(no title)

despierto como una bombilla incandescente de tungsteno y encuentro el bofeteo de la dichosa realidad empírica. sin tiempo en pensar, ni reflexionar y mucho menos, en meditar, inicio el juego fatal de hechos sucesivos aparentemente rocambolescos: “la vida”. soy libre de incidir en ella y esclavo de su viaje. robo el aire de la atmósfera y me siento orgullo de ello.

acabo de nacer y no se que es la muerte, ni el amor, ni la mayoría de sentimientos, pero no importa dirían algunos. no soy humano, me argumentan, simplemente un animal y por lo tanto con ningún derecho a ser feliz, eso dicen. aunque así sea y a este hecho no me pueda negar, no estoy sólo en esta cruzada.

las personas sois atormentadas, rechazadas y sujetas al pánico de vuestra putrefacción, pero yo no. Debéis a aprender a vivir y respirar en paz.

 

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el auténtico jjuulliioo hhaaffnneerr

¿por qué nadie escucha los discursos del rey ni de los políticos? la razón es sencilla: todo el mundo es sordo en su oreja derecha. ya habréis adivinado, si sois inteligentes, de que se trata de un defecto de evolución fisiológica por culpa de las nuevas tecnologías de comunicación.

estad atentos cuando en el próximo viernes cuando mariano rajoy se avalance en su tarima donde anuncia sus medidas anticrisis, ya que automáticamente atacaremos el teléfono móvil llamando al primero de la agenda de contactos, un “exfollamigo” del pasado y hablaremos sin ton ni son, hasta al amanecer en el mejor de los casos. así uno se queda sordo y entra en acción ¡jjuulliioo hhaaffnneerr!. un profesional mentalista que repite las disertaciones de los gobernantes democráticos del país, pero por la oreja izquierda y con embudo.

soy alemán. puro y orgánico; con una mente virgen, excepcional e inteligente. albino de piel y pelo, pero sólo lo sé yo, y ya sabrán porqué. los politólogos me contratan después de que este mal de hipoacusia sea congénito e irremediable en la sociedad actual. puedo ser capaz de crearos apetencia para que me prestéis atención con vuestra oreja izquierda. mariano, el gallego que no habla gallego, me pidió mis servicios y a partir de entonces os puedo asegurar que cuando conectéis la televisión y le escuchéis  no será su voz auténtica, sino la mía, convincente y seductora, ardiente. lo más probable es que lo neguéis, pero el ilustrísimo presidente me vendió el alma, el precio de mi trabajo. ¿acaso habéis visto nunca el diablo?

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los anteazules

he decidido comprarme unos zapatos de segunda mano, no solamente porque estén de moda sinó porqué me chiflan y soy un fanático de esa pieza de vestir. tenéis que pensar que una de mis pasiones es recorrer muchos mercados de intercambio y tiendas especializadas para encontrar los que sean más especiales. hace tiempo que estaba buscando un modelo que está descatalogado y lo encontré en una tienda muy “cool”, pero como comprenderéis estoy preocupado por el origen de éstos. cuando los he adquirido me han obligado a firmar un documento, donde se especificaba, que por ningún concepto no podía saber quien había sido su antiguo propietario. era un tipo de acuerdo, muy semejante al que en un determinado momento del pasado, tube que aceptar para recibir órganos e inteligencia, de un donante que al parecer había nacido con “stock” de éstos. pero no era exactamente lo mismo, no sé si me explico.

devolviéndome al tema de mi preocupación, resulta que últimamente ha habido saqueos en los cementerios buscando objetos de valor. en éstos saqueos se busca la esencia vintage: unas gafas de pasta grandes, para ver bien , como diría mi abuelo: ¡para no perder ningún ángulo muerto!; o las camisas de patrones estampados muy originales; vinilos de cantautor catalán de sisa o pau riba; … la generación cuarentona nacida en los setenta está buscando la felicidad del recuerdo adolescente, porqué está inmerso en una melancolía de principios. se han lanzado como unos auténticos enfermos diogenésicos a rejuvenecer su personalidad, ya adulta, decorándola con todo aquello que los hizo felices. no sé si pertenezco a esa comunidad de individuos. lo cierto es que los zapatos que me he comprado me excitan y los deseé siempre. aunque ya los tengo y puedo decir con sonrisa burlesca que son míos, me resisto a ellos. no me atrevo a calzarmelos ya que a lo mejor tienen alguna enfermedad contagiosa rara y mortal. no quiero que vayan a pensar que soy hipocondríaco. soy una persona tan normal como vosotros.

hay días en la semana que la luz de la tarde te invita a salir a pasear por el casco antiguo de la ciudad, pero hoy no es así. la vecina que vulgarmente la he apodado “la pequeñaja”, por bajita y delgaducha, por su nariz de flamenco y por su cabello de perro pastor pirenaico, ha empezado a chillar y a sacar la garganta por la boca acompañada de su guitarra desafinada. según dice ella cuando me la encuentro en el ascensor: – me gusta cantar. no sé porqué pero hoy le pone mucho empeño, seguramente estará en un ataque de pasión. esa situación me ha tomado por sorpresa y he tenido que aplicar el plan personal de emergencias. el primer paso y único del protocolo es salir de forma inmediata a la calle para evitar la rotura de tímpanos. y así ha sido. con las prisas para poder escapar, no me he puesto calcetines y sólo he cogido mis anteazules, los zapatos, sin ponérmelos no fuera el caso que agarrara sarna. por suerte, llevaba algo de ropa encima. en realidad no me preocupaba demasiado ir más o menos vestido, en ese caso menos. hacía buen tiempo y me inquietaba mucho más la posible multa de los mozos de esquadra o de la presumida policía local. ir descalzo es “trendy”, dicen los entendidos.

cuando iba caminando por la calle los acariciaba, pero no demasiado por si acaso, y por supuesto sin olfatearlos a lo perro cazador. no me he dado cuenta que he cruzado el raval, el gótico y ya estaba barriendo con los pies el born. había quedado en un estado hipnótico. me quedé dormido mientras caminaba y creo haber hecho un viaje de introspección hacia mi pasado fetal. me acordé de un pensamiento que tuve cuando ya tenía ganas de salir al exterior y daba puntadas de pie al vientre de mi madre, recuerdo haber pensado: “si tuviera unas zapatos se daría cuenta de que quiero salir”. yo creo que fue en ese instante que empezó mi amor ellos. en el momento de volver en sí y reencontrarme con la realidad, estaba enfrente de un centro de podología un poco peculiar. el rótulo decía: “don pie” y el eslogan: “¡tus pies son nuestro alimento! me sorprendió y decidí meter la cabeza a hacer el chafardero. ciertamente, no se equivocaban demasiado. porqué en vez de haber las típicas semi camillas para sentarte, y los taburetes bajos acolchados para apoyar los pies, tal como si fueran los de un rey, había una multitud de peceras cuadradas bastante grandes llenas de pequeños tiburones. al costado immediato de éstas, unas sillas de diseño sueco. me acerco a la chica que parecía la oficial médico deana troi de “star trek” y le pido como funciona el centro y que servicios ofrece. no era muy depurada de modales, poseía unos forma de expresarse no muy fina para decirlo de forma correcta. masticando con la boca abierta un chicle de mandarina gastada me explica que el tratamiento de limpieza podal no lo realiza ella sino sus mininos (los tiburones) que son especialistas en la materia.

me explica:

_te acomodas en la silla sueca, introduces los pies, si quieres también las piernas y ya verás que empiezan a trabajar a pleno rendimiento.

me tranquiliza diciéndome que ya notaré cuando terminan. en el momento que sienta un poco de dolor significa que ya han llegado a la carne viva y es conveniente por mi bien que saque mis extremidades inferiores ya pulidas.

el tratamiento era interesante y teniendo en cuenta que había caminado descalzo por toda la ciudad a lo mejor seria conveniente. dicho y hecho. contraté el servicio pero no para mi. y en vez de poner mis pies en la pecera, cogí mis anteazules y los puse en una de ellas, la que la doble de troi me aconsejó. pensé que sería una buena manera de desparasitarlas y de esta manera, después ponérmelas para no ir desnudo de pie y poder volver regresar a casa a medianoche una vez que la pequeñaja, se le hubiera pasado el brote de pasión cantarina como solía suceder.

 


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mi primera pregunta coherente

un día me hice una pregunta coherente mientras estaba de pie frente una tienda centenaria de sombreros, en la esquina de enfrente de mi casa. ¿por qué existen esas tiendas si nadie utiliza ese complemento de ropa?

mi primer pensamiento que me martilló mi mente fue que sólo los calvos los utilizan, por una cuestión de protección personal contra los agentes meteorológicos y biológicos (frío, picadas de avispa asiática…). pero tuve casi al instante una decepción profunda, ya que una bandada de gente desnuda, sana y sin pelos en ningún sitio, también había calvos supongo, rompió el silencio de mi vuelta a casa después del paseo matinal. sólo iban vestidos con unas botas militares. desfilaban en formación y se manifestaban talmente como si fueran caballos desbocados pisando uvas, en favor de la falta de pelo, como un símbolo de evolución humana, proclamando la muerte a los prehistóricos e involucionados, a los peludos en definitiva. había diversas pancartas como: ¡nunca tenemos frío! O esta: ¡somos pelados, algunos calvos y todos por supuesto, inteligentes! o alguna otra, un poco más larga: ¡a la hoguera el capitalismo consumista, las camisas, pantalones, camisetas, calzoncillos y sombreros! cuando hubieron pasado por delante mío y se alejaron, la calma volvió en mi domingo. era evidente que los calvos del pueblo no utilizaban los sombreros y por eso decidí olvidarme de los calvos.

volví a casa a comer mi arroz a la cazuela de costumbre y después de mi siesta de doce minutos y medio, tocaba ir a tomar el café de tarde en el bar de mi amigo en el casco antiguo. nada más cruzar tres calles, aparecen cincuenta individuos en el cruce donde hay un supermercado africano y en donde venden cuernos de elefante cazados por el rey. de buenas a primeras, hubiera dicho que todos eran gemelos. ¿recordáis los hermanos dupond-dupond, los policías de las aventuras de tintin? ¡clavados! con su sombrero, bastón, vestido negro y bigote hitleriano largo. al parecer estaban celebrando una marcha pacífica en favor de la elegancia masculina, el buen vestir y el sombrero. en el momento de cruzarse conmigo se pararon en seco los cincuenta hombres a la vez, me miraron y comentaron:

_ apol·liner, tendrías que comprarte un sombrero y algún traje, te favorecería, parecerías más esbelto y seductor.

les contesté:

_lo sé, lo sé, pero la tienda que tengo cerca de mi casa siempre está cerrada y aunque quisiera no podría comprarme ningún sombrero. ¿y traje? ¿para qué? si no me caso y no lo haré nunca. esos vestidos sólo uno se lo pone en las bodas. que yo sepa, ustedes son los únicos del pueblo que llevan algún armatoste en la cabeza.

los seudo-gemelos bien vestidos suspiraron con gesticulación resignada:

_ay apol·linar, apol·linar. este es uno de los motivos de nuestra marcha pacífica. mostrar el camino a todo aquel que no comprenda el concepto de la estética universal contemporánea. viajar por el mundo es saludable e educativo. debes salir de este pueblo pequeño y raquítico. aspirar un nuevo aire. en todos los pueblos y ciudades del mundo la gente viste el sombrero, enamora con él, menos en éste. para que sepas, hasta hay encuentros de sombreros para discutir las distintas formas de calzarlos en la cabeza; establecer las últimas tendencias del mercado y exponer nuevos materiales, tipos de corte, de confección…

ay apol·linar, apol·linar. la tienda que tu has comentado está cerrada, ¡como no va a estarlo! ¡si el sombretero murió hace años!

los cincuenta dupond-dupond se despidieron elegantemente, como no, y siguieron su marcha pacífica a favor de la elegancia masculina, el buen vestir y del sombrero, todos a unisono. y yo me me fui a tomar mi café como cada domingo de mi vida, habiendo resuelto por primera vez una pregunta coherente.


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el “godfather” catalán

tengo un padrino que simula serlo. no quiero decir que no lo sea, sino que por lotería de la vida misma y en época de su juventud le cargaron con la obligación. no recuerdo haber recibido ninguna mona, ni propina, ni ningún beneficio económico. sencillamente él hace su vida y yo la mía. no le culpo de nada y pensándolo bien y a la ligera no me escuece, aunque sea un jubilado de latón y no de oro, soltero, con barba malpeinada y con un discurso de bromas pesadas pasadas de moda.

el dilema que me ha ensañado mi cerebro no es mi padrino sinó el hecho de que a mis 29 años me hayan propuesto serlo de un chicharelo recién nacido, que se pasa el día durmiendo, pero eso era lo de menos. como soy una persona atea y estos familiares, parece ser algo religiosos o mínimamente emparentados por la mano de dios todopoderoso, me angustiaba. me estremecía que cuando lo bautizaran mi ilustre nombre se quedara reflejado en alguna hoja parroquial con caligrafía de cura de época dictatorial y vetusta. ciertamente, esa idea me quedó revoloteando en mis neuronas desvestidas y tuve que almacenar estos pensamientos y reflexionarlos hasta encontrar alguna solución para aceptar esa responsabilidad y que lo religioso fuera secundario.

en un sábado de lluvia decido visonar un clásico del cine, la trilogía “the godfather” para inspirarme y tomar la decisión acertada. quedé desconcertado. mi familia no era guapa, elegante y con estilo, pero deducí la respuesta de forma rápida: no eran italianos. en ese momento me vino un escalofrío como de aquellos  que uno tiene cuando tiene necesidades de orinar. se me destelló en mi cara angelical el proceder para aceptar se padrino. era evidente, práctica y eficaz: convertir a la familia en italianos y así ser un buen “godfather”. contrataría a los mejores cirujanos y con unos cuantos retoques por aquí y por allá, tendríamos una família aparentemente italiana. si añadimos unos cuantos sobornos por aquí y por allá tenemos al fin unos auténticos italianos. me parece que ésta es la única forma y camino para ser godfather de ese bebé caga-pañales, creído y poco trabajador.

 

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verborrea

a los niños pequeños, aquéllos que digamos que ya son capaces de tomar objetos y molestarte tirándolos al suelo, como quien no quiere, les entusiasman los colores llamativos y chillones. pues a mi me gustan las palabras que para los demás son desconocidas. aquellas que han sido almacenadas  en el cogote, detrás del cerebro, como si éste fuera una armario burgués en desuso. tal vez por falta de memoria no se utilizan, pero a mi ya me parece bien. ser transgresivo implica dar vida a la sociedad dormida, marcarla con un poco de carácter y fuerza. de personalidad al fin y al cabo.

tengo un amigo que un día, pensé en decirle que su novia era una sociocida. ve a saber que hubiera pensado  siendo orgulloso como es. con la facha de buho imperial (bubo bubo, para los entendidos) que calza y dispone, no ser menos, le implicaría no reconocer que no sabe que significa la palabra. ahora bien lo veo chillando con frases por el estilo de: ¡mi pareja no es una suicida ni un insecticida ambulante! ¡la laca de la permanente de tu madre si que lo es! ¡indencente!

en una mañana de domingo, en aquellos que uno está aposentado en una terraza con vistas al mar, con su correspondiente sol de invierno, con la playa vacía, y con el único ruido del mar sinusoidal. se escarchofan en la mesa de al lado dos homínidos supuestamente de género femenino tirando a caduco, también podrían ser masculinos, no te lo sabría especificar. en cincuenta mesas a la redonda, la del lado mío, era la mejor según su criterio. garlaban con mucha eficiencia e interés de batir records, os lo aseguro. no había manera de experimentar la soledad japonesa de murakami. decidí entrar en acción y con elegancia inglesa y robótica:

queridas! ¿con esa verborrea no se os queda la boca seca?

y me repondieron:

muchachote! nosotras no tenemos almorranas y que yo sepa en la boca no hay!

ignorantes pensé, no quise continuar la conversa. podía haberles dicho que me producían zozobra, pero naturalmente y manteniendo su nivel de inteligencia, seguro que me responden, que como me atrevía a compararlas con zebras africanas si ellas eran de la costa brava. ¡me faltan palabras para emocionarme!

tengo la sensación que me tendrían que pagar para detectar la gente ignorante, aunque en ese país es de extrema necesidad que existan. ¡viva españa!

 

 

 

 

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el corazón pensante

acabo de descubrir que mi corazón tiene memoria. no es una broma filsófica ni ninguna metáfora literaria: el corazón tiene neuronas. él se acuerda de cuando lo obligamos a correr obligatoriamente el día que perdemos el autobús, llegamos tarde al trabajo o cualquiera otra actividad física no recomendable por ser sedentarios titulados.

desde que leí un artículo de divulgación socio-científico, en concreto una entrevista a una neuróloga exponiendo el tema, mi “músculo” lo miro diferente, de reojo y he querido empezar a tener una amistad con él. más que nada por si me juega una mala pasada y me mata, al fin y al cabo nadie se puede fiar de nadie. tratándose de un ser pensante, he reflexionado y tal vez pueda mantener una conversa interesante, de intelectual a intelectual. un día, como aquel que no quiere la cosa, le pregunto que piensa sobre la crisis económica. no me responde. eso me provoca entrar en un estado de obsesión psicótica.  según el especialista de la entrevista, el cerebro envía menos órdenes al corazón de las que recibe, vaya que no le hace mucho caso al “jefe” del cuerpo. la situación es clara, no me ha querido contestar porqué no soy lo suficientemente inteligente para él. por otra parte, reflexiono sobre la situación planteada y pienso que es absurdo, me digo a mi mismo, que inocente eres néstor, ¡no tiene boca! pero acto seguido colisiono con otros hechos, en los cuales recuerdo haber mantenidos conversas con mi conciencia y esa, ni labios tiene. lo que me molesta de esa situación,  es que hasta no hace mucho yo vivía muy tranquilo y relajado sabiendo y teniendo la seguridad que yo sólo era dueño de mi cuerpo, de mis pensamientos y de mis emociones. desde que tengo competencia me he vuelto vengativo y he decidido torturarlo a sobresaltos y a hincharlo de colesterol, y no le voy a dar el gusto de enamorarme. prefiero tenerlo tontito  y ser un amo y señor absolutista hasta mi uña pequeña. ¡sólo faltaría más!

 

 

 

 

 

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fecha de muerte

si me situo en lugares estratégicos de afluencia masiva de gente y de foma indiscriminada las paro, preguntandoles que dia voy a morir. mucha gente dirá hoy y lo afirmará con toda rotundidad, como si fuese un político defendiendo su programa electoral;  otros responderán de una forma, más precabida y contestarán  ampliando plazos sobre la fecha cuidandose en salud. será frecuente recibir respuestas como: “o sea… usted morirá cuando llegue su vejez espiritual, si diós lo quiere; ¿entiende lo que le quiero decir ,no?. muy pocos dirán que no lo saben. éstas últimas son sensatas. han dicho la verdad.

preguntar cuando moriremos es una adivinanza que nos hace vivos y nos cuestiona nuestra sabiduria.

 

 

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el viajero fantasma

decidí morirme para encontrar placer en el viaje. ahora no tengo limitaciones ni económicas, ni temporales. disfrutaré observando el eterno con mi paso andante y no me cansaré en perder mi virginidad a través de mi olvido. no existo, más que para mi y para el éxito en un lenguaje que no conozco. me he convertido en un autómata viajero y en un electrón cansado de voltear sin rumbo. me gusta que las personas respiren a mi alrededor. nunca sé quienes son; sus caras no me son familiares y su halo es de forasteros ásperos. los considero actores de una vida ajena a la que vendí por no poder hipotecarme con la comodidad.  a ellos les susurro en el oído cuando me les acerco y se aterrorizan por mi presencia-ausencia imposible de materializar con dignidad.

soy, estoy y parezco un polisono universal de constante cambiante y ultrasónica metamorfósica; fantasma me dirian algunos o viajero del más allá dirian otros.

 

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el vestido de novia verde fluorescente

es de noche.  me he sentado en una silla de madera antiestética y he encendido la televisión para ver en directo la gala de los goya. motivo suficiente, para estrenar mi vestido de novia verde fluorescente. lo compré en una época en que la cultura filipina me había seducido hasta la medula de los huesos.

aquella misma tarde me habían llamado des de un número desconocido y al intentar contestar me cayó el móvil dentro la taza del baño. no sé que me pasó, me vino un espasmo raro, un hipo, y seguramente era de las lentejas con chorizo del mediodía. ¡manda huevos! exclamé como  federico trillo en la españa de vacas gordas.

cuando me estaba arrodillando poco después y con las manos en remojo intentando sacarlo del sifón en que había quedado atascado, sonó el teléfono fijo que lo tengo instalado en el baño, porqué es mi segundo hábitat natural; y consigo descolgarlo con un éxito rotundo. me confirman que recibiré un goya honorífico po mi trayectoria “profesional” y a mediana gala me vendrán a buscar en casa con una limusina de alquiler recortada y austera. la chica, que por el tono de voz diría que es un poco promiscua, me explica que hace falta que esté preparado en el momento que golpeen la puerta con autoridad y  que no me espante de ninguna de las maneras. no es que quieran detenerme por manifestarme contra la política actual en público, ni por ser desahuciado por no pagar las letras de la hipoteca. es para ser acompañado al teatro principal, no fuera el caso que se perdiera. ser despistado tiene esas cosas. colgué el aparato telefónico y con los nervios adrenalínicos de la noticia, me senté en el retrete desahogandome severamente.

en mi profesión siempre hay que ir vestido de oscuro, sería por decirlo de alguna forma mi uniforme laboral. según las épocas del año úno tiene que aprenderse algunos guiones y actuar con total credibilidad. mis espectáculos son directos y en ellos se desprendre mucha energia. llevo una dilatada trayectoria y es lógico que los académicos se hayan fijado en mi.

el culo se me ha puesto chato y los ojos los tengo en posición de lémur madagascariano esperando el gran momento. falta poco para que sea medianoche, hora coincidente con el ecuador del festival de cine. estoy a la espera que el silencio oscuro y frío de mi sintética vivienda se rompa y resuene el eco de la puerta metálica. empiezan a sonar las campanas y acabo de tener un instante de cisis de personalidad: no sabía si era la cenicienta o la futura mujer del duende malvado de batman. no he tenido tiempo de debatirlo  porqué escucho de fondo el golpe de puerta, pero la del vecino. ya me estrañaba que un cura como yo, con una carrera “confesional” impoluble le conderieran el goya por hacer misa los domingos. luego pensé que la chica promiscua se habrá equivocado de número de teléfono. mi vecino es actor y de los buenos de antes, tiene el mismo nombre que yo y vive en el mismo bloque que yo. en fin tendré que resignarme. decido levantarme e ir a buscar en la cocina unos cacauetes salados y devolverme en mi silla antiestética a degustarlos, primero chupandolos suavemente y luego masticarlos a desgarro, siempre teniendo precaución de no aplastar mi vestido de novia fluorescente filipino.

 

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