de negro, traje de encaje, mantilla ancha que le caía sobre la frente, los hombros y el pecho, y ramo de claveles en éste, Raquel Meller estrenó su particular versión en el teatro barcelonés Arnau, dramatizando el cantable y enfatizando el momento en el que entonaba la agonía del torero. Tocando la orquesta con poca intensidad y concentrando un único foco luminoso sobre ella, era una puesta en escena desconocida hasta entonces. En principio la tildaron de loca, pero pronto pudieron comprobar que funcionaba, y fue uno de los mayores éxitos, de manera que el público obligó a repetir la pieza dos veces. Luego, Meller grabó el tema, y el disco se difundió por medio mundo. Sólo en Francia se vendieron más de ciento cincuenta mil copias.
La cantante comentó posteriormente que, tras analizar el texto y la música, encontró un contrasentido: la melodía era alegre y la letra triste; es más, la primera parte tiene desplante y una majeza que se opone a la segunda, melancólica y trágica, en la cual se alude a la corrida y a la mortal herida sufrida por el torero (muerte que el autor de estas líneas pone en entredicho si atendemos a lo que dice la canción: queda el espacio abierto para un final feliz).
Sin duda, la inspiración de José Padilla tuvo la suerte de contar con las excepcionales cualidades interpretativas de Raquel Meller, y el fruto de esa colaboración artística no pudo ser otro que un éxito internacional.
Francisca Marqués López, por nombre artístico Raquel Meller (1882-1962), también reestrenó la obra en “Eldorado” barcelonés, y luego dio a conocer El Relicario en el Trianón Palace (hoy teatro Alcázar) de Madrid, en el teatro Olympia de París y en el Hipodrome Theatre de Londres en 1920. Concretamente, Francia concedió a Raquel Meller la Cruz de la Legión de Honor del Gobierno Francés en 1932; y la cupletista, a su vez, convirtió a París en su segunda residencia y mantuvo durante muchos años un palacete en Versalles y una villa en Villefranche.
Mientras tanto, Padilla había llegado a director de la orquesta del casino de la capital francesa y vivió el gran éxito que supuso la representación de la Violetera y El Relicario en esa ciudad. París se rindió ante la música de este compositor almeriense y se inició toda una moda inspirada en esta canción. Aparecieron pañuelos Relicario, bastones Relicario, sombreros Relicario, guantes Relicario… Además, el primer año se vendieron en Paris ciento diez mil ejemplares de la edición para canto y piano.
Incluso aún muy posteriormente a haber sido utilizado en una versión cinematográfica de Sangre y Arena con Rodolfo Valentino (1923), El Relicario alcanzó una insospechada popularidad en los Estados Unidos que le lleva a ser todavía hoy interpretado incluso por las orquestas de los colegios. En el año 1952, este pasodoble sirvió de fondo a la campaña electoral de Eisenhower. Al reunirse la convención del partido republicano para proclamar su candidato a la presidencia de Estados Unidos, Eisenhower se presenta en la tribuna mientras una banda de música ejecutaba la obra de Padilla. Eisenhower obtuvo la presidencia y este pasodoble quedó ya unido a su nombre y a su triunfo al que, de alguna manera, contribuyó.
Es sabido que Padilla se hizo millonario con los derechos de sus obras. Se suele atribuir esta riqueza exclusivamente a lo que recaudó por tres obras: El Relicario, Valencia y La Violetera, aunque la realidad es que la obra conjunta del maestro da para mucho más, y que probablemente fue toda ella la que le granjeó tal cantidad de dinero. Gracias a esto Padilla pudo cumplir uno de sus grandes deseos: viajar a Italia, donde alquiló una villa vecina a la que poseía Giaccomo Puccini en Viareggio, y consiguió hacerse amigo personal de este gran compositor lírico. También compró un castillo en Francia y, en fin, pudo disfrutar del éxito de sus obras allá por donde iba; recorrió Europa, América, Asia y parte de Africa.
El Relicario ha sido objeto de las más variadas interpretaciones: Carmen Sevilla, Sara Montiel, Rocío Jurado, y hasta Rodolfo Valentino lo han llegado a cantar. Pero a mí, como más me gusta, es como me gustan todos los pasodobles: tocado por una buena banda de música en una fiesta de pueblo.
Otro día puede que me dé por hablar exclusivamente del pasodoble como género. Hoy he hablado aquí de El Relicario porque la historia lo llevó a ser uno de los más populares en los Estados Unidos, lo cual me ha servido para disertar sobre uno de mis favoritos, junto con Suspiros de España (que, a mi parecer, los sobrepasa a todos), Puenteareas y Pepita Creus.
La letra de El Relicario es sobradamente conocida en España; pero, por si acaso, aquí la adjunto copiada en español, y traducida al inglés (por mí mismo) por si algún norteamericano curioso, votante de Eisenhower en el 52, cae por aquí.
En español:
I
Un día de San Eugenio,
yendo hacia El Prado le conocí.
Era el torero de más tronío
y el más castizo de “too” Madrid.
Iba en calesa, pidiendo guerra,
y yo al mirarle me estremecí.
El, al notarlo, saltó del coche,
y muy garboso vino hacia mi.
Tiró la capa con gesto altivo,
y descubriéndose me dijo así:
Pisa, morena,
pisa con garbo,
que un relicario,
que un relicario,
me voy a hacer
con el trocito
de mi capote
que haya pisado,
que haya pisado
tan lindo pie
II
Un Lunes abrileño,
él toreaba y a verle fui.
Nunca lo hiciera, que aquella tarde
de sentimiento creí morir.
Al dar un lance
cayó en la arena;
se sintió herido,
miró hacia mí.
Un relicario sacó del pecho
que yo al instante reconocí.
Cuando el torero caía inerte,
en su delirio decía así:
Pisa, morena,
pisa con garbo,
que un relicario,
que un relicario,
me voy a hacer
con el trocito
de mi capote
que haya pisado,
que haya pisado
tan lindo pie.
Letra en inglés (”lyrics”):
One day of St. Eugene,
on my way to El Prado, I met him:
he was the most elegant
and with the most tradition bullfighter of all in Madrid.
He was on his cart, looking forward for a quarrel,
and when I saw him, I trembled-
When he noticed it, stepped out of his cart
and, very gracefully, came towards me-
he dropped his cloak in a proud attitude
and, taking his hat, told me:
“Tread on it, brunette, tread on it with grace,
that I am going to make a locket, a locket,
of the piece of my cloak trodden by such a pretty foot,
trodden by such a pretty foot”.
An April Monday,
he was to bullfight and I went to see him.
I wish I never had -that evening
I thought I would die from sorrow.
While doing a bull-fighting hand,
he fell on the arena;
he felt hurt,
he looked at me-
and from his chest produced a locket
that I instantly identified-
When the bullfighter was lying still,
in his delirium he spoke like this:
“Tread on it, brunette, tread on it with grace,
that I am going to make a locket, a locket,
of the piece of my cloak trodden by such a pretty foot,
trodden by such a pretty foot”.